¡Abajo la culpa! Bienvenida la responsabilidad

No dejes que este sentimiento te paralice

Amaya de Miguel

 ¡Abajo la culpa! Bienvenida la responsabilidad

Si eres madre, si lo piensas ser en algún futuro o si no lo eres, seguro que en algún momento de tu vida te has sentido culpable. Culpable porque has gritado a tus hijos. Culpable porque no has conseguido llevar a cabo todo lo que te habías propuesto a lo largo del día. Culpable porque te has equivocado en el trabajo. Es difícil encontrar a una sola mujer en la faz de la tierra que no haya experimentado la culpa. Tus amigas, tus hermanas, tus compañeras de trabajo, tu propia madre, ¡tú misma!

¿De dónde viene la culpa?

La culpa  viene de las expectativas imposibles que se han impuesto sobre las mujeres. Hoy en día tenemos que ser buenas madres, buenas amas de casa, buenas trabajadoras, buenas amantes, hijas, esposas, amigas… ¡Buenas en todo! Y con una carga de trabajo tremenda que nos hace estar cansadas y, en muchos casos, de mal humor. ¡No es justo!

Cuando sentimos que no llegamos a todo, cuando nos damos cuenta de que no hacemos cosas “perfectas”, sentimos que no llegamos a esas expectativas y nos sentimos fatal. ¡Ha llegado la culpa!

+ ¿Cómo nos hace sentir la culpa y por qué no es buena?

La culpa nos hace sentir pequeñas, impotentes, incapaces. Creemos que no somos suficientemente buenas, que estamos haciendo un daño tremendo a los demás. Cuando nos asalta el sentimiento de culpa, nuestra reacción consiste en castigarnos a nosotras mismas, tratarnos mal y sentirnos miserables. Nos convertimos en una mala enemiga.

sentimiento de culpabilidad

Lo peor de todo es que la culpa no te permite actuar. Al contrario: te paraliza. Y te quedas así, sintiéndote mal, esperando a que la situación se repita y tú vuelvas a actuar de la misma manera.

+ La culpa te etiqueta

Cuando nos sentimos culpables, nos ponemos etiquetas a nosotras mismas: “Siempre grito a mis hijos”. “Soy una mala madre, paso poco tiempo con ellos”. “Soy incapaz de tratar bien a mis padres”. “Siempre discuto con marido”. “Soy un desastre, jamás lograré tener la casa ordenada”.

Esas etiquetas se graban a fuego en nuestro cerebro. De manera que cuando la situación se repite, actuamos como hemos enseñado a nuestro cerebro. ¡Le hemos convencido de que somos así, y de que no hay nada que hacer! Siempre se puede hacer algo. Siempre hay solución y espacio para mejorar. 

+ Cambia la culpa de mochila

Soy mentora de mujeres que cargan con mochilas llenas de culpa. Si a ti también te ocurre, necesitas una mochila nueva: la mochila de la responsabilidad. Vuelca todos tus sentimientos de culpabilidad en esta mochila nueva. Te sentirás mucho más ligera y, además, ¡podrás mejorar la situación!

Qué es la responsabilidad

La responsabilidad consiste en hacerse cargo del problema. Porque cuando eres responsable de algo, tomas decisiones. No te quedas paralizada pensando que las cosas van a ser siempre así, como si fueras una víctima de tu propia ineptitud. Cuando eres responsable, reflexionas y resuelves, cambias lo que no funciona, actúas. La responsabilidad exige trabajar en varias fases para solucionar lo que no funciona:

+ Escucha la voz de la culpa, pero no dejes que te haga sentir mal. Esa voz es tu intuición, te dice que hay algo que no funciona bien, algo que te molesta y no te gusta. Algo que quieres cambiar.

+ Observa la situación. ¿Por qué he reaccionado de esta manera? ¿Por qué actúo así? ¿Qué es lo que me resulta difícil en esa situación?

+ Piensa en alternativas. Imagina cómo podrías reaccionar la próxima vez. ¿Tal vez necesitas anticiparte al problema, y así evitarlo? ¿Necesitas cambiar las rutinas, o tus expectativas? ¿Necesitas aprender estrategias para manejar mejor ese tipo de situaciones? ¿Necesitas pedir ayuda porque estás demasiado agobiada?

+ Compensa las carencias. Si no hay solución, acepta la realidad e intenta compensarla cuando puedas. Si, por ejemplo, te sientes culpable porque trabajas mucho y pasas poco tiempo con tus hijos, intenta compensar tu ausencia los fines de semana, o prueba a pedirle a tu pareja que se reduzca la jornada, o asegúrate de que la persona que está con los niños es tan cariñosa y respetuosa como a ti te gustaría.

+ Trátate bien, siempre. No te machaques. Imagínate que eres tu mejor amiga. Compréndete, entiende tus circunstancias y apóyate a ti misma.

+ Recuerda que eres imperfecta, que hay cosas que haces mejor y otras que haces peor. ¡Y eso te hace más humana! No busques la perfección porque no existe y, si existiera, el mundo sería un lugar horrible.

A partir de ahora, cada vez que te visite la culpa, escúchala. ¡Pero no dejes que te gane! Cámbiala por responsabilidad. No permitas que la culpa te haga sentir la peor mujer del mundo. Porque no lo eres. Eres, como las demás, como lo fueron nuestras madres y nuestras abuelas, suficientemente buena. Y con eso, basta.