Cómo cuidar la autoestima de tus padres

Laura Sánchez
Laura Sánchez Periodista

No podemos bajar la guardia en cuanto al desarrollo emocional. La autoestima es nuestro soporte y debemos cuidarla a lo largo de toda la vida. Pero según van pasando los años, nos sentimos más cansados de luchar, con menos fuerzas y también con menos valor. Es frecuente que las personas mayores tengan problemas de inseguridad, por eso queremos cuidar la autoestima de los padres.

El desarrollo de la autoestima en los padres

Cuando somos niñas vemos a nuestros padres como personas fuertes, que saben lo que hacen y que nos protegen. Esa visión puede ir cambiando a lo largo de la vida, cuando empezamos a observar a nuestros padres desde la edad adulta, con sus defectos y con sus inseguridades. Y según se van haciendo mayores, los padres pueden evidenciar serios problemas de autoestima.

Y es que cuando los hijos se hacen mayores, cuando llega la edad de la jubilación, muchas personas entran en una depresión a causa de la baja autoestima. Ahora que ya no están en activo, ahora que no tienen que hacerse cargo de sus hijos, ¿quién los necesita?, ¿para qué sirven?. La propia sociedad los aparta de la vida pública, dejándoles de lado y sin tenerlos en cuenta. Si esto ocurre también en el núcleo familiar, la autoestima puede verse reducida seriamente.

Cómo cuidar la autoestima de los padres

1 Respeto. Es fundamental mantener el respeto hacia nuestros padres. Si ahora no son tan fuertes como antes, si ya no pueden practicar las mismas actividades que antes, si ya no trabajan o incluso si se ven afectados por la enfermedad y la vejez, no es motivo para no seguir respetándolos y valorándolos.

2 Reconocimiento. A veces se necesitan palabras para que una persona se convenza de que es importante para nosotras. No vale con darlo todo por sentado. Recordar a nuestros padres lo que han hecho por nosotras y asegurarles que siguen siendo importantes, es necesario para preservar su autoestima.

3 Apoyo. La relación de apoyo entre padres e hijos ha de ser mutua. Que los abuelos cuiden de nuestros hijos puede ser una fuente de energía para ellos, siempre que no se abuse asumiendo que por ser nuestros padres o por ser mayores no deben tener vida propia.

4 Seguridad. Si de pequeñas nuestros padres nos protegieron y nos aportaron seguridad, tal vez ahora sea el momento de cambiar los papeles. Hacerse mayor supone vivir con ciertas inquietudes sobre la salud, sobre la calidad de vida o sobre el futuro.

5 Cariño. Todos necesitamos sentirnos queridos. Sin embargo, es muy frecuente entre los miembros de la familia dar por sentado los afectos. Cuando las personas se debilitan emocionalmente, hay que procurar aumentar las muestras de cariño, con abrazos, con sonrisas o, simplemente compartiendo nuestro tiempo con ellos.