La depresión de los padres: cómo ayudar a una madre o padre deprimidos

Depresión de los padres; cómo ayudar

La familia es el pilar básico de nuestra seguridad personal. Desde niñas nos hemos sentido queridas y protegidas por nuestros padres, que se presentaban como esas figuras salvadoras que evitaban que nos hiciéramos daño. Pero los padres no pueden tenerlo todo bajo control y hay que adaptarse a las circunstancias.

Además, con el paso de los años, nuestros padres van perdiendo fuerza, probablemente por el cansancio y la fatiga de toda una vida y se vuelven más vulnerables. Afrontar la vejez no es fácil y conviene estar muy preparados para evitar algunos de los trastornos emocionales más habituales, como puede ser la depresión.

La depresión de los padres

Es muy importante valorar y comprender el esfuerzo titánico que la mayoría de los padres han hecho a lo largo de su vida para darles a sus hijos una calidad de vida aceptable. Esfuerzo por formar una familia, por mantenerla unida, por darle una educación a los hijos, formarlos en unos valores y cubrirles las necesidades básicas y más de un capricho.

Cualquiera que se esté embarcando en la aventura de formar una familia puede hacerse una idea del esfuerzo que va a llevarle durante toda su vida. Por eso, cuando nuestros padres llegan a una edad avanzada, cuando se adentran en la vejez y ven cómo sus fuerzas disminuyen, cómo su vida deja de se tan activa y cómo, en muchos casos, no acaban de encontrar su lugar dentro la familia, pueden verse afectados por una depresión.

Una depresión en unos padres mayores es algo en lo que los hijos debemos implicarnos al máximo. Porque la desgana vital y la falta de actividad, tan características de la depresión, afecta no sólo la parte emocional, sino que puede perjudicar mucho su calidad de vida y su salud, a una edad en la que es más importante que nunca mantenerse en forma y con ilusiones.

Cómo ayudar a unos padres deprimidos

La verdad es que son muchas las cosas que podemos hacer para ayudar a unos padres con depresión. En este caso, los hijos adultos cumplimos una función básica y crucial para su recuperación, aunque esto no quita que deban ser tratados por un especialista. Existe una tarea fundamental que únicamente está en nuestras manos: reconocer a nuestros padres su valía.

El mayor problema de las personas mayores es que se sienten desplazadas de la familia, de una familia que, irónicamente ellos crearon en su día y en la que hoy no encuentran su lugar. Está en nuestras manos educar a nuestros hijos respetando y admirando a los abuelos, pero para eso, tenemos que predicar con el ejemplo.

Devolver a nuestros padres su autoestima y reconocer su mérito es algo que se hace de forma práctica, involucrándoles en los asuntos cotidianos de la familia, haciéndoles partícipes en la toma de decisiones y ayudándoles a seguir manteniéndose activos socialmente. Y lo que nunca debe faltar alrededor de unos padres mayores es la sonrisa y la admiración.

Laura Vélez  •  lunes, 1 de julio de 2013

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