Técnicas de relajación para combatir el insomnio

Laura Sánchez
Laura Sánchez Periodista

Los problemas para dormir van en aumento en una sociedad dominada por las prisas, las presiones y el estrés. Muchos de los casos de insomnio se producen porque somos incapaces de desconectar del trabajo, de afrontar los problemas eficazmente o de enfrentarnos a los contratiempos de forma saludable.

En definitiva, no sabemos relajarnos, no sabemos distinguir cuándo debemos estar alertas y cuándo bajar la guardia para recuperar la energía gastada. La relajación resulta imprescindible para combatir el insomnio.

Un ejercicio de relajación sencillo

Existen infinidad de técnicas de relajación, unas más complicadas que otras. Algunas necesitan de un profesional que te enseñe a llevarlas a cabo y otras puedes hacerlas tú misma. Sea como sea, necesitas encontrarte en un estado relajado a la hora de acostarte. De otra forma, no podrás dormir bien.

Una sencilla técnica de relajación es lo que se conoce como relajación progresiva. Sentada o tumbada ya en la cama debes relajar los músculos de todo el cuerpo progresivamente empezando por los pies, concretamente por los dedos de los pies. Tensa en primer lugar los dedos de los pies y mantenlos durante 10 segundos. Relájalos y ve repitiendo este ejercicio de forma ascendente con todo tu cuerpo.

Si tu problema de insomnio no es crónico o grave, puede que antes de que alcances a relajar los músculos del cuello ya te hayas dormido o, al menos, hayas conseguido centrarte en tu descanso y no pensar en las preocupaciones. Porque el objetivo de las técnicas de relajación no es únicamente el cuerpo o rebajar la tensión muscular, sino también actuar contra la tensión mental.

Prepárate para la relajación

Los ejercicios de relajación requieren práctica, pero también poner el ánimo en modo sosiego, es decir, debes prepararte para el momento de relajación. Ante todo, debes comprender que no solo te mereces un momento de relajación antes de acostarte, sino que además lo necesitas. Así que no dudes en rodearte de todo lo que favorezca la tranquilidad.

Puedes darte un baño relajante después de cenar, puedes dejar que te den un masaje, puedes optar por leer unos capítulos de un libro o bien escuchar música relajante. Si además, te rodeas de aromas que promueven la tranquilidad y el sosiego mental, como la lavanda, conseguirás llegar a la cama sintiéndote feliz, pero no eufórica, sino tranquila.

No descartes ninguna técnica de relajación que te ayude a liberar tu mente de pensamientos negativos, de preocupaciones y de inquietudes que no te dejan dormir. Técnicas como el yoga o la meditación también predisponen cuerpo y mente a la relajación, así como los ejercicios de respiración, fundamentales a la hora retomar el control.