Cartas de agradecimiento a un profesor o profesora: gracias por todo

Gracias a tus maestros por todo lo que hicieron por ti

Laura García
Laura García Periodista

Podemos decir que todos hemos tenido profesores buenos y profesores malos. O quizás podría decirse de una forma más correcta, profesores con vocación de maestro y sin vocación. Es ley de vida tener a un maestro que entre en clase, diga su lección y se vaya por la puerta bien a gusto (es lícito, pues se podría decir que es su trabajo) pero, por suerte, también hemos tenido profesores de esos que van más allá de una lección o un número en la nota. Que se preocupan por tu trayectoria, por cómo estás, cómo vas y cómo afecta lo que estás viviendo a tu vida académica. 

Esos profes suelen ser los que, pasados los años, nos vienen a la mente. Por desgracia a los malos también los recordamos pero no de la misma manera. Los que nos hacen recordar su asignatura o sus muletillas con cariño y a los que más a menudo deberíamos darles las gracias por todo, por saber acompañarnos en una etapa de nuestro crecimiento. 

Por eso, te proponemos algo: regálales una carta. Escribe a esos profesores que en un momento dado dieron tanto por ti. Porque, reconozcámoslo, a todos nos gusta que nos alaben nuestro trabajo si está bien hecho. ¿Por qué no vamos a participar de ese reconocimiento? Para ello solo necesitas ponerte a recordar anécdotas o momentos que hayáis vivido en la escuela. Pero, si no te inspiras, en Diario Femenino te dejamos unos modelos de cartas de agradecimiento a un profesor o profesora, tanto de Primaria como de Secundaria. ¡Les va a encantar! 

Carta para dar las gracias a un profesor/a de Primaria 

Había oído muchas veces eso de que hay profesores que te marcan para toda la vida y ¡fíjate! No me lo acababa de creer. Sin embargo, pasan los años y el ejemplo de aquel buen profesor sigue delante de mis ojos. Hay cosas en la vida que merecen la pena de verdad y creo que una de ellas es que te sean agradecido cuando, a pesar del paso del tiempo, siguen acordándose de ti y de las semillas que plantaste cuando era tan solo un crío. 

Estamos muy equivocados pensando en que un buen profesor es aquel que sabe explicar bien y hace que sus alumnos saquen buenas notas. No. Un buen profesor es aquel que vive su asignatura de tal manera que todos los alumnos quieren vivirla igual. Que adapta los conocimientos para que todos puedan desarrollarse de la mejor manera pero, sobre todo y lo más importante, es aquel que se preocupa por mirar a los ojos a cada uno de sus alumnos, de preguntarles qué tal, de ser consciente de sus dificultades y buscar una salida para ayudarles, de consolarles o darles ánimo… En definitiva de enseñarles y ofrecerles a través del propio ejemplo que todo (o casi todo) en la vida tiene una solución y que existen dos maneras de enfrentarse a las cosas: con actitud o sin ella. 

Aún recuerdo el sentimiento de alegría y paz cuando asomabas por la puerta de clase, incluso el de querer volver a verte tras unos cuantos años, preguntándome qué tal te iría o el de tristeza sabiendo que, acabada una etapa, no serías más mi profesor. En ese momento todo esto nos parece un mundo y buscamos la mejor manera de expresar lo que sentimos por ese profe: un dibujo, un regalo, un abrazo, una palabra… Pero no nos damos cuenta que el mejor regalo para un profesor viene con los años. 

¿Existe mayor detalle que el que te llegue un antiguo alumno para querer contarte qué tal le ha ido? ¿Existe mayor regalo que, con el tiempo, tus alumnos te den las gracias por lo que les ayudaste en su momento? Saber que plantaste en ellos algunas semillas y que, con el tiempo, brotaron y se hicieron grandes, convirtiéndose en seres humanos con corazón, agradecidos, empáticos… Llenos (o no) de conocimientos pero convirtiéndose en personas. 

Eso es lo que siento y no podía quedármelo dentro. Es un regalo tan grande que alguien sea agradecido con tu trabajo que es imposible que yo, como alumna tuya, me lo calle. Gracias por hacerme mejor persona, por educarme y preocuparte por mí. Por no tratarme como un alumno más, un curso más. Por mirarme de maestro a alumno. Eso, al final, es lo que marca la diferencia entre los buenos y malos docentes

Gracias por tanto. 

Agradecida carta a un profesor o profesora de Secundaria

Echando la vista atrás (y viendo adolescentes a mi alrededor) me doy cuenta de lo difícil que tiene que ser lidiar día a día con gente de esta edad. Hormonas revolucionadas, problemas donde podría no haberlos, palabrotas… Sin embargo, poniéndome en la piel de mi yo de hace unos cuantos años y en la de todos esos adolescentes de hoy en día, me doy cuenta también de que, en ese momento, todos nos sentíamos incomprendidos, todo nos parecía injusto y absolutamente todo nos ponía de los nervios. 

En ese momento de caos donde no te soportas ni tú y donde parece que luchas contra todo el mundo, a veces, aparece una persona como un barco de salvamento. Muy a menudo puede haber otros barcos, por ejemplo nuestros padres, pero solemos hacer como que no los vemos. Este tipo de barcos de salvamento no aparecen para ser nuestros colegas, al revés, son personas enseñadas para enseñar pero también para comprender, empatizar y dar recursos suficientes para que, algún día, podamos valernos por nosotros mismos. ¡Y ahí entras tú! 

En medio de las oleadas de caos de las que hablaba antes, un profesor llegó para hacerme entender que no todo podía ser como quería pero que eso no significaba dejarme pisar y no tener confianza en mí misma. Llegó para explicarme que un suspenso podía ser justo o injusto (como muchas otras cosas en la vida) pero que lo que se debía hacer era ponerse manos a la obra para solucionar aquello que estuviera en nuestra mano. Que en muchos casos no podríamos escoger las cartas con las que jugar pero sí cómo jugarlas… Esas lecciones que no se aprenden en clase de Naturales sino día a día y gracias a los profesores con vocación. Un profesor que si te ve fuera del colegio no hace la vista gorda sino que te pregunta, que se interesa por cómo han ido los exámenes o te pregunta cómo estás. Que no te regala nada pero busca la manera de hacerte espabilar, de decirte las cosas como son.

No sabes cuantísimo te agradezco esas charlas, esos consejos entre hora y hora y esas recomendaciones entre lección y lección. Esos momentos de ponerte verdaderamente serio, de decir las cosas sin una sonrisa porque se habían hecho mal pero, en el otro lado, de agradecer y felicitar cuando se habían hecho bien. Al final, todo esto que queda es lo que más vale pasados los aprobados. Las enseñanzas para la vida. 

Gracias por ser un profesor que se ha preocupado por sus alumnos. Por cuidarnos desde el respeto y valorarnos desde nuestra edad.Por no hacernos de menos pero tampoco de más. Por saber adaptarse y a la vez exigir. Siempre te recordaré con el cariño con el que se recuerda a alguien que te respetó y enseñó tanto. 

Tu alumna.

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