Mal humor como consecuencia de la ansiedad: cómo evitarlo

Laura Sánchez
Laura Sánchez Periodista

Muchas personas se despiertan de mal humor. Y a nadie parece preocuparle porque el mal humor mañanero es uno de los estados más frecuentes. Sin embargo, ese mal humor se puede ir extendiendo a lo largo del día contaminando no solo nuestro estado anímico sino también nuestra salud. Son muchas las causas del mal humor, como por ejemplo, un trastorno de ansiedad que nos vuelve irritables y amargadas, pero en todos los casos debemos combatir ese mal humor.

Mal humor por ansiedad

Cuando hablamos de emociones no podemos contabilizar ni delimitar lo que nos ocurre. No podemos decir cosas como "tengo 115 gramos de exceso de mal humor", así que muchas veces dejamos pasar todos esos sentimientos negativos porque no sabemos cómo tratarlos. Una de las muchas consecuencias de la ansiedad es el mal humor, algo que debemos aprender a combatir para que no acabe envenenado toda nuestra vida.

Los trastornos de ansiedad están definidos por el nerviosismo, la preocupación, el miedo, el pesimismo y la inseguridad. Así, es frecuente que aparezca también la irritación y el mal humor al darnos cuenta de nuestra propia debilidad. La ansiedad consigue que no encontremos las herramientas para afrontar nuestros problemas y el mal humor no hace sino mantener ese estado de impotencia.

Es muy frecuente ver a una persona gritando a su pareja o a sus hijos y luego disculparse argumentando que estaba nerviosa. La ansiedad puede producir mal humor, sobre todo, por la frustración, pero el mal humor es un estado de ánimo muy perjudicial para nosotras y para los que nos rodean que debemos evitar a toda costa.

Cómo evitar el mal humor por ansiedad

No se trata de convertirse en un corderito sumiso que no se atreva a discrepar o a decir que no a un abuso, sino de no dejar que el mal humor salga como un tornado para atacar a cuantos nos rodean. El mal humor por ansiedad tiene a convertirse en un medio para hacer pagar a los demás por nuestra frustración. Y eso no es justo. Se impone contar hasta diez antes de soltar el grito.

¿Se merece esa persona mis gritos o mi mala cara?, ¿por qué me he enfadado tanto?, ¿no será que mi irritación es producto de mi insatisfacción vital?. Pues habrá que cambiarlo. Los demás no tienen la culpa de que no hayamos conseguido lo que queríamos en esta vida. De la misma forma, si estamos sufriendo un trastorno de ansiedad, por la causa que sea, tampoco tienen la culpa los demás.

Un ánimo positivo es difícil de conseguir cuando se sufre un problema de ansiedad. Pero nunca hay que perder de vista la generosidad y la cooperación con los demás. Además, si procuramos crear a nuestro alrededor un ambiente agradable, nos será más fácil dejar salir la sonrisa. Hacer las cosas que nos gustan, leer, escuchar música, un café con amigas, compras....buscando aquello que nos produzca buenas sensaciones para que nuestro ánimo se deshaga poco a poco del mal humor.