Por qué las mujeres no saben guardar secretos

No sabemos guardar un secreto

Estás tomándote un café con tu mejor amiga y de repente te suelta la bomba de que el fin de semana le ha sido infiel a su novio. Ella no sabe cómo manejar esta situación y a alguien se lo tenía que contar, más que nada para no cargar ella sola con el peso de la infidelidad. Tú le prometes que nadie jamás se enterá de su affaire y que su secreto está a salvo contigo porque eres una persona de la máxima confianza a la par que discreta. Y lo mejor de todo es que te lo crees; estás convencida de que guardarás el secreto de tu amiga y, sin embargo, esa misma noche se lo cuentas a tu hermana. ¿No sabes guardar un secreto?

Las mujeres no saben guardar un secreto

Parece que las mujeres no podemos guardar un secreto durante más de dos días, al menos así lo afirma un estudio realizado en el Reino Unido en el que establece el tiempo de duración de un secreto en 47 horas y 15 miutos. Ese es el tiempo que duran nuestros labios sellados.

La encuesta también afirma que los secretos que más peligro corren de ser desvelados son los asuntos íntimos, los líos amorosos y las compras. Y que la primera persona a la que le contamos un secreto que nos han confiado es a nuestra pareja, seguida de amigas y familiares.

Lo que no explica la encuesta son los motivos que nos llevan a romper nuestra promesa de silencio, dejando de ser personas de fiar para convertirnos en auténticas chismosas. Y es que ni siquiera nos sentimos culpables de desvelar el secreto a una tercera persona.

Por qué no guardamos un secreto

Claro que no todas las mujeres nos comportamos de la misma manera y hay asuntos que nos cuidamos muy mucho de que no salgan a la luz. Pero es cierto que las mujeres tenemos una cierta incontinencia verbal, acentuada, si procede, por el alcohol, que nos empuja a contar nuestras intimidades y las de los demás, eso sí, en la más estricta confianza.

Y no es malicia, ni falta de ética, sino que el peso de un secreto ajeno es demasiado para llevar en solitario. Así que generalmente lo compartimos con otra persona, asegurándonos de no perjudicar a quien ha depositado su confianza en nosotras. Al fin y al cabo, si le cuentas a tu hermana el desliz de tu mejor amiga, el secreto sigue a salvo y en familia ¿no?

Probablemente sea por esa necesidad que tenemos de comunicarnos con los demás y de compartir nuestros problemas para sentirnos mejor, por lo que somos incapaces de guardar un secreto. Y en cuanto al sentimiento de culpabilidad, es normal que no aparezca en esta situación; todo el mundo sabe que un secreto deja de serlo en cuanto se lo cuentas a una persona.

Laura Vélez  •  miércoles, 17 de abril de 2013

DF Temas

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