Cómo es la primera sesión con el psicólogo

Consejos para afrontar la visita a este profesional

Napoleón Fernandez
En este artículo
  1. Consejos ante tu primera visita al psicólogo

Son muchas las dudas que albergamos ante la primera sesión con un psicólogo, pero no tengas miedo porque es un especialista más, como lo puede ser un médico de cabecera, un dentista, un dermatólogo o un ginecólogo, que te va a tratar de manera profesional. Sin embargo existen muchas leyendas alrededor de la visita a este profesional encargado de diagnosticar y curar enfermedades como el estrés, la ansiedad, la baja autoestima o problemas de pareja o de comportamiento.  

Consejos ante tu primera visita al psicólogo

Este "lado oscuro" que orbita sobre la primera visita al psicólogo viene, en gran medida, por las imágenes que muchas veces las películas de Hollywood nos han transmitido, y así algunas de las cuestiones que muchos pacientes se plantean es “¿Habrá diván?” “¿Dónde me siento?” o “¿Hablo yo solo o me pregunta él?” Te damos los mejores consejos ante tu primera sesión a este profesional.

1 Cómo elegir el mejor psicólogo

La mayoría de las veces lo que mejor funciona es el boca a boca, y es que ya lo dice el refrán: "Más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer". Seguramente si preguntas en tu entorno, tu mejor amiga, un familiar o la vecina del quinto, han hecho terapia y te puedan recomendar a alguien.

¿Existe el mejor profesional en este campo? Sí, lo hay pero puede que no sea la persona que ha llevado el proceso de esa colega tuya, porque una cosa es muy importante cuando empiezas tratamiento psicológico: tiene que crearse química entre vosotros, como ocurre en las relaciones de pareja, porque a esa persona hasta ahora desconocida para ti le vas a contar tu vida en verso y le vas a dejar entrar hasta el fondo de tu corazón. Si tú no estás cómodo, no te atreverás a expresar tus preocupaciones.

Otro punto importante antes de escoger uno nombre u otro: que no tenga ningún tipo de trato o relación con quién te lo ha aconsejado y, también, que no haya pasado consulta a alguien muy cercano a ti. Durante el tratamiento se pueden cruzar aspectos en común con la otra persona y perjudicarte.

2 Fuera nervios

Piensa que el paso más importante ya lo has dado. Has detectado que tienes un problema (depresión, ansiedad, timidez....) y has tomado las riendas de tu vida para ponerlo solución. ¡Eres muy valiente! Solo por eso ya te mereces una gran ovación. En la clínica de un psicólogo nadie te va a juzgar por lo que digas, al contrario, te va a ayudar a mejorar tu autoestima, a cambiar ciertos comportamientos que te están lastimando o a transformar esos pensamientos negativos en positivos para ser feliz. Los nervios van a estar ahí, en tu estómago, porque te vas a poner cara a cara delante de una persona de la que no sabes nada, pero piensa que a él le ocurre lo mismo. Además, existe el secreto profesional: bajo ningún concepto este especialista podrá contar lo que allí se hable. 

3 Documentación o parte médico

La decisión de ir al psicólogo, ¿ha salido de ti o vas con una prescripción médica? En este último caso, si tienes un informe o algún tipo de historial clínico sería bueno que lo llevases contigo y se lo presentases al profesional, así se hará una idea de por dónde puede transcurrir esta primera sesión. También, no está de más, que antes de esta cita hagas un poco de memoria para detectar si has atravesado en tu pasado por una situación similar o que preguntes a tu padre, madre, hermanos o abuelos si ellos vivieron eso que te está pasando. En el caso de las depresiones, no siempre, pero en algunos casos puede haber un factor genético.

4 Mejor solo que en compañía

visita psicólogo

Una de las primeras ideas que pueden aparecer en tu cabeza es la de acudir a esta primera consulta con el psicólgo acompañado de alguien, para evitar pasar "un mal rato" o sentirse más seguro. A no ser de que se trate de una circunstancia muy concreta (un niño pequeño, un conflicto de pareja o familiar), lo mejor es que vayas solo. Una vez que rompas el hielo y el psicólogo tenga una primera valoración de tu caso, ya será él el que determine si, en alguna sesión futura, debería asistir a la consulta alguien más.

5 Temas de conversación

Después del "Hola" o "Buenos días/tardes" llega el momento de la verdad: hablar, expresarte, confesar, comunicar... Quizás este sea el momento más temido por cada paciente, pero no debes preocuparte: no olvides que estás frente a un profesional que trabaja con las emociones y que tiene las herramientas para sacar lo mejor y lo peor de ti. Él te dejará tu tiempo (la sesión suele durar unos 50 minutos) para que le cuentes lo que quieras y, también, dirigirá la conversación hacia un lado u otro. Aquí los silencios incómodos no se producirán, ¡te lo aseguramos! 

6 Más dudas sobre la primera sesión con el psicólogo

Por último, las otras tres cuestiones que pueden quitarte el sueño: “¿Qué me pongo de ropa?”, “¿Me tengo que tumbar, permanezco de pie o me siento en una silla?" y "¿Cuánto cuesta cada sesión?". Con respecto a la primera, ¡no le des más vueltas! Viste como te apetezca ese día, con lo que te sientas más a gusto, con lo que te haga estar mejor... Nadie se va a fijar en tu camisa o pantalón, solo van a intentar ver dentro de ti. Sobre la segunda, cada consulta es un mundo, pero podríamos casi asegurar que el 95% de las consultas tienen sillas o sillones. Y, en el tema espinoso del dinero, es difícil de darte una cantidad porque cada psicólogo tiene una tarifas, pero la media ronda va desde los 30 euros hasta los 120 euros por sesión. 

Y después...

¿A que no ha sido para tanto? ¿A que notas una gran paz y una enorme tranquilidad dentro de ti? Seguro que hasta los nervios han desaparecido y tienes ganas de que llegue la próxima sesión. El psicólogo será el que te dará las pautas de cómo proceder de ahora en adelante: visitas regulares una vez a la semana o más distanciadas, cada quince días. Y, puede, que hasta te mande "deberes", como un test de personalidad para definir ciertos rasgos de tu carácter.

Recuerda que se trata de un proceso largo que puede durar semanas (aquí no existen tratamientos milagrosos de días), meses o años y que el tiempo siempre juega a tu favor, porque desde este punto en el que te encuentras solo puedes ir a mejor. ¡Siempre hacia delante!

 

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