El peligro de sumisión por la baja autoestima: tu personalidad es lo primero

Laura Sánchez
Laura Sánchez Periodista

Por más que nos propongamos confiar en el género humano, no podemos presuponer en todas las personas ese ideal de bondad y tolerancia que se necesita para vivir en paz y libertad.

Hay personas que se aprovechan de nuestras debilidades y que en cuanto intuyen algún problema de autoestima, se lanzan a por esa persona para convertirla en su marioneta. Protégete del riesgo de sumisión por la baja autoestima.

Formas de sumisión por baja autoestima

Tener un pobre concepto de una misma abre el camino a todas aquellas personas manipuladoras y sin escrúpulos que necesitan rodearse de siervos en su día a día. La sumisión no es algo exclusivo de las relaciones de pareja, sino que también se encuentran en las relaciones sociales, en las familiares y en el trabajo.

Cuando no nos queremos a nosotras mismas, tampoco nos respetamos, ni nos valoramos, ni nos creemos que nos merecemos ser felices. Pensamos que todo lo negativo que nos rodea nos lo merecemos porque, al fin y al cabo, no valemos nada. Y eso es lo que utilizan ciertas personas tóxicas para sacar provecho de nuestra situación de debilidad emocional.

Vivir en una relación de pareja protagonizando el papel de sumisa puede acabar con nuestra personalidad, además de bajar la autoestima a niveles inaceptables. De igual forma, se puede mantener una relación de sumisión con los amigos, siendo incapaces de decir "no" y estando a su completa disposición. Este panorama puede repetirse en el ambiente familiar y también en el laboral.

Cómo evitar la sumisión

El primer paso para dejar de ser una persona sumisa y moldeable al antojo de los demás es recuperar la autoestima. Una persona debe respetarse a sí misma para que los demás la respeten. Y una persona respetada es una persona segura, confiada e independiente. Por eso, si alguien no te quiere así, es que realmente no te quiere.

Uno de los mejores ejercicios para mejorar la autoestima es aprender a decir "no". Al principio, la persona dominante se quedará sorprendida, pero con el tiempo, empezará a valorarte más si te niegas a hacer cosas que no te corresponden. Esto es algo que sirve en todos los ámbitos de la vida.

Aunque el único medio de terminar con la actitud de sumisión es lograr la independencia. Una persona independiente sabe lo que vale, está capacitada para reaccionar y para hacer frente a las adversidades y no necesita que nadie acuda en su ayuda.