'Soy débil': ejercicios de autoestima para sentirte más fuerte

Laura Sánchez
Laura Sánchez Periodista

Soy débil. Los problemas de autoestima generan una serie de pensamientos automáticos, negativos e irracionales que terminan por determinar nuestro comportamiento. Cuando una persona no se quiere lo suficiente, tiende a resaltar y magnificar cualquier característica negativa. ¿Te sientes débil? No es que seas débil, es que la baja autoestima ha paralizado tu fuerza, pero está ahí. Vamos a encontrar esa fuerza que tienes.

Por qué eres débil

No lo eres, pero estás convencida de que eres débil. Eres débil porque no puedes superar tus temores, porque temes intervenir en público y hacer el ridículo, porque intuyes que tú también tienes ideas interesantes que exponer en tu grupo de amigos o en el trabajo, pero no te decides a hacerlo, porque finalmente, piensas que tus ideas no valen nada. También te crees débil porque vives sujeta a la opinión de los demás.

Crees que eres débil porque no has logrado tus sueños, porque cada vez que te ilusionas con algo o con alguien, se desvanece entre la frustración, porque no puedes alejar de tu cabeza ese sentimiento de inferioridad, de incapacidad o de ineptitud. También te crees débil porque miras a tu alrededor y la gente parece ser más feliz que tú, les salen las cosas bien, construyen sus vidas mientras la tuya se mantiene flotando con dificultad a la deriva.

Cómo sentirte más fuerte

Pero no eres tan débil como crees. Todas tenemos una gran fuerza en nuestra interior que podemos descubrir en esos momentos en los que más la necesitamos. Sentirte inferior, dejarte vencer por la opinión de los demás y pensar que no vales nada es el mejor momento para buscar esa ayuda que se esconde en tu interior.

Uno de los ejercicios de autoestima para dejar de sentirte débil es hacer una lista con tus objetivos frustrados y tus objetivos conseguidos. Leyéndola sabrás lo que tú consideras objetivos. Pero no hablamos de granes metas en la vida, sino de las obligaciones y caprichos diarios. ¿Has conseguido hacer ese pastel de manzana?, ¿has logrado realizar ese trámite burocrático que no hacías más que posponer?, ¿te has decidido, por fin, a cumplir tu visita anual al dentista o al ginecólogo?

El siguiente paso es hacer dos listas, una de obligaciones y otra de deseos. Procura que ambas sean realistas. Según vayas consiguiendo objetivos de la lista de obligaciones, táchalo y prémiate consiguiendo tachar un deseo de tu lista de caprichos. Con esto se consiguen dos cosas muy importantes: darte cuenta de que poco a poco puedes ir logrando tus objetivos y disfrutar de los placeres que te permites. Porque también te lo mereces.