Sensación de perder el control por ansiedad: ¿qué me sucede?

Qué hacer cuando la ansiedad se desborda y pierdes el control

Laura Sánchez
Laura Sánchez Especialista en interpretación de sueños

¿Y por qué tenemos ansiedad? El por qué de la ansiedad incluye tantas causas que es imposible abordarlas desde una sola perspectiva, así que podemos olvidarnos de momento de esta tan pregunta tan general y tratar de entender otras preguntas que podamos abarcar. Uno de los peores síntomas de ansiedad, uno de los que más angustia producen, es la sensación de perder el control. Seguro que te ha pasado alguna vez y te has preguntado: ¿qué me sucede?, ¿quién ha tomado las riendas de mi vida?

La sensación de perder el control

La sensación de perder el control es uno de los síntomas más habituales de la ansiedad. Tiene diferentes grados porque a veces se trata de un momento puntual en el que estás sufriendo una crisis de ansiedad o un ataque de pánico y tienes el convencimiento de que tu mente no te responde. Como extra, tienes además la seguridad de que estás a punto de morir.

Tu mente no te responde, es como si tus pensamientos hubieran tomado las riendas y te llevan al límite de la cordura. No te reconoces, no te parece un pensamiento racional o lógico y además está rodeado todo el proceso de una sensación de irrealidad muy angustiosa. Este estado puede alargarse en el tiempo aunque con menor intensidad, cuando sufres un trastorno de ansiedad.

Miedos, exceso de preocupaciones, la incertidumbre, la acumulación de problemas sin resolver... Son los marcadores más habituales de la ansiedad y llega un momento en el que dejas de ser la autora de tus pensamientos. La ansiedad ha tomado el control y tu mente funciona en una especie de piloto automático en el que todo es considerado un potencial peligro.

No te reconoces, tus reacciones pueden ser desmedidas o puedes no reaccionar en absoluto, es decir, puedes bloquearte. Puedes pensar cosas que nunca se te habían pasado por la cabeza, puedes vivir en una obsesión continua por algún asunto concreto, casi puedes notar una nube negra que tapa tu mente o tal vez una especie de agujero negro en el que pensar con claridad se hace imposible.

Todo esto implica la sensación de perder el control. Y podemos añadirle escenas cotidianas producto del estrés diario y del desbordamiento emocional. Cuando gritas a tus hijos con una ira desmedida, cuando estás a punto de mandar a paseo a tu jefe o cuando crees que vas a romper con tu pareja porque habéis tenido una discusión sin importancia.

Por qué tienes miedo a perder el control

Las reacciones desmedidas o inesperadas son la seña de identidad de esa sensación de haber perdido el control. Has perdido el control de tus pensamientos, de tus emociones, de tus reacciones, de tu vida en general. Y cuanto más lo piensas, y cuanto más miedo tienes a perder el control, más se aleja. ¿Es necesario recuperar el control? Hasta cierto punto sí, pero con matices.

Tampoco conviene obsesionarse con controlar la ansiedad, controlar los pensamientos o controlar las emociones. Las palabras aquí importan y mucho. Y no se trata de una mera aclaración lingüística, sino de distinguir el objetivo con claridad: no se trata de controlar, sino de gestionar.

Puedes tener los pensamientos irracionales que sean y no tienes por qué tenerles miedo. Surgen por sí solos, no los estás creando, no tienes el control, es verdad. Lo que sí tienes o lo que sí tienes que recuperar es la capacidad para gestionarlos, para saber qué tienes que hacer con ellos, si dejarlos que se vayan tranquilamente o prestarles tanta atención que se quedan de forma permanente en tu mente.

Lo mismo ocurre con las emociones. Algunas emociones que tienes te molestan y no las quieres tener. Como no consigues evitarlas piensas que has perdido el control y más te empeñas en controlarlas. Y cuanto más te empeñas en controlarlas, más se desbocan esas emociones, ¿lo has notado?

Entonces es que la tarea no es controlarlas, sino aceptarlas. Dejar que pasen sin que te impacten tan negativamente. No puedes controlar lo que sientes, puedes controlar qué hacer con eso que sientes. Así que cede esa lucha por recuperar el control y concentra tu energía en recuperar la gestión.

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