El estrés engorda a la mujer

Los efectos del estrés en nuestro estado anímico

Napoleón Fernandez

El estrés es uno de los males de la sociedad moderna. Sus efectos se esparcen por todo el organismo como un tóxico letal. En las mujeres en particular, el estrés se puede reflejar en la ganancia o pérdida de peso, lo que a su vez se convierte en un nuevo motivo de estrés.

La hormona del estrés

Entre las explicaciones a los casos de obesidad que tienen su origen en el estrés crónico los especialistas citan que en esa situación el organismo estimula la producción de la llamada hormona del estrés, cortisol, y de insulina; dueto que aumenta el apetito y las ganas de comer dulces y féculas, lo que se conoce como "alimentación hedonista".

Esa manera de comer incrementa los depósitos de grasa, entre los que sobresale el hígado que deberá multiplicar su actividad en condiciones que perjudican su funcionamiento y que en muchos casos termina haciendo resistencia a la insulina, estadio previo a la diabetes del tipo 2, que también produce un incremento del apetito.

El estrés aumenta el apetito de la mujer

Cuando comemos buscando poner remedio al estrés, es el cerebro quien nos hace sentir complacidas, pero cuando ese efecto se disipa, volvemos a sentir deseos de ingerir las papas fritas, helados y demás alimentos de engorde que nos han relajado, creando un círculo vicioso claramente perceptible en la báscula y en las adiposidades que vamos acumulando en nuestro cuerpo.

Es recomendable entonces aprender a distinguir cuándo nuestros deseos de comer se corresponden con "hambre" y cuándo se trata de un síntoma de estrés. Comprender cómo las emociones estimulan el apetito, nos permitirá desarrollar estrategias para alimentarnos mejor pues es un mito eso de que podemos resistir las tentaciones —incluidas las comestibles— sólo con fuerza de voluntad.

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