Emotivas cartas de amor para tu perro fallecido: descansa en paz amigo

Preciosas palabras para una mascota en el cielo

Tamara Sánchez

Cartas de amor para perros fallecidos

Advertencia: si tienes o has tenido perro alguna vez en tu vida, vas a sentirte muy identificada con todo lo que vas a leer a continuación. Porque cuando un perro llega a casa revoluciona nuestro mundo por completo. Desde el mismo momento en que entra por la puerta, jamás volvemos a ser los mismos. Porque él nos cambia (siempre a mejor), nos enseña a sacar nuestro lado más humano, más cariñoso, más noble.

No cabe ninguna duda de que una vida junto a un amigo canino es una vida feliz. Ojalá fueran eternos, ¿verdad? La peor parte viene cuando tienen que partir… Cuando las puertas del cielo se abren para recibirles y nosotros nos quedamos aquí desolados sin su presencia, con un enorme vacío, y echándoles de menos a cada segundo. Por todo esto, hoy, en Diario Femenino, queremos rendirles homenaje a todos esos peludos que dejaron una gran huella en nuestro corazón. Porque, por experiencia, sabemos lo mucho que duele perderles. Hemos escrito con mucho cariño estas emotivas cartas de amor que puedes dedicar a tu perro fallecido. Aunque él ya no esté, su recuerdo te acompañará por siempre. Descansad en paz fieles amigos...

Índice de contenidos

Conmovedoras y preciosas cartas de amor para los perros que ya están en el cielo

No nos vamos a engañar. A veces incluso queremos más a nuestra mascota que a personas de nuestra propia familia. Y es que ese alma inocente nos acompaña allá donde vamos y nos es siempre fiel. Esto va por vosotros amigos peludos:

+ Modelo de carta 1: siempre en mi corazón

Carta 1 para tu perro fallecido

Esta mañana me he levantado y no estabas. Todavía no me acostumbro a que no me despiertes con tus lametazos en la cara pidiéndome alegremente comida. Cuántas veces he refunfuñado por ello (en el fondo eras mi despertador favorito) y cuántas veces me he sentido la persona más afortunada de la tierra por tenerte en mi cama meneando enérgicamente la cola con esa adorable sonrisa con dientes que se te ponía cuando por fin abría los ojos y te acariciaba. Me llenabas de alegría y de vida. Gracias a ti empezaba los días con la máxima motivación.

Y lo mismo sucedía cuando llegaba a casa. Por muy mal día que hubiera tenido en el trabajo, por muchas discusiones que hubiera tenido con mi jefe, nada más importaba. Porque tú estabas ahí en la puerta preparado para recibirme y darme de nuevo todo tu cariño y amor. ¡Quién mejor que tú para animarme!

Tengo que reconocer que aunque sé perfectamente que a ti te gustaría que ahora mismo estuviera con una sonrisa en mi cara, no puedo evitar que las lágrimas se escapen de mis ojos. El día que te fuiste fue, sin duda, uno de los peores de mi vida. Ahí estábamos, en el veterinario, tú respirabas tranquilo y me mirabas. Con esa dulce mirada que ni siquiera perdiste en tus últimos momentos de vida. Me mirabas agradeciéndome la vida que te había dado. Tu mirada lo decía todo. Antes de llegar a casa lo habías pasado mal, gente sin corazón te había maltratado durante años y aún no me puedo explicar (creo que jamás podré entenderlo) como alguien fue capaz de hacer daño a un alma tan pura como tú. Pero entonces te recogí de aquel chenil y poco a poco fuiste superando miedos, volviste a confiar en el ser humano. Confiaste en mí.

Y en esos momentos en los que me mirabas agradeciéndomelo solo podía pensar que la única que tenía que agradecer algo era yo a ti. Porque cuando llegaste el egoísmo desapareció de mi vida, me enseñaste a querer de verdad sin condiciones, me enseñaste el verdadero significado de la fidelidad (y de la felicidad). Me enseñaste tantas cosas querido amigo…

Ahora solo puedo echarte de menos, nada ni nadie puede llenar este vacío que has dejado. Ahora solo me queda tu recuerdo, un recuerdo que llevaré conmigo hasta el final de mis días. Porque para ese entonces, nos volveremos a encontrar. Espérame en el cielo.

Gracias, mi ángel de la guarda.

Te quiero.

+ Modelo de carta 2: no te olvidaré jamás

Carta 2 para tu perro fallecido

Hoy miro al cielo y me acuerdo de ti. Me acuerdo de tus ladridos locos cuando te decía que te iba a sacar al parque a jugar, me acuerdo de tu mirada inocente (como si no hubieras roto un plato jamás) cuando hacías alguna trastada y luego te sentías culpable, me acuerdo de lo contento que te ponías cuando llegaba a casa después de haber estado unos días fuera, me acuerdo tanto de ti renacuajo…

Dicen que a lo largo de la vida se tienen varios amigos. Algunos pasajeros, otros más duraderos. Algunos verdaderos, otros que te traicionan a la primera de cambio. También dicen que los verdaderos se pueden contar con los dedos de la mano. Y qué cierto es. Hoy, mirando con perspectiva toda mi vida, me doy cuenta de que mi mejor amigo siempre fuiste tú.

Las personas que nunca han tenido mascota no pueden entenderlo, pero tú, sin ni siquiera poder hablar y poner palabras a tus sentimientos, me demostraste cada día de tu vida lo mucho que me querías. Y no era un amor cualquiera. Se trataba de un amor puro, de los que no duelen, de los que solo entregan sin esperar recibir nada a cambio.

Sé que ahora en el cielo estarás bien, sé que estarás rodeado de miles de perros tan buenos como tú. Lo sé porque eras jovial, juguetón y alegre. Unas cualidades que siempre hacían que llamaras la atención entre otros perros cuando paseábamos juntos por la calle. Eras la mascota que toda persona querría tener. Y me siento tan afortunada por haber disfrutado de tantos momentos a tu lado.

¿Recuerdas cuando fuimos juntos en caravana por las montañas de Italia? Sé que adorabas correr libre por el campo y mojar tus robustas patas en el agua fría de los riachuelos. Estoy triste por no tenerte aquí conmigo, pero feliz al mismo tiempo por haberte dado la vida que merecías. Sé que la disfrutaste y sé que cuando nos reencontremos en las puertas del cielo me estarás esperando dando saltitos alegres como lo hacías cuando me esperabas en la puerta de casa.

No me olvides amigo, yo no te olvidaré jamás.

+ Modelo de carta 3: descasa en paz amigo

Carta 3 para un perro fallecido

Nunca olvidaré el día que nos conocimos. Tenía una amiga en una protectora de perros, un día me enseñó una foto tuya, me dijo que acababas de llegar. Tu anterior familia te había abandonado y estabas triste, asustado, desubicado. Hasta entonces habías dormido en una casa, en mejores o peores condiciones pero en una casa calentita. Y ahora te tocaba dormir en un chenil.

Le dije a mi amiga que me enseñara de nuevo la foto, te miré a los ojos, me transmitías paz. Nunca me había planteado adoptar un perro hasta que te vi. Amor a primera vista. No dudé ni un segundo en preguntar a mi amiga cuáles eran los trámites para adoptarte, no quería que pasaras miedo y frío ni un solo día más.

Al cabo de los días, una vez que estuvieron hechos todos los trámites, fui a buscarte y al cabo de unos segundos supe que llevarte a casa era la mejor decisión que había tomado en mi vida. Entraste tímidamente, no te atrevías ni a acercarte al sofá (sí, ese sofá del que días después y hasta la fecha de tu muerte no te separaste). Te encantaba dormir en él, algunas veces se te caía incluso la baba… ¡Era tan cómodo para ti!

Me costó mucho que confiaras en mí, habías perdido la fe en el ser humano. Pero yo te entendía y no pensaba rendirme. Poco a poco fuiste dejándome entrar en tu corazoncito y, a partir de entonces, creamos juntos la historia más feliz humana-perro jamás contada.

Ahora te echo mucho de menos. Desearía poder hacerte una visita al cielo aunque fuera una vez al mes. Llenarte de besos y rascarte la barriguita como a ti te gustaba. No sé si algún día este dolor se calmará. Solo me alivia imaginar que ahora juegas en el cielo con otros amigos caninos y que has vuelto a tener la misma energía y vitalidad que cuando eras cachorro.

Disfruta y cuida de mí desde donde estés. Sé que lo harás.

Descansa en paz mi dulce niño.

+ Modelo de carta 4: te echaremos muchísimo de menos

Carta 4 para un perro que ha muerto

Siempre imagino el cielo perruno como un lugar repleto de color, alegría y felicidad. Y si en parte lo imagino así es porque sé que tú estás en él. Todos nacemos, vivimos y morimos. Y todos pasamos por estas fases con un propósito. Tú naciste y viviste para dar felicidad a todo el que te rodeó (qué afortunada soy por haber podido formar parte de ese grupo de personas que te adoraban). Y ahora, has fallecido con el propósito de llevar tu alegría hasta el infinito, hasta el cielo.

Tus últimos días han sido un poco tristes, dolorosos, tenías muchas molestias y ya no encontrabas por ninguna parte esa alegría y energía que tanto te caracterizaba. Pero aún así, hasta tu último suspiro estuviste entregando cariño. Cuánta bondad había dentro de tu corazón.

Te echaremos de menos y aunque no estés físicamente, permanecerás vivo en nuestra esencia. Porque tú has formado parte de nuestras vidas durante mucho tiempo y si a día de hoy somos como somos es en gran parte gracias a ti. GRACIAS, pequeño, MUCHAS GRACIAS.

Gracias por iluminar nuestro camino.

Gracias por entregarnos todo sin esperar nada a cambio.

Gracias por enseñarnos a ser generosos.

Gracias por tu fidelidad.

Gracias por tu amor y cariño incondicional.

Gracias por ser esa pequeña motivación del día a día.

Gracias por regalarnos instantes grandiosos.

GRACIAS, GRACIAS Y GRACIAS.

Ahora que no estás solo nos queda agradecerte todo lo que nos has aportado. Cada día que pase te añoraremos pero te recordaremos con una gran sonrisa. Porque te lo mereces, porque eso es lo que tú nos regalaste hasta en los peores momentos. Poco a poco fuiste dejando de hacer las cosas que tanto te gustaban (ya no podías correr, ni saltar, ni ladrar con todas tus fuerzas), pero jamás perdiste la capacidad de ser y hacernos felices. ¡Eso se te daba tan sumamente bien!

Solo esperamos que estés en un paraíso repleto de tu chuches favoritas y que corras como nunca. Y que vueles. Porque estamos seguros de que te han salido unas alas peluditas para poder alcanzar todo lo que te propongas. Eso es lo que les sucede a los ángeles, que les salen alas.

Muchos años de amor y cariño que estarán en nosotros.

Hasta siempre nuestro precioso y perfecto chico/a.

¿Has perdido a tu perrito hace poco tiempo? ¿Te gustaría dedicarle una bonita carta de amor? ¿Con cuál de las anteriores te quedas? Cuéntanoslo en los comentarios.