Remedios caseros para la infección de oído

Marta Valle

Remedios caseros para la infección de oído

Disponer de una infección en el oído puede ser, además de molesto, profundamente irritante. Esta problemática se desarrolla como consecuencia de un resfriado o de una dolencia respiratoria, por lo que también puede presentarse acompañada de síntomas como fiebre. La razón de fondo para que esto suceda redunda en la acumulación de líquido en las trompas de Eustaquio, que se terminan infectando y provocando mucho dolor. Aunque la prescripción médica resulta indispensable, ya que resulta adecuado discernir el origen de la infección, también podemos optar por los remedios caseros a la hora de calmar el dolor que nos puede asaltar.

Tratar las infecciones de oído con remedios caseros

Uno de los remedios caseros más interesantes para calmar las infecciones en el oído consiste en coger una toalla, empaparla en agua caliente y escurrirla. Tras este proceso, hemos de sujetar la toalla sobre el oído que se encuentre infectado hasta que ésta se enfríe. El objetivo es aumentar la circulación sanguínea, así como reducir tanto las molestias como la inflamación. Pinchar un trozo de ajo, exprimirlo y verter el líquido resultante en el oído que se encuentre dolorido es una solución orientada a la puesta en funcionamiento de la función antibiótica que dispone este alimento.

Otro remedio casero bastante popular consiste en realizar una mezcla con una cucharada sopera de aceite de almendra puro, dos gotas de aceite esencial de camomila, dos gotas de aceite esencial de lavanda y tres gotas de aceite esencial de árbol de té. Una vez realizada, debemos calentar la mezcla y verter dos gotas dentro del oído dañado unas dos veces al día, de forma que podamos sentir un más que evidente alivio.

Aunque pueda sonar como una técnica un tanto pedestre, el hecho de mascar chicle o comida abre y cierra la boca provocando que la trompa de Eustaquio se ventile y permita que se pueda drenar con cierta eficacia. Otro remedio casero, muy sencillo de aplicar, resulta en coger un secador, ponerlo a una temperatura intermedia –más bien caliente- y acercarlo a la altura de la oreja durante un máximo de cinco minutos.