Relajar cuerpo y mente con la respiración

 

Relajar cuerpo y mente con la respiración

Cuando nacemos las primeras cosas que hacemos por nosotros mismos, sin que nadie nos diga cómo, son respirar y llorar. Afortunadamente pronto comprendemos que la segunda es apenas una herramienta de comunicación, mientras que la primera es condición indispensable para la vida.

Pero no por instintiva que sea la respiración, no todos la hacemos correctamente. Las causas podrían estar quizás en que durante el crecimiento incorporamos malos hábitos o en algún defecto físico, como el tabique desviado, por ejemplo, que impide el correcto paso del aire desde la nariz hasta los pulmones.

Lo cierto es que de una respiración adecuada depende en gran medida el funcionamiento del organismo como sistema y que el proceso comienza desde que inhalamos el aire y este llega a los pulmones para oxigenarlos, vigorizar el flujo sanguíneo, y favorecer, entre otras acciones, la eliminación de las toxinas resultantes del metabolismo humano.

Existen técnicas,desarrolladas por los practicantes del yoga, que optimizan el proceso de la respiración y permiten darle un mejor uso a los pulmones. Estas, de paso, alivian la tensión de los músculos del pecho y la espalda y ayudan a prevenir o curar enfermedades respiratorias.

Se ha comprobado además, que existe una interacción entre los estados emocionales y la respiración, pues su ritmo varía en dependencia de si estamos tensos, relajados, en reposo o movimiento. El yoga ayuda a concientizar esas diferencias y ponerlas en función su salud.

Relajar cuerpo y mente con la respiración

Pero estas técnicas requieren un proceso de aprendizaje que al principio nos tomará tiempo y concentración, pero que luego reportará notables beneficios. El sencillo acto de inhalar y exhalar profundamente, por ejemplo, nos brinda una inigualable sensación de bienestar; mientras la llamada respiración completa -la suma de la respiración abdominal, torácico y clavicular- permite relajar el cuerpo y la mente.

La respiración abdominal o diafragmática es la técnica más sencilla. Acostada en el suelo, apoya las dos manos en el vientre. Inhala de manera lenta y profunda por la nariz y ve dilatando voluntariamente el abdomen, concentrando allí toda la energía. Retén el aire durante unos segundos y exhala poco a poco, hasta contraer el abdomen por completo.

Al principio puede resultar difícil dilatar voluntariamente el abdomen, por lo que es conveniente colocar un libro ligero sobre el vientre y chequear su movimiento en la vertical y así comprobar que estamos realizando el ejercicio correctamente.

La respiración torácica o costal se realiza también acostada en el suelo pero con las manos sobre el tórax, concentrando allí la energía. Sin mover el abdomen, inhala, prestando atención a cómo se abren las costillas al entrar el aire. Luego exhala despacio, tratando de tomar conciencia de cómo se cierra la caja torácica.

Para practicar la respiración clavicular o alta deberás acostarte nuevamente y ponerte las manos en el pecho o las clavículas. Inhala y exhala por la nariz, sintiendo cómo las clavículas se juntan y se separan apenas. Es importante que sepa que este tipo de respiración es insuficiente para el organismo y no conviene realizarla sola durante mucho tiempo.

Una vez que haya conseguido dominar las diferentes técnicas por separado, estará lista para la llamada respiración completa que se realiza en la misma postura pero haciendo coincidir la inhalación con la dilatación primero del abdomen, luego del tórax y por último, de la zona clavicular. Para exhalar, siga el mismo orden, "vaciando" primero el abdomen, luego el tórax y finalmente las clavículas.

Dos sesiones completas de estas técnicas a la semana, realizadas en cualquier horario aunque se recomiendan la mañana, bastarán para ampliar su capacidad pulmonar, armonizar el cuerpo y prevenir las enfermedades respiratorias tan frecuentes en esta época del año.

Esperanza Díaz  •  lunes, 26 de octubre de 2009

DF Temas

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