Síndrome de Procusto: el desprecio al que destaca

Cómo detectar a esas personas que no soportan el éxito ajeno

Laura Sánchez
Laura Sánchez Periodista

Qué es el Síndrome de Procusto

Ocurre en el trabajo, en la relaciones sociales, en la familia y también en la pareja. Seguro que has tenido cerca de ti en algún momento algún Procusto que ha entorpecido tus proyectos, tu ascenso, tus sueños o tus propuestas. El Síndrome de Procusto se caracteriza por apagar el brillo de los demás, por no dejar que alguien destaque o sobresalga.

Qué es el Síndrome de Procusto

Hay personas que se sienten amenazadas ante el talento, la creatividad o ciertas cualidades de los demás. No pueden permitir que alguien a su alrededor sobresalga o destaque y centran sus energías en apagar su luz. Esta actitud en el ámbito laboral suele llegar a convertirse en mobbing y en otros ámbitos de la vida se traduce en un acoso con más o menos consecuencias.

Porque cuando llegas a detectar que una persona cercana no solo te tiene envidia, sino que además hace todo lo posible por dejarte en mal lugar, ¿puedes alejarte de ella? Habrá ocasiones que sí puedas hacerlo y otras que no, pero en cualquier caso, nunca dejes que esas personas tóxicas con el Síndrome de Procusto te bajen la autoestima o consigan que dejes de brillar.

El origen mítico del Síndrome de Procusto

Para entender todo tipo de complejos, síndromes o comportamientos concretos, siempre es conveniente volver a Grecia para indagar en el origen de esa actitud. Los mitos griegos nos explican todas y cada una de las posibilidades del comportamiento humano y el Síndrome de Procusto no iba a ser menos.

Según la mitología griega, Procusto era un posadero del Ática que alojaba con una sonrisa bonachona a los viajeros. Una vez que se dormían plácidamente, Procusto los ataba y amordazaba y cortaba todas las partes de su cuerpo que sobresalieran de la cama: los pies, las manos o la cabeza. En el caso de que el viajero tuviera una estatura menor que la cama, lo que hacía era romperles los huesos hasta que encajaran a la perfección. Por suerte, un día llegó el héroe Teseo a poner fin a las macabras actividades de este hombre.

Cómo identificar el Síndrome de Procusto

Consecuencias del Síndrome de Procusto

Pero en nuestros días no tenemos a ningún Teseo que nos salve de la cantidad de Procustos que quedan en este mundo. Y las consecuencias de ser víctima de este tipo de persona son importantes. En el mejor de la casos, se produce una pérdida de autoestima y una falta de confianza en las propias virtudes y capacidades. Decimos en el mejor de los casos, porque una vez que te alejas de la persona con el Síndrome de Procusto, puedes dedicarte a recuperar tu autoestima.

En el peor de los casos, esta personas te dejan sin sueños, aniquilan tu personalidad y pueden llegar a hacerte creer que no vales para nada. Si el Síndrome de Procusto ocurre en el trabajo, la desmotivación por tu parte y las malas artes por parte de este personaje pueden acabar en un despido después de una larga temporada de acoso. Y en todos los casos siempre existe el riesgo de depresión.

Los personajes Procustos de tu día a día: familia, trabajo y relación de pareja

Pero, ¿quiénes son estas personas que no soportan el éxito ajeno? Son personas con un alto nivel de frustración porque no han conseguido sus objetivos y no están dispuestos a que otras personas lo hagan. Pero también pueden ser personas con una autoestima excesiva, egocéntricos y narcisistas que no van a permitir que nadie les haga sombra en ningún ámbito de la vida.

Así se intuye el Síndrome de Procusto desde la más tierna infancia cuando el empollón de la clase recibe las burlas de todos los demás. Destaca y da miedo, así que será mejor aislarle. O en esa familia en la que uno busca una vida diferente y alguien se empeña en que está equivocado, en que fracasará y en que, además, se lo va a demostrar.

Tampoco las relaciones de pareja están libres del Síndrome de Procusto. En estos casos, el Procusto busca relaciones con personas menos brillantes, menos atractivas y con menos recursos, con el objetivo no solo de ser la persona más admirada de la relación, sino también de conseguir la total dependencia de la pareja.

Y en el trabajo... bueno. Ese jefe intermedio que obstaculiza tus propuestas de forma que nunca llegan a quien tienen que llegar, ese compañero que te roba tus ideas, ese supervisor que te sobrecarga de trabajo inútil para que no puedas desarrollar tus verdaderas capacidades. Seguro que te suena.

Presta mucha atención a las personas que te rodean y no confundas la envidia con este Síndrome de Procusto que puede acabar con tus aspiraciones vitales.