Lecciones que aprendemos cuando pedimos perdón

¿Te cuesta disculparte?

Laura Sánchez
Laura Sánchez Periodista

'Errare humanum est'. Esta frase en latín se atribuye a San Agustín, aunque muchos autores pre cristianos ya apuntaban en esa misma dirección. Equivocarse es humano, todo cometemos errores y, ¿qué hacemos cuando nos equivocamos? Pues a veces rectificamos y otras veces miramos para otro lado, pero siempre deberíamos pedir perdón. Estamos reflexionando sobre las lecciones que aprendemos cuando pedimos perdón. ¿Te cuesta disculparte?

Lo que pasa cuando pedimos perdón

De la misma forma que a muchas personas les cuesta mucho decir 'te quiero', a otras les resulta muy complicado verbalizar un 'lo siento'. Pedir perdón no es fácil, es incluso más difícil que perdonar y por eso se dice que pedir perdón es de valientes. Seguro que te ha pasado más de una vez que has hecho daño a alguien y cuando te has dado cuenta te has sentido fatal, pero no te sale disculparte. Hay que intentarlo, porque pedir perdón tiene muchos beneficios.

Recuperamos la calma

Vale, hemos metido la pata y por nuestra culpa alguien se está sintiendo fatal. Tal vez ha sido algo que hemos dicho, algo que hemos hecho o algo que no hemos hecho, pero da igual. Ahora ya hay dos personas sintiéndose mal: la persona a la que hemos hecho daño y nosotras. Sí, porque ese sentimiento de culpabilidad y la sensación de que somos malas personas no se van a ir así por así.

La calma solo la podemos recuperar si pedimos perdón, si nos disculpamos sinceramente. Y el resultado de esa disculpa no importa tanto para nuestra tranquilidad como formularla. Siempre es mejor que nos perdonen, por supuesto, pero el alivio es inmediato en cuanto verbalizamos ese: 'lo siento'.

Cuando pedimos perdón, reconocemos un error

Tal vez lo que hemos hecho no tiene perdón, pero hay que pedirlo igualmente porque el objetivo es reconocer el error ante la persona agraviada. ¿Para qué sirven los errores? Sirven para aprender de ellos y no podemos aprender nada si antes no los reconocemos. La autocrítica se hace necesaria ante un caso en el que debes pedir perdón, algo que hay que practicar en conjunto con la introspección.

¿Por qué me he comportado así?, ¿cómo puedo reducir las consecuencias negativas? o ¿cómo puedo solucionar el error? son preguntas que debemos hacernos pero después. Lo primero es aceptar que nos hemos equivocado y los segundo es pedir perdón desde del corazón.

Reconocemos las consecuencias de nuestro error

Hay veces que nos reprochan nuestra actitud y podemos intuir que están en lo cierto, pero no somos conscientes de las consecuencias que ha provocado nuestro error. Este es un punto importante porque hasta que no comprendamos en qué afecta a otras personas nuestra actitud no podremos entender por qué estamos pidiendo perdón.

Devolvemos la seguridad a esa persona

Pedir perdón tiene una utilidad también a efectos prácticos. Al disculparnos estamos devolviendo la seguridad a la persona a la que hemos dañado. Imagínate en una discusión de pareja en la que el tono se eleva y los reproches a la personalidad de tu pareja pueden desmontar su autoestima en cuestión de segundos.

Lo mismo ocurre en otros ámbitos, en la familia, en el trabajo o con los amigos. La falta de empatía y no pensar en cómo se va a tomar la otra persona nuestra actitud provoca rupturas en las relaciones, pero sobre todo, una ruptura en la seguridad y la confianza que esa persona tiene en sí misma y en relación con nosotros.

Le damos a esa persona la importancia que se merece

Cuando nos disculpamos la acción no recae únicamente en nosotros. Pedir perdón es un acto por el que la otra persona cobra importancia. Un 'lo siento' también se traduce por un 'eres importante para mí' y por eso he reunido fuerzas, he alejado la vergüenza y estoy pidiendo perdón. Porque esa persona nos importa y también es necesario que lo sepa.

Crecemos como personas

Todos los puntos anteriores se unen para crear la magia del perdón. ¿Cuál es esa magia? Que cuando aprendemos a disculparnos crecemos como personas, maduramos y también nos hacemos un poquito mejores. Nuestra calidad humana aumenta muchos puntos cuando somos capaces de reconocer que nos hemos equivocado y cuando somos lo suficientemente valientes como para desnudarnos emocionalmente ante otra persona.

Y tú, ¿sabes pedir perdón?