Botox para las arrugas... y para la depresión

Marta Valle

El botox es una sustancia que, aplicada en cantidades muy pequeñas, se ha revelado como uno de los mayores aliados a la hora de intentar frenar los efectos del envejecimiento en las mujeres. Ningún experto podía llegar a plantearse los usos que llegaría a tener hoy en día la toxina butolínica, potencialmente peligrosa si se aplica en las cantidades adecuadas, lo que hizo que sus primeros usos fueran destinados a la industria militar. A la popularidad que el botox ha alcanzado actualmente, gracias a sus propiedades beneficiosas para mejorar la apariencia de las arrugas faciales, se le suma una nueva posibilidad: combatir los síntomas de la depresión.

El botox como medicina contra la depresión

No es nuevo el hecho de que el botox, con diferentes grados de éxito, se ha mostrado eficaz a la hora de abordar la paliación de diversos tipos de afecciones. Es el caso del asma, la artritis reumatoide, la rigidez muscular manifestada tras el padecimiento de un ictus, la incontinencia urinaria o los temblores asociados a la esclerosis múltiple. Hace un par de años también se descubrió que inyectando la toxina en determinados puntos algunas pacientes de migraña mejoraban de sus dolores. Recientemente se ha constatado que la inyección de la toxina butolínica en la zona del entrecejo puede disponer efectos enormemente positivos sobre el estado de ánimo.

La idea proviene de una teoría sobre las emociones que estableció Charles Darwin, en la cual afirmaba que las expresiones faciales pueden retroalimentar al cerebro, disparando todo tipo de estados emocionales. A partir de esta extraña relación, algunos investigadores comenzaron a estudiar la posibilidad de que el botox pudiera combatir la depresión. De hecho, algunos médicos habían notado previamente al estudio que, en algunas personas a las que se les habían tratado arrugas, habían mejorado sus estados depresivos.

Una vez realizada la investigación, los resultados han sido más que halagüeños, con un índice de mejora de la depresión hasta en un 47% de las pacientes que fueron tratadas con botox. De esta forma, estamos frente un potencial mecanismo para luchar contra la depresión, una de las enfermedades con mayor calado en la mujer actual.  

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