Vitaminas para fortalecer el sistema inmunológico femenino


La vitamina C; presente en la guayaba, kiwi, mango, piña, caqui, cítricos, melón, fresas, bayas, pimientos, tomate, verduras de la familia de la col, frutas y hortalizas en general; aumenta la síntesis de interferón que es el factor celular que ocupa la primera "línea de fuego" contra los virus por sus propiedades inmunomoduladoras, antiproliferativas y antivirales. El incremento del interferón en sangre potencia la inmunidad del organismo y este es un resultado, a su vez, del incremento de esta vitamina.

Vitaminas y la respuesta inmunológica

Ella es necesaria también para la formación de colágeno, componente esencial de la membrana celular, primera barrera natural contra las infecciones. Su déficit compromete la movilidad de ciertas células encargadas de la destrucción de microorganismos (células fagocíticas).

Varios son los estudios que han probado el incremento de la respuesta inmunológica femenina luego de administrar vitamina E, es por ello que cuando los especialistas sospechan un problema de este tipo, sugieren aumentar el consumo de aceites de origen vegetal, fundamentalmente de germen de trigo, soja y oliva, así como los vegetales de hojas verdes, los frutos secos y los cereales enteros, todos ricos en vitamina E.

La vitamina A tiene un rol principal en el combate a las infecciones y en el mantenimiento de las mucosas. Su déficit provoca alteraciones en el número de linfocitos por lo que disminuye la respuesta inmune y aumenta la susceptibilidad a las infecciones. Se encuentra en los platos a base de hígado, grasas lácteas (mantequilla y nata), huevo y lácteos completos, pero en caso de emergencia el organismo convierte el beta-caroteno en vitamina A por lo que entonces es recomendable también el consumo de albaricoque, cereza, melón, melocotón y vegetales de color verde o con pigmentos rojo-anaranjado-amarillento.

También se han descrito alteraciones del sistema inmunológico de la mujer asociadas a la carencia de vitaminas del grupo B. La deficiencia de ácido fólico, por ejemplo, suprime la respuesta de algunos linfocitos, y disminuye la cantidad de anticuerpos, efecto similar al que produce el déficit de tiamina, riboflavina, ácido pantoténico, biotina y cianobalamina. Las vitaminas que integran este "complejo" aparecen en casi todos los alimentos de origen vegetal (verduras, frutas frescas y secas, cereales y legumbres) y también en los de origen animal (carne, vísceras, pescado, marisco, huevos y en los productos lácteos).

Especial atención merece el ácido fólico —mayoritariamente en el hígado y en las verduras de hojas verdes, legumbres verdes, frutas, cereales de desayuno enriquecidos— y la vitamina B12, cuya fuente es específica de los alimentos de origen animal, ya sean carnes, vísceras, pescado, huevos y productos lácteos.

La baja concentración de hierro en sangre es la causa de la anemia ferropénica y esta compromete la proliferación celular y disminuye la respuesta inmune. El remedio contra este mal depende de aumentar el consumo de hígado, carnes (especialmente la de caballo), pescado, huevo y en menor proporción los lácteos, así como de consumir al menos 1 gramo de ácido fólico diario, sustancia imprescindible para fijar el hierro a nivel celular y reponer las reservas agotadas.

La deficiencia de zinc es típica de las mujeres de países cuya fuente de proteína principal son los cereales. Su carencia afecta los órganos linfoides y la respuesta inmune como sistema por lo que se asocia a una mayor susceptibilidad a cierto tipo de infecciones. Basta introducir carnes, vísceras, pescado, huevos, cereales completos y legumbres para evitar los perjuicios que ocasiona su carencia.

Carnes, pescados, mariscos, cereales, huevos, frutas y verduras

Niveles insuficientes de selenio —en carnes, pescados, mariscos, cereales, huevos, frutas y verduras— comprometen la inmunidad humana, en particular su actividad bactericida, la proliferación de linfocitos, así como la respuesta de los anticuerpos frente a ciertos tóxicos.

Es raro padecer déficit de cobre pues este se encuentra ampliamente distribuido en los alimentos —hígado, pescado, marisco, cereales completos y vegetales verdes— y solo lo necesitamos cantidades muy pequeñas, pero su acción potencia el sistema de defensas del organismo y es un efectivo agente antiinflamatorio y anti infeccioso, facilitando, además, la síntesis de colágeno.

Esperanza Díaz  •  lunes, 21 de diciembre de 2009

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