La hora de la siesta, un arma de doble filo para el insomnio

Laura Sánchez
Laura Sánchez Periodista

Justo después de comer te entra un deseo irrefrenable de ponerte cómoda, recostarte en el sofá y en la cama, taparte con una manta, cerrar los ojos y dormir un sueño reconfortante y reparador. Son muchos los beneficios de la siesta y además están reconocidos médicamente. Pero cuando por las noches tenemos un problema de insomnio, la adorada siesta tal vez no sea la mejor opción.

Los beneficios de la siesta

La siesta no es únicamente un momento de descanso que nos pide nuestro cuerpo. Es también un momento tan reparador como el sueño nocturno. Diversos estudios presentan los beneficios de la siesta en forma de una limpieza mental que nos prepara para estar más activas en la segunda parte de la jornada. Mayor concentración y los sentidos más despiertos nos acompañarán el resto del día con una buena siesta.

Para que una siesta sea beneficiosa y no perjudicial debe hacerse justo después de comer, nunca cuando la tarde ya está avanzada. Además, cuando se habla de los beneficios de la siesta no se refiere a esas siestas de pijama y orinal de las que tanto gustaba Camilo José Cela, sino de una siesta breve de entre 20 y 30 minutos. Algunos científicos de la NASA, incluso, se han atrevido a establecer en 26 minutos el tiempo de una siesta perfecta.

Al igual que el sueño nocturno, una siesta reparadora necesita oscuridad, un ambiente tranquilo y libre de ruidos y mucha relajación. De esta manera, la siesta supone uno de los mejores hábitos para una buena calidad de vida. Sin embargo, la cosa cambia cuando nos enfrentamos a un problema de insomnio. En este caso, la siesta puede convertirse en un enemigo más del sueño.

La siesta para el insomnio

La siesta está prohibida para las personas que sufren de insomnio. Así de contundentes se muestran los especialistas del sueño en este asunto de la siesta que no deja de ser contradictorio. Porque es cuando no podemos dormir por la noche, cuando nos hemos despertado mil veces, cuando no hemos descansado, cuando más necesitamos una siesta. Y sin embargo, no es conveniente, porque eso puede impedirnos dormir por la noche, una vez más.

Es cierto que es muy difícil decirle a una persona que no ha pegado ojo en toda la noche, que ha tenido una mañana horrible en el trabajo porque estaba agotada, porque no podía concentrarse, que renuncie a la siesta. Pero se trata de aguantar un día en malas condiciones con el fin de llegar a la noche y poder dormir. La siesta es un "parche" cuando hay un trastorno del sueño y lo que tenemos que hacer es solucionar el origen del problema. Una siesta va a restar horas al sueño nocturno, con lo que se hará imposible recuperar el ciclo del sueño así como su calidad.

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