Tips que necesitas para conservar torrijas durante días igual de jugosas

Algunos consejos para que las torrijas no se te sequen de un día para otro

Sandra Llorente

Uno de los mejores recuerdos de mi niñez es levantarme por la mañana con olor a torrijas recién hechas cuando llegaba la Semana Santa. Quizás también es el tuyo y ahora tratas de compensar ese recuerdo haciendo tú misma las torrijas en tu hogar cada temporada de cuaresma. Y es que, hay que reconocerlo, las torrijas saben mejor en estas fechas. 

Hacer torrijas no es difícil, de hecho es bastante divertido, incluso podemos usar nuestra propia creatividad y añadir unos ingredientes novedosos o probar con un pan nuevo, como por ejemplo, un panettone. Pero lo que está claro es que cuando hacemos torrijas, dedicamos un buen rato y ya que estamos, tratamos de hacer más para que nos duren unos días. Los expertos recomiendan comerlas recién hechas, pero hay que reconocer que fresquitas de la nevera también están deliciosas.

Por eso, en Diario Femenino, te traemos esos tips que necesitas para conservar torrijas durante días igual de jugosas. ¿Preparada para deleitarte con este dulce tan típico y riquísimo?

El origen de las torrijas

En España, las torrijas son el dulce por excelencia de Semana Santa. Se trata de un pan frito mojado en leche, almíbar o vino, que suele servirse con una cobertura de azúcar y canela, aunque hay miles de versiones de la torrija tradicional. En estas fechas tan señaladas se pueden encontrar en cualquier restaurante o cafetería, pero también es común que te ofrezcan torrijas vayas donde vayas. Si vas a casa de la abuela, habrá torrijas, si te pasas por casa de tu mejor amiga, te ofrecerá una torrija... En fin, que si te lo propones puedes comer torrijas todos los días y varias veces al día.

La primera constancia que se tiene en España de la torrija fue en el siglo XV, en un villancico escrito por Juan del Encina, donde menciona la “torrija” en su Cancionero (1946): “miel y muchos huevos para hacer torrijas”, dice el villancico. Además,  parece que por estas fechas, en plena Edad Media, la torrija era usada como reconstituyente para las mujeres recién paridas. Y es que es un alimento bastante calórico y graso, por lo que aporta mucha energía, eso sí, no hay que abusar de ellas. Se cree que su relación con la Semana Santa tiene que ver con el aprovechamiento del pan sobrante en una época donde la carne escaseaba.

Pero este pan bañado en leche y frito con huevo no es solo español, podría decirse que es casi universal. En muchos países europeos hay constancia de que se han hecho “torrijas” durante siglos. Por ejemplo, en la Edad Media era muy común comer con un pan bañado en leche o sopa, que tomaba el nombre de pain perdu (pan perdido) o tostées dorées (tostadas doradas) en Francia. De hecho, la tostada francesa actual es muy similar a la torrija española. Pero incluso hay referencias a este delicioso plato dulce en Reino Unido, Alemania y en los países nórdicos. Además, en la mayoría de los países de América Latina también se hacen platos similares con diferentes variantes según los ingredientes originarios de cada país. Un dato curioso es que en la península de Yucatán, en México, existe un postre similar llamado “caballero pobre”, el mismo nombre que se le daba en Alemania (arme ritter).

¿Cómo conservar las torrijas por más tiempo?

Es difícil que las torrijas duren mucho en casa porque, por lo general, se comen en seguida, pero si has hecho mucha cantidad de torrijas debes saber que pueden aguantar hasta tres días gracias a su alto contenido en grasa, que se convierte en un conservante natural muy efectivo. De hecho, en ambientes secos y no demasiado calurosos, se puede conservar la torrija a temperatura ambiente, por supuesto en un envase bien tapado para que no se seque en exceso. 

En aquellos lugares con ambientes de calor o humedad se recomienda guardar las torrijas en el frigorífico, en un recipiente hermético, preferiblemente de cristal, para que no adquieran olores o se sequen. Eso sí, debes dejar que se enfríen bien antes de guardarlas en la nevera. Puedes sacarlas un rato antes de comerlas para que se atemperen o bien darles un golpe de calor en el horno si te gusta comerlas calentitas.

¿Se pueden congelar las torrijas? Sí, sí se puede, aunque no es la mejor opción. De hecho, los expertos culinarios aconsejan comerla en el momento, pero la practicidad de un hogar muchas veces está lejos de lo que aconsejan los gourmets, ¿verdad?

Para congelarlas, puedes hacerlo ya fritas o incluso a mitad de su preparación. Si las congelas ya hechas, es importante que las dejes enfriar completamente. Guárdalas en un recipiente hermético de cristal, teniendo cuidado de que no se peguen unas con otras. Si necesitas amontonarlas, coloca un papel film entre cada capa. Para descongelarlas, hazlo con los cuidados habituales de descongelación, para que sea más despacio y seguro, introdúcelas en la nevera la noche anterior. Antes de volver a comerlas, deja que se atemperen un poco fuera del frío y puedes darles un golpe de calor en el horno o en sartén.

Si lo prefieres, puedes congelar las torrijas cuando estén bañadas en leche, es decir, sumergidas en la leche infusionada. No las congeles sin el líquido porque podrían perderlo y quedar secas. Una vez que se descongelen, puedes bañarlas en huevo y freírlas. El único inconveniente de esta técnica es que puede que el hielo de la congelación se mezcle con la leche y al freír las torrijas el agua haga que el aceite salte en exceso y se torne algo peligroso. Por eso se recomienda mejor congelarlas ya fritas. 

¿Y tú? ¿Vas a hacer torrijas esta Semana Santa? ¿Te han sido de utilidad estos consejos? Cuéntanoslo en los comentarios, ¡te leemos!

Puedes leer más artículos similares a Tips que necesitas para conservar torrijas durante días igual de jugosas, en la categoría de Postres en Diario Femenino.