Consecuencias de la ansiedad: protégete de sus efectos

Los efectos negativos de la ansiedad para la salud física y mental (psicológica)

Laura Ruiz Mitjana

La ansiedad es un estado de hiperactivación del organismo que conlleva síntomas tanto físicos como cognitivos (psicológicos) y conductuales. Estos síntomas aparecen en el momento actual de estar sufriendo ansiedad y también a corto plazo.

Pero a largo plazo, las consecuencias de la ansiedad para la salud física y mental (psicológica) también son muchas. ¿Cómo nos afecta la ansiedad en la salud? Vamos a hablar de algunas de sus consecuencias más importantes:

Consecuencias físicas de la ansiedad

A nivel físico, la ansiedad tiene implicaciones importantes. Sentir ansiedad, sobre todo ansiedad crónica, nos produce un desgaste físico importante, que se traduce en agotamiento físico. Así, cuando sentimos ansiedad durante mucho tiempo, tendemos a sentirnos cansados y fatigados, sin energía para nada.

Esto se explica porque nuestra mente está invirtiendo muchos recursos en: pensar, darle vueltas a las cosas, anticiparse al futuro, preocuparse… De esta forma, toda la energía, tanto física como mental, se acaba destinando a aspectos que nos desgastan físicamente.

Más allá del agotamiento físico, la ansiedad crónica también puede conllevar otras alteraciones físicas importantes para la salud, tales como:

- Trastornos cardiovasculares.

- Trastornos gastrointestinales.

- Problemas en la piel o reacciones cutáneas.

- Trastornos psicosomáticos (donde no se identifican factores orgánicos/biológicos que expliquen los síntomas de la dolencia en cuestión).

Vamos a ver algunas de estas consecuencias físicas de la ansiedad de forma más detallada:

+ Reacciones cutáneas 

Una de las consecuencias de la ansiedad para la salud, a nivel físico, son las reacciones cutáneas. Y es que nuestra piel manifiesta muchas de las alteraciones que sufrimos a nivel psicológico, como sería la ansiedad u otras reacciones y emociones (dolor, tristeza...).

Concretamente, la ansiedad hace que sintamos estrés, el cual aumenta nuestro flujo sanguíneo. Este aumento del flujo sanguíneo favorece que nuestro rostro cambie de color; algunas personas se ponen pálidas y otras, rojas. ¿Por qué? Porque cuando nuestro organismo experimenta ansiedad, se activa el sistema nervioso simpático, que envía más sangre de lo habitual a los diferentes músculos del cuerpo.

Por otro lado, la ansiedad podría también acelerar el envejecimiento prematuro de la piel. También somos más proclives a sufrir inflamaciones, ya que se aumenta la histamina en nuestro organismo, que es una sustancia inflamatoria. Podemos, también, sufrir alteraciones cutáneas o trastornos dermatológicos, como: dermatitis, eccemas, psoriasis (que ya se tenía previamente), etc.

+ Tensión muscular

Nuestros músculos también se ven “resentidos” cuando experimentamos ansiedad a largo plazo. De esta forma, nuestros músculos se contraen cada vez más y desarrollamos tensión muscular que puede, a su vez, generarnos dolor físico. 

Así, cuando la ansiedad se alarga en el tiempo (y a veces, sin necesidad de hacerlo), podemos experimentar dolores musculares que nacen de esa tensión y que se traducen en: migrañas, cefaleas tensionales, dolores cervicales, rigidez, etc.

+ Alteraciones estomacales y digestivas

Otra de las consecuencias de la ansiedad para la salud, a nivel físico, son las alteraciones estomacales. Así, podemos sufrir úlceras de estómago, por ejemplo. Una úlcera es una lesión profunda en la mucosa del estómago o del duodeno.

Más allá de las úlceras, podemos sufrir otros problemas digestivos, además de alteraciones en nuestro metabolismo. Esto sucede porque la ansiedad acaba haciendo que nuestro organismo no regule bien los procesos digestivos y que los intestinos se acaben viendo afectados.

Por otro lado, debido a la ansiedad, nuestro organismo cada vez es menos capaz de absorber bien los nutrientes. Esto hace que aparezcan numerosos problemas, como: diarrea, sensación de hinchazón, ardores estomacales, etc. Finalmente, en casos más extremos, podemos llegar a perder la capacidad de controlar los esfínteres.

Consecuencias psicológicas de la ansiedad

La ansiedad, sobre todo la ansiedad crónica, también conlleva consecuencias importantes para la salud mental, eso es, consecuencias psicológicas, cognitivas y conductuales. ¿Cómo nos afecta?

- Evitación de actividades que antes nos producían placer (por ejemplo, en la fobia social, evitación de situaciones sociales).

- Dejar de cuidarse a una misma.

- Dejar de realizar actividades necesarias para el desarrollo personal, social y laboral.

- Alteraciones y trastornos del estado de ánimo (por ejemplo, depresión).

- Baja autoestima.

- Indefensión aprendida.

- Conductas autolesivas o ideas suicidas (en casos más extremos).

- Aislamiento social o retraimiento.

- Tristeza.

Como en el caso de las consecuencias físicas, vamos a conocer ahora algunas de las consecuencias psicológicas de la ansiedad, de forma más detallada:

+ Tristeza o depresión

El hecho de experimentar ansiedad durante mucho tiempo puede propiciar la aparición de otro tipo de problemas de salud mental, como sería la depresión. La depresión es un trastorno multicausal, es decir, son muchos los factores que contribuyen a su aparición. Sin embargo, si a estos factores se les suma un período prolongado sufriendo ansiedad, es fácil que la persona empiece a desarrollar síntomas depresivos.

De hecho, en muchos casos, las personas que sufren ansiedad también sufren síntomas depresivos, y viceversa. Recordemos que sufrir ansiedad agota mucho física y mentalmente, y nos sitúa en un plano de fragilidad en el que es más fácil que aparezcan síntomas como los mencionados.

La tristeza es otra de las consecuencias de la ansiedad para la salud psicológica, que surge por diferentes motivos: por ejemplo, por sentirnos incapaces de gestionar esa ansiedad, por estar agotadas mentalmente, por creer que no se disponen de los recursos necesarios para mejorar la situación actual, etc.

+ Olvidar el autocuidado

A nivel conductual, cuando sufrimos ansiedad de forma prolongada, también podemos empezar a olvidarnos de cuidarnos. Autocuidarse implica cuidar los hábitos de la vida diaria: higiene, alimentación, dormir, gestión del tiempo, descanso, deporte, etc. Es decir, implica invertir tiempo de calidad en una misma.

Cuando se sufre ansiedad, muchas veces la propia ansiedad arrastra a la persona a dejar de cuidarse, porque está demasiado pendiente de preocuparse por el futuro, de rumiar, etc. Esto, a nivel emocional, resulta muy perjudicial; recuerda que, cuando no nos cuidamos, nuestras defensas bajan y somos más vulnerables a enfermar, ya sea a nivel físico o mental.

+ Indefensión aprendida 

La indefensión aprendida es la percepción de que no podemos cambiar nuestra situación actual; implica una sensación de pérdida de control, unida a sentimientos de desesperanza e impotencia. Cuando sufrimos ansiedad, y, sobre todo, ansiedad crónica, podemos acabar desarrollando indefensión aprendida. 

La indefensión aprendida es muy peligrosa, en tanto que nos sitúa en una posición de pasividad, de pérdida de esperanza; a través de ella, no solo creemos que la situación no mejorará, sino también, que no podemos hacer nada para cambiarla

Y esto puede acabar derivando en otros sentimientos o sensaciones como la tristeza, la sensación de vacío o la angustia. Además, la indefensión aprendida, como decíamos, nos paraliza, nos bloquea, y aumenta la probabilidad de cronificar la ansiedad (porque no pedimos ayuda ni hacemos nada para afrontarla).

Como vemos, la ansiedad no solo nos afecta en el momento actual, sino que puede tener consecuencias graves para nuestra salud a medio y largo plazo. A nivel médico, todos nuestros sistemas pueden verse afectados, y eso implica una afectación a nivel dermatológico, digestivo, cardíaco… 

Pero a nivel psicológico también podemos sufrir las consecuencias de la ansiedad, y acabar desarrollando síntomas de todo tipo que se pueden cronificar en el tiempo, retroalimentando, precisamente, esa ansiedad inicial. 

Si sientes ansiedad y, sobre todo, si la estás experimentando desde hace tiempo, te recomendamos que pidas ayuda profesional. La ansiedad no es algo que deba asustarnos o preocuparnos, pero sí debemos ocuparnos de ella para aprender a gestionarla, entender por qué está ahí y qué nos está intentando decir.

 

Referencias bibliográficas:

  • Amigo, I. (2012). Manual de Psicología de la Salud. Madrid: Pirámide.
  • Belloch, A., Sandín, B. y Ramos, F. (2010). Manual de Psicopatología. Volumen II. Madrid: McGraw-Hill. (Temas 1 y 12).
  • Brannon, L. y Feist, J. (2001). Psicología de la Salud. Parainfo: Madrid.

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