Invalidez permanente por depresión: para los casos más graves

Laura Sánchez

Invalidez permanente por depresión

Hablamos muchas veces de lo que nos cuesta aceptar que sufrimos un trastorno psicológico grave como puede ser la depresión. Esto puede hacer que retrasemos el diagnóstico y nos encontremos en un punto en el que los tratamientos para la depresión no surten efecto.

De esta manera nos encontramos ante una depresión mayor, una depresión crónica o una depresión complicada con otros trastornos emocionales como pueden ser la neurosis, la manía o la psicosis. En cualquier caso, puede llegar un momento en que esa depresión nos incapacite para trabajar, por lo que será el momento de solicitar la invalidez por depresión.

Motivos de la invalidez por depresión

Como la depresión es un trastorno emocional que, como ya hemos visto, tiene cura, pocos son los casos en los que se consigue una invalidez o una incapacidad permanente por depresión. Dicho sea de paso, lo cierto es que pocos son los que desean percibir una pensión vitalicia por un motivo como este.

Si la depresión es una de las causas de baja laboral más frecuente, no lo es tanto como motivo de invalidez o de incapacidad permanente y es que se trata de un trastorno emocional que, en principio es temporal. Lo cierto es que la mayoría de los casos de depresión tienen tratamiento, pero hay circunstancias específicas que pueden llevarte a solicitar una incapacidad permanente por depresión.

Los casos de depresión mayor, de depresión crónica, de trastorno bipolar o de esquizofrenia son los trastornos psicológicos que pueden terminar en una situación de invalidez laboral. Ya sabemos las consecuencias paralizantes de la depresión, consecuencias que pueden aumentar si la causa de la depresión es el propio entorno laboral.

Tipos de invalidez por depresión

El tiempo de una baja laboral por depresión dependerá de cada situación, pero si la baja dura más de 18 meses, se hace necesaria pasar la prueba de un tribunal médico que determine la situación. En algunos casos, cuando no se aprecia ninguna mejoría en el estado de salud, se puede recomendar la invalidez permanente.

Existen diferentes grados de incapacidad permanente que van desde la invalidez parcial hasta la llamada gran invalidez que ocurre en los casos en los que la persona enferma no puede valerse por sí misma y necesita ayuda para realizar las tareas más básicas como comer, vestirse o asearse.

La incapacidad permanente parcial se concede cuando la persona con depresión ve reducida en un 33% su capacidad para desarrollar su trabajo habitual. Aunque la más habitual es la incapacidad permanente total, una situación en la que la persona enferma de depresión está incapacitada para desarrollar su trabajo habitual pero puede desempeñar cualquier otro trabajo. Por último, puede ocurrir que lo que se conceda sea una incapacidad permanente absoluta, con una pensión vitalicia y con la imposibilidad de trabajar por cuenta propia o ajena.