El complejo de Cenicienta: el miedo de una mujer a ser independiente

Los cuentos de hadas lanzan mensajes erróneos a las niñas

Laura Sánchez
Laura Sánchez Periodista

Los cuentos que nos leen desde pequeñas nos lanzan un mensaje erróneo, un mensaje que podemos ir superando conforme nos adentramos en la edad adulta. Sin embargo, algunas mujeres se quedan ancladas en los cuentos de hadas, príncipes y princesas y es cuando surge el complejo de Cenicienta. Los riesgos de este síndrome de Cenicienta te los contamos en nuestro diccionario de complejos.

El complejo basado en la vida de Cenicienta

El complejo o síndrome de Cenicienta es un complejo psicológico que encuentra su base en uno de los cuentos infantiles más populares. La Cenicienta era una joven desdichada, que vivía atormentada por una familia que no la quería. ¿Cómo escapar de su vida? La respuesta, como siempre en estos casos, viene de la mano de un apuesto príncipe.

La vida de Cenicienta da un giro inesperado cuando aparece su príncipe azul para rescatarla de una vida miserable. Adornando la historia con calabazas, hadas y preciosos zapatos de cristal que ya quisiera Carrie Bradshaw, la moraleja es que debes poner un hombre en tu vida para ser feliz. Mensaje erróneo fuente de muchos complejos para todas las mujeres en el mundo.

El miedo a la independencia en el complejo de Cenicienta

Muchos relacionan este complejo de Cenicienta con el complejo de Peter Pan, pero poco tienen que ver salvo que en ambos casos se construyen un mundo alejado de la realidad. Las mujeres que sufren el complejo de Cenicienta se quedan en su insatisfacción vital a la espera de que aparezca su príncipe azul o su hombre ideal para hacerlas muy felices.

Es una especie de parálisis vital a causa del miedo de esas mujeres Cenicienta a ser independientes, a tomar las riendas de su propia vida y a descubrir las posibilidades que les ofrece la vida por sí mismas. Ellas necesitan ser amadas, protegidas y guiadas en el camino de la vida. Y mientras el príncipe azul llega hasta ellas, permanecen impasibles a la espera, maldiciendo la larga espera y su desgraciada existencia.

Podemos ironizar todo lo imaginable sobre este complejo, pero lo cierto es que necesita un tratamiento psicológico para que la mujer que lo padece aprenda a vivir por sí misma, a ser autónoma, a mejorar su autoestima y a disfrutar de las ventajas de la independencia. La vida no es un cuento de hadas y hasta es posible que el príncipe azul no exista, pero todas podemos ser las protagonistas en solitario de una vida feliz.