Nutrigenética: dime qué comes y te diré si adelgazarás

Con el estudio de tus genes sabrás qué alimentos procesas mejor

Lidia Nieto

 Nutrigenética: dime qué comes y te diré si adelgazarás

Empezar una dieta requiere haber hecho un ejercicio mental antes. Tienes que tener una buena predisposición y también fuerza de voluntad para decir que no a esas tentaciones que llevan por nombre helados, patatas fritas, salsas... 

Miramos por internet las que hacen las famosas y también le preguntamos a algún amigo o conocido sin pararnos a pensar que cada pesona tiene unos condicionamientos diferentes que influyen en su manera de asimiliar los alimentos y en cómo su cuerpo los metaboliza. Quizás esto te puede sonar un poco a chino, pero existe una disciplina, la Nutrigenética, que es la rama de la genética que se encarga de estudiar la relación entre nuestros genes y la respuesta del organismo de una persona a dieta. A través de la Nutrigenética conoceremos cómo quemamos la grasa, qué nutrientes se absorben o cómo o con qué rapidez se transforman. Para conocerlo, explica la nutricionista Aldara Fernández, "es posible realizar un test en el que mediante un análisis de saliva se descubre cómo interacciona cada persona con cada nutritiente y cuáles de ellos se deben fomentar o reducir, dependiendo del objetivo que un paciente tenga: perder peso, controlar los niveles de azúcares, mejorar la digestión...".

Otra de las ventajas que nos ofrece la Nutrigenética es que nos puede ayudar a llevar una dieta y unos hábitos de vida saludables porque con esta prueba estamos conociendo también nuestra predisposición a padecer enfermedades identificadas con nuestro ADN (diabetes, hipertensión, intolerancia a la lactosa) y que se pueden llegar a prevenir con ciertas pautas. "Y es que tener predisposión no significa que vayan a padecerse, ya que hay más factores que las desencadenan y sobre los que se pueden actuar", aclara Aldara Fernández. 

Pero lo que siempre decimos y no nos cansaremos de repetir es que de nada sirve hacer una dieta si esta no va acompañada de alguna actividad física. Y no hablamos de irse al gimnasio tres horas todos los días, hablamos de andar al menos 30 minutos al día o montar en bici, cosas que pueden estar presentes en nuestra jornada de trabajo y que no resulten incompatibles con nuestro día a día.