Ataque de pánico: la peor cara de la ansiedad

Laura Sánchez, Filóloga

Un ataque de pánico o el trastorno de pánico es uno de los tipos de ansiedad más temidos. Quienes han sufrido algún ataque de pánico en su vida no pueden olvidar el terror que han experimentado. En efecto, se trata de una situación angustiosa hasta extremos inexplicables, pero la verdad es que el ataque de pánico se pasa en unos minutos.

Aunque el ataque de pánico sea un episodio temporal, estamos ante uno de los trastornos de ansiedad más peligrosos ya que el propio miedo a sufrir otro ataque puede generarlo, así como mantenernos en un estado de ansiedad generalizada. Como siempre en los casos más complicados, antes de luchar, necesitamos conocer los secretos del enemigo. Conocemos a fondo los ataques de pánico.

Qué es un ataque de pánico

Puede empezar de repente, sin ningún motivo aparente. De repente empiezas a respirar más rápido, te notas agitada, nerviosa, la taquicardia te da miedo y el hormigueo hace que dejes de notar piernas y brazos. La confusión se instala en tu cabeza, parece que vas a perder el control, es como si te estuvieras escapando de la realidad, seguramente vas a volverte loca, no, casi con seguridad, vas a morir.

Más o menos estos son los síntomas de un ataque de pánico, a los que se pueden sumar sudores, temblores, mareos, náuseas o sensación de asfixia. Solo imaginarlo provoca pavor. Sin embargo, un ataque de pánico tiene un punto final unos 15 o 20 minutos después de haber empezado. Unos minutos que pueden parecer eternos pero que terminan. Siempre.

El principal problema del trastorno de pánico es que produce lo que se llama ansiedad anticipada. Es decir, una vez que has sufrido un ataque de pánico, el propio temor a sufrir otro te genera más ansiedad, más nerviosismo, más preocupación y más trastornos del comportamiento hasta el punto de llegar a no salir de casa para no exponerte a situaciones estresantes.

Prevenir los ataques de pánico

Lamentablemente no tenemos ningún truco para frenar un ataque de pánico. El recurso de respirar profundo o respirar en una bolsa de plástico puede ayudarnos a retomar el control en los primeros síntomas, pero si el ataque de pánico ya ha empezado solo podemos esperar que pase. Porque pasar, se pasa.

Lo que sí podemos hacer es prevenir en cierto modo esos ataques de pánico. Nada mejor que la terapia cognitiva para superar el miedo a sufrir otro ataque de pánico y para aprender a manejarnos en las situaciones que nos producen más ansiedad. Además, para los casos más graves, también se recomienda el tratamiento farmacológico a base de antidepresivos y ansiolíticos con las debidas precauciones.

En todo caso, ya que la sensación de angustia y pérdida de control de un ataque de pánico es muy difícil de olvidar, no estaría mal que tampoco olvidáramos que se trata tan solo de un episodio de unos minutos y de la manifestación de un estado general de ansiedad. Es ahí donde tenemos que intervenir, aprendiendo cuando antes a manejar la ansiedad. Será entonces cuando los ataques de pánico sean solo un mal recuerdo del pasado.

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