El impacto del insomnio en el mundo: reflexiones para no dormir

Laura Sánchez
Laura Sánchez Periodista

Según la Organización Mundial de la Salud, un 40 % de la población mundial sufre algún trastorno del sueño. Vista esta cifra desde otro punto de vista, un tercio de la población tiene problemas para dormir. Resultan unos datos alarmantes, unos datos para no dormir y que además van en aumento, porque estamos muy lejos de resolver los problemas de insomnio.

Cada vez dormimos peor

Parece que cada vez dormimos menos y dormimos peor. No se trata de un problema localizado geográficamente, sino de un asunto mundial. Incluso en el Tercer Mundo se observa un aumento de los casos de insomnio. ¿Por qué no dormimos? Podría decirse que el insomnio se ha convertido en uno de los grandes éxitos de la globalización, si no fuera por las graves consecuencias que derivan de dormir mal.

Que se ha reducido nuestra calidad del sueño es algo más que evidente. No lo son tanto los motivos. Y es que enemigos del sueño encontramos por todos los lados, como el estrés, la ansiedad o determinados trastornos emocionales, tan frecuentes en esta sociedad en la que se nos impone un ritmo acelerado sin tiempo para encontrar respuestas.

Los tiempos modernos parecen marcados por los problemas de insomnio, por las prisas, por la falta de tiempo, por el exceso de responsabilidades, por la presión, por la competitividad y, por si fuera poco, aquí están ya las nuevas tecnologías para meterse en la cama con nosotras y no dejarnos dormir. El insomnio parece un problema angustioso sin solución, pero lo cierto es que el insomnio tiene cura.

Demonizar el sueño

No deja de sorprendernos el tratamiento que se ha hecho del sueño en las últimas décadas. Dormir poco es símbolo de competitividad, de eficacia, de esfuerzo, de actividad, de inquietud, mientras que dormir bien se asocia con personas perezosas, poco resueltas y con pocas ganas de vivir. Se ha conseguido demonizar el buen dormir en favor de mentes confusas que se mantengan activas durante todo el día, aún a costa de que esa actividad acabe por pasarles factura.

Resulta que la realidad es todo lo contrario. Resulta que una persona que duerme las horas que necesita, que además duerme bien y que reserva escrupulosamente un tiempo para dormir y descansar se convierte en una persona más eficaz, con más capacidad de concentración y de resolución de problemas, con mejor salud y, sobre todo, en una persona más feliz.

Que cada vez más gente en todo el mundo sufra problemas de insomnio no puede hacernos creer que se trata de un trastorno inevitable. El insomnio no es inevitable y buscaremos cualquier remedio para dormir. Porque lo que sí es inevitable es la necesidad de un sueño reparador cada noche.

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