Ansiedad somatizada: enfermedad física o enfermedad mental

Todo lo que debes saber sobre la ansiedad somatizada

Laura Sánchez
Laura Sánchez Periodista

Tu médico de cabecera busca una solución a tu problema, te receta algún medicamento que no funciona, te receta otro que tampoco. Te manda al especialista, pero no encuentra la causa de lo que te ocurre. ¿Te lo estás inventando? ¿estás intentando llamar la atención? No. Seguramente estás somatizando tu trastorno de ansiedad.

La ansiedad somatizada

El malestar emocional o mental se manifiesta a través de determinadas dolencias físicas. Eso es la ansiedad somatizada, un mal cada vez más frecuente y que se relaciona tanto con esa incomprensión que deriva de la ansiedad como con los problemas que supone la hipocondría. Convivir con un problema físico al que no se le encuentra una solución no es fácil, ni para la persona que lo sufre, ni para sus allegados, ni siquiera para los médicos que la tratan.

Sin embargo, no estamos ante una enfermedad fingida ni siquiera ante las consecuencias de ser una persona hipocondríaca. Estamos simplemente ante una ansiedad somatizada, en donde el trastorno emocional se manifiesta en forma de determinadas molestias físicas que no desaparecen por más tratamientos que reciban. Y si no desaparece la dolencia física, eso es porque el tratamiento no ha llegado hasta su origen, que no es otro que la ansiedad.

Nos podemos hacer una idea de la larga peregrinación médica que supone una ansiedad somatizada, donde ningún médico encuentra un origen a ese malestar y donde los sucesivos tratamientos no evidencian ningún resultado positivo. Por otra parte, la falta de respuestas médicas al problema no hará sino aumentar la ansiedad.

Diferentes formas de somatizar la ansiedad

La ansiedad somatizada se manifiesta generalmente en forma de molestias gastrointestinales, como náuseas, vómitos, dolor abdominal, diarreas o incluso intolerancias alimentarias que no existían previamente y que no responden a ningún tratamiento. También se pueden presentar síndromes como la fatiga crónica e indicios de fibromialgia.

El dolor, en todas sus vertientes e intensidades es otra de las somatizaciones más frecuentes de la ansiedad. Dolores inexplicables que no se alivian con ningún tratamiento y que pueden ser dolores de cabeza, musculares, en las articulaciones o el clásico dolor de espalda.

Hay que tener también en cuenta otras somatizaciones de la ansiedad que suelen atemorizar a la persona que las sufre por no encontrar una explicación, como la dificultad para masticar, la pérdida auditiva, la amnesia, la visión borrosa o el desfallecimiento, así como los mareos, la irregularidad menstrual o la debilidad muscular.

 

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