'Lo hago todo mal': mejorar la autoestima aceptando que no somos perfectas

Laura Sánchez, Filóloga

Lo hago todo mal. El motivo puede ser que tengo mala suerte, que el destino ha planeado para mí una vida de sinsabores o que soy rematadamente inútil. El caso es que lo hago todo mal. Se trata de un sentimiento muy frecuente cuando los problemas de autoestima hacen su aparición, minando nuestra confianza, resaltando los fallos y ocultando las capacidades. Vamos a mejorar nuestra autoestima aceptando que no somos perfectas.

Todo lo hago mal

Todo lo hago mal. No puedo definirme de forma positiva porque soy bastante inútil. La mayoría de las personas poseen una cualidad o capacidad que pueden resaltar, unas son más sociables, otras son muy voluntariosas, otras son intuitivas, otras son guapas, otras son expertas en algo, otras son habilidosas....yo no destaco por nada. Y es por eso que todo lo hago mal.

El jefe está descontento con mi rendimiento, nunca consigo una relación de pareja duradera, no soy la reina de las fiestas y la verdad es que no se me da bien nada. ¿Estás segura de eso? ¿Estás segura de que no eres buena en nada? Muchas veces nuestras habilidades quedan ocultas entre fracasos porque no dejamos que salgan a la luz, ni siquiera nos molestamos en explorarnos a nosotras mismas buscando eso que se nos da tan bien hacer, que generalmente coincide con eso que nos hace feliz.

Aceptar que no somos perfectas

Es imposible que una persona lo haga todo mal. Partiendo de esa base, la pobre valoración que tenemos de nosotras mismas nos convierte en personas inútiles, incompetentes y poco capaces. Pero se trata de uno más de esos pensamientos automáticos generados por la baja autoestima que, además de ser negativos, son irreales. La realidad es que no podemos hacerlo todo mal, pero tampoco podemos hacerlo todo bien.

La baja autoestima genera una percepción de inutilidad que viene unido a una crítica exagerada y destructiva de nosotras mismas. No pensamos de los demás que lo hagan todo mal, la ineptitud total y absoluta es un concepto que nos reservamos para nosotras mismas. Pero debemos ser realistas y aceptar los fallos como parte de nuestra condición humana. Porque no podemos pretender ser perfectas.

De los errores se aprende, si queremos aprender. Si una vez lo hemos hecho mal, la siguiente lo haremos mejor. Y si vivimos envueltas en un despropósito de errores es porque estamos en el punto vital equivocado. Tal vez sea el momento de cambiar, de indagar en nuestro interior las cosas que hacemos bien, de probar y de experimentar hasta sentirnos cómodas.

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