Inteligencia emocional aplicada a la familia: la clave de la felicidad

Los niños con una buena educación emocional serán adultos más felices

Laura Sánchez
Laura Sánchez Periodista

La importancia de la inteligencia emocional en la familia

Ya nadie duda del poder de la inteligencia emocional para ser feliz. Y es cierto que se puede desarrollar a lo largo de la vida, pero ¿qué mejor garantía que una buena educación emocional desde la infancia? Los niños que crecen en una familia con inteligencia emocional son niños más felices y también adultos más felices. No podemos negarles un herramienta como esa. Te contamos por qué la inteligencia emocional aplicada a la familia os hará vivir mejor ya que es la clave de la felicidad. 

Para qué sirve la inteligencia emocional

Somos seres racionales, pero también emocionales. Y las emociones se empiezan a desarrollar desde el momento en que llegamos al mundo. Entonces, ¿por qué no atendemos a ellas? Muchos de los trastornos emocionales que sufrimos de adultos, como la ansiedad, las fobias o la depresión son producto de una mala gestión de las emociones y del desconocimiento que tenemos sobre nuestros propios sentimientos.

Es lógico. Porque desde pequeños nos enseñan a leer, a escribir y a hacer cálculos matemáticos. Más tarde nos enseñan biología, física, química, historia y, los más afortunados, hasta latín y griego. Puede que entre esos conocimientos incluyan algo de ética y filosofía y no nos olvidemos del inglés. Y entre tanto conocimiento, se nos olvida algo fundamental: el conocimiento de las emociones.

La importancia de la inteligencia emocional en la familia

Las familias con inteligencia emocional

Cada vez más familias se ocupan de dotar a sus hijos del bagaje emocional necesario para la vida. La ira, la frustración, el miedo, la angustia son emociones naturales que hay que aprender a gestionar, no a evitar. Cuando a un niño se le dice que "los niños no lloran" no es únicamente una cuestión machista, es también un peligro porque se le está enseñando a evitar una emoción.

Por supuesto también hay que aprender a identificar y a gestionar las emociones positivas. ¿Has conocido alguna vez a una de esas personas que nunca se enamoran? Una actitud de evitación o rechazo que provoca trastornos emocionales en esa persona y en todas las que se le acercan. La suerte de las familias con inteligencia emocional es que dan valor a ese tipo de inteligencia y establecen relaciones entre ellos más saludables.

Las parejas en las familias con inteligencia emocional

No vayamos a pensar en una familia sin problemas, sin malentendidos y con la sonrisa puesta las 24 horas del día. La pareja con inteligencia emocional tiene discusiones, pero las utilizan para resolver los problemas y no para aumentar el rencor o sacar los trapos sucios.

Una pareja con inteligencia emocional es el mejor ejemplo para sus hijos porque entre todos establecen un vínculo saludable en el que la comunicación y la empatía prevalecen por encima de todo. Porque no se trata únicamente de las emociones propias, sino también de las ajenas.

Familias con inteligencia emocional

Los niños en las familias con inteligencia emocional

Una actitud sobreprotectora hacia los niños es tan perjudicial como una actitud de dejadez. La infancia necesita atención y educación porque de lo que aprendan en ese periodo va a depender su salud emocional en el futuro.

Sobreproteger a los niños para que no sufran no es la mejor forma de que aprendan a gestionar sus emociones, como tampoco lo es dejarlos a su suerte cuando han tenido un disgusto en el parque o cuando se han sentido rechazados por otros niños.

No "son cosas de niños". Las emociones son cosas de niños y de adultos, por eso las familias con inteligencia emocional se preocupan de explicar a los niños la importancia de no evitar emociones negativas o positivas, de que aprendan a identificarlas y a trabajar con ellas. El objetivo: niños más felices capaces de relacionarse con otros niños de forma más saludable.