Candidiasis vaginal en el embarazo: ¿qué riesgos tiene?

Si sufres candidiasis no debes preocuparte por tu bebé

Laura D

Candidiasis en el embarazo: riesgos y prevención 

La candidiasis vaginal es una infección ocasionada por el hongo candida, el cual podemos coger en cualquier momento, incluso si estamos embarazadas. Durante la gestación, nuestro cuerpo presenta muchos cambios y, entre ellos, aumenta el nivel de estrógeno, que facilita que este tipo de hongos crezcan y se peguen con mayor facilidad a las paredes vaginales. Pero, ¿qué riesgos tiene para la madre y para el bebé? En Diario Femenino te lo contamos.

Riesgos de la infección vaginal en el embarazo

Los síntomas de la candidiasis son muy reconocibles y, si no se les pone remedio, pueden terminar empeorando con el paso de los días. Puedes reconocer la infección si tienes picazón e hinchazón en los labios vaginales o si tu flujo vaginal cambia. También son comunes el dolor, el enrojecimiento o el ardor. Además, si tienes infección, es muy probable que también experimentes escozor al hacer pis y molestias durante tus relaciones sexuales. 

Siempre es importante que tratemos una infección vaginal a tiempo pero, de modo especial, podemos decir, que más importante es aun cuando la padecemos estando embarazadas. Aunque no debes dejarla pasar y necesitas tomártela con la seriedad que debes por tener una infección en tu cuerpo, esta no afectará al desarrollo de tu bebé, no causará abortos ni partos prematuros. Solo existe posibilidad de contagio si, durante el parto, tú sufres candidiasis. Entonces, es posible que tu [email protected] contraiga el hongo cándida y le salgan en la boca (candidiasis bucal). Si esto ocurre (a veces puede pasar incluso sin tener tú la infección), se trata fácilmente y no es grave.

Si creemos que podemos tener candidiasis, debemos acudir al ginecólogo y no dejarlo pasar, pues habrá que ponerle tratamiento cuanto antes.

Tratamiento para la candidiasis 

En este contexto, es muy importante no automedicarnos. A veces, podemos llegar a confundir los síntomas y que, lo que tengamos en realidad, no se trate de una candidiasis. Por eso, debemos acudir al médico para que sea él quien nos confirme o desmienta el diagnóstico.

Si el especialista confirma que se trata de este tipo de infección es probable que nos recete cremas o supositorios fungicidas vaginales pues es la mejor opción si estamos embarazadas.

Tras empezar el tratamiento es probable que empieces a notar mejoría tras los primeros días, pero no debes suspender el tratamiento aunque esto sea así, debes seguir las indicaciones de tu médico y mantenerlo hasta el día que te haya dicho. Aunque no tengamos molestias, terminado el tratamiento tendremos que volver al médico para que nos examine nuevamente y sepamos con certeza si ha desaparecido la infección. 

Aunque las probabilidades de volver a tener candidiasis tras haberla sufrido otra vez se multiplican y es posible que la infección regrese nuevamente si no contamos con ciertas medidas de prevención. A continuación te dejamos algunas de ellas.

Prevención de la candidiasis: consejos

Tratamiento y prevención de la candidiasis

Realmente una mujer puede contagiarse por diferentes motivos: por tener las defensas bajar o por tener la zona genital húmeda, por ejemplo. Sin embargo, hay una serie de tips que pueden reducir las probabilidades de que la contraigas. ¡Echa un vistazo para intentar prevenirla!

+ Mantén tu zona genital seca. Esto es, por ejemplo en verano, cámbiate el bañador en lugar de dejártelo mojado. Estos hongos se desarrollan más en lugares húmedos.

+ Limpia tu zona con geles específicos y agua tibia. Evita las duchas vaginales siempre, estés o no embarazada. Tu vagina dispone de su propio mecanismo de limpieza y tú solo debes preocuparte de lavarla por fuera.

+ Evita la ropa interior ajustada, sintética y que no transpire. Esta también favorece la humedad en la zona vaginal y contribuye al desarrollo de hongos.

+ Límpiate de delante hacia atrás y no al revés. Así no llevaremos a nuestra vagina restos de heces.

+ Introduce en tu dieta (si no lo comes aún) lácteos y yogures. Este tipo de alimentos, sobre todo los últimos, cuentan con activos que contribuyen al equilibrio bacteriano.