¿Cama dura o blanda?

Me duele la espalda, oímos decir con frecuencia y en realidad 80 de cada 100 personas han padecido alguna vez en su vida este mal del que muchas veces terminamos culpando a la cama.

Antiguamente se decía que el remedio estaba en dormir en una cama dura pero estudios más recientes aseguran que ni duro, ni blando, lo mejor, dicen los expertos, es un colchón intermedio. Es decir, en la escala de firmeza de un colchón que va de 1 a 10, lo recomendable es un 5 ó 6, tomando en cuenta que en las primeras categorías se hallan los colchones más duros y en la décima, los más blandos.

Pero más allá del tipo de cama, aún es difícil precisar la causa que motiva los dolores de espalda. Suelen citarse las contracturas musculares, las lesiones de ligamentos, la osteoporosis, la obesidad, el sedentarismo, las malas posturas, el estrés, el tabaquismo... También se ha demostrado que es más frecuente entre las personas que pasan mucho tiempo sentadas frente al ordenador como los periodistas, recepcionistas y todas las personas "atadas" a una silla por el trabajo que realizan.

Dolor de espalda

Ante un dolor de espalda, es importante mantenerse activo, evitar la vida sedentaria y corregir la postura. Luego de seguir un tratamiento médico la gran mayoría de los cuadros de dolor se resuelve, pero hay un 15% que se hace crónico y puede llegar a convertirse en una causa de baja laboral, tal como sucede en España entre los mayores de 45 años, donde esta dolencia se ha revelado como la segunda causa de baja laboral, detrás de los catarros y la gripe.

Existen varios tratamientos para combatir el dolor de espalda, sobre todo con analgésicos y antiinflamatorios, pero los más eficaces son aquellos en los que el paciente consiente en transformar los hábitos de vida que le resultan perjudiciales. Entre las terapias recomendadas por los especialistas destaca la neuroreflejoterapia que consiste en la implantación transitoria de una especie de grapas en la piel que estimulan las terminaciones nerviosas y bloquean el dolor.

Algunos pacientes acuden, además, a otras terapias alternativas, como por ejemplo nadar, caminar o practicar yoga, esta última en particular carece de estudios científicos que avalen su efectividad, pero cuenta con entusiastas practicantes que refieren haber mejorado sus cuadros dolorosos después de la práctica de esta técnica milenaria que incluye ejercicios específicos para la espalda.

Esperanza Díaz  •  miércoles, 21 de octubre de 2009

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