Caída de pelo por estrés: ¿cómo combatir la alopecia?

Andrea Collantes

Una mala alimentación, la falta de hierro o la genética, entre otras, pueden ser algunas de las principales causas de la caída del cabello. Además, si nos vemos expuestos a altos periodos de estrés, la alopecia se convierte en una de sus fatídicas consecuencias para nuestro cuerpo.

Mediante la liberación de neurotransmisores y otros mensajeros químicos, el estrés actúa dañando los folículos pilosos haciendo que el pelo de cualquier parte del cuerpo se debilite y se caiga.

La forma de calvicie que más se identifica con el estrés, es la alopecia areata que se caracteriza por la caída repentina del cabello de ciertas zonas bien delimitadas de cualquier parte de nuestro cuerpo. La caída no es definitiva si no que al cabo de un tiempo vuelve a crecer.

Sin embargo, si se da una alopecia total en el cuero cabelludo, las probabilidades de que éste vuelva a crecer son poco probables.

Como dato curioso, es interesante que generalmente el pelo blanco resiste a la caída y, cuando el que se ha caído vuelve a crecer, lo hace con un color blanquecino en la raíz hasta que empieza a coger su tono natural.

Cómo combatir la alopecia por estrés

Hay ciertos hábitos en nuestra rutina diaria que, aunque no lo creamos, pueden incrementar nuestro estrés. El desorden, una alimentación alta en grasas, hidratos de carbono y azúcares, no descansar las horas diarias recomendadas o la falta de ejercicio, son algunos de los hábitos más contraproducentes.

Al tratarse de una alopecia  nerviosa, el tratamiento más efectivo para ahondar en los motivos reales que nos han causado ese estrés emocional, es la psicoterapia. De este modo, conseguiremos vencer al estrés y el cabello volverá a crecer nuevamente.

En cuanto a los posibles tratamientos capilares, por lo general no suelen funcionar a la hora de paliar la caída del pelo por estrés pero, una vez diagnosticado y que vuelva a crecer de nuevo, es recomendable realizar un tratamiento fortificador de las raíces capilares como las infiltraciones subcutáneas de aminoácidos.