Aceptación, conformismo o resignación: sus (importantísimas) diferencias

La aceptación te anima a cambiar, mientras que el conformismo y la resignación son actitudes pasivas

A medida que vivimos, experimentamos diferentes situaciones y emociones. Pasamos por diferentes etapas, conocemos a muchas personas, perdemos a gente por el camino… Y la vida nos lleva, irremediablemente, a procesos de cambio personal y a procesos de duelo para reorganizar nuestra realidad y para afrontar estas pérdidas.

Ante una misma vivencia, podemos actuar de múltiples formas: aceptarla, conformarnos o resignarnos a ella. Pero ¿qué diferencias entre aceptación, conformismo y resignación encontramos? ¿Hay una forma más saludable que otra de responder a las experiencias de la vida? En Diario Femenino hablamos sobre qué es cada concepto y sobre cómo podemos diferenciarlos, en función de lo que nos aporta cada una de estas actitudes.

Como veremos, se trata de tres estrategias de afrontamiento que conllevan una serie de consecuencias a nivel psicológico. Y es que en la vida no es tan importante lo que nos sucede sino qué hacemos con aquello que nos sucede; es decir, cómo reaccionamos a las vivencias, cómo las gestionamos y qué sentido les damos en nuestra biografía personal.

La aceptación como estrategia adaptativa

La aceptación implica reconocer las situaciones que no nos gustan como parte de nuestra realidad. Es una actitud activa, que conlleva tomar conciencia de lo que nos ha ocurrido, aceptarlo e integrarlo en nuestra historia de vida.

Cuando hablamos de aceptación, en psicología, normalmente nos referimos a asumir algún evento o experiencia en nuestra vida que nos ha dolido. Aceptar una pérdida, una situación dolorosa o que nos genera sufrimiento. Aceptar que así ha ocurrido y que no había otra manera de que fuese.

Ante procesos de pérdida, y con el consiguiente proceso de duelo que se experimenta, la aceptación se considera la última fase en este proceso. Proviene de un esfuerzo, por parte de la persona, a recolocar la situación dolorosa como parte de su vida, e implica liberación y sanación.

Aceptar no implica que las cosas no nos hayan marcado o que ya no tengan una repercusión en nuestra vida. E incluso, tampoco implica que algo deje de doler. Todo lo que vivimos nos marca, nos deja huella; pero con la aceptación el proceso culmina y las experiencias vividas adquieren su sentido.

Con la aceptación soltamos una etapa o a una persona, es como decirle al otro: “ya no me debes nada, ni yo a ti, estoy en paz”. Gracias a la aceptación cerramos una etapa e iniciamos otra, y nos preparamos para seguir teniendo experiencias. Nos abrimos a seguir viviendo.

El conformismo implica ajustarnos

El conformismo, por su parte, implica ajustarnos a los cambios o modificaciones producidas en la opinión o comportamiento de una persona. Normalmente, aparece como resultado de una presión por parte de otros individuos o de un grupo.

En realidad, el conformismo es una actitud pasiva, a diferencia de la aceptación; ¿por qué? Porque implica conformarnos, muchas veces, con menos de lo que merecemos. No es una actitud hacia el cambio, hacia una nueva etapa, como sucede en la aceptación.

Es una actitud que hace que concedamos más fiabilidad al juicio de los demás que al nuestro propio. Implica aceptar situaciones que, en realidad, no nos convencen, ya sea por el miedo a no gustar, por inseguridades personales, por el deseo de encajar, por miedo a las represalias, etc.

Resignarse o dar por imposible un cambio

Finalmente, la resignación se define como la “aceptación con paciencia y conformidad de una adversidad o de cualquier estado o situación perjudicial”. Cuando nos resignamos, nos entregamos a lo que el otro quiere para nosotros, a su voluntad. Es, al igual que el conformismo, una actitud pasiva. No conlleva cambios o el deseo de mejorar; tan solo implica aceptar aquello que en realidad no nos gusta, ya sea por miedo, por inseguridades… Es similar al conformismo, aunque tiene sus matices.

Resignarse a algo significa que estamos predispuestas a dar por imposible una mejora o un cambio que en realidad sí podría producirse. Implica, en cierta forma, dejar de luchar, dejar de intentarlo. Es por ello que se trata de una actitud que alimenta la pasividad, porque no promueve cambios en nosotras, sino la aceptación de algo desagradable o de algo que creemos que no podemos cambiar.

Las diferencias entre aceptación, conformismo y resignación

Cuando aceptamos algo lo aceptamos porque sabemos que es algo que ya no podemos cambiar. Es una situación pasada, o presente, pero que forma parte de nuestra vida y que debemos asumir para adaptarnos a esa situación.

La aceptación es una actitud activa, como decíamos, mientras que el conformismo y la resignación son actitudes pasivas. Esta es la primera de las diferencias entre aceptación, conformismo y resignación, aunque encontramos algunas más: 

+ Recuperación y cambio

La aceptación nos ayuda a recuperarnos de una situación dolorosa. Conlleva asumir que hay cosas que escapan a nuestro control y que, por lo tanto, no podemos cambiar. En la aceptación hay liberación. En cambio, en el conformismo o la resignación, no nos liberamos.

Al contrario; podemos quedar “ancladas” a un pasado doloroso, porque conformarse con algo significa aceptarlo aun sabiendo que no nos beneficia en el presente. Y resignarse, más de lo mismo; implica dejar de luchar (pero no como en la aceptación, cuando ya no queda nada más que hacer, sino dejar de luchar cuando el cambio aún era posible).

+ Aprendizaje

Con la aceptación acaba llegando, con el tiempo, el aprendizaje. El hecho de entender cómo llegamos hasta aquí. Es como abrirle una puerta a la verdad, a lo que nos ha sucedido y a su sentido. Pero esto solo se consigue a través de la aceptación, gracias al hecho de dejar de luchar contra algo que jamás podríamos cambiar.

¿Qué ocurre con el conformismo y la resignación? Que el aprendizaje sigue otro camino; si ante un evento negativo nos resignamos a él, nos centraremos en todo lo malo. Y eso no da espacio para el aprendizaje. Igual ocurre con el conformismo: conformarnos no nos lleva a mirar otras perspectivas, otros puntos de vista. Implica aceptar un hecho y no ir más allá de él.

+ Perspectiva

En relación con el punto anterior, podemos decir que la aceptación nos puede ayudar a ver las cosas con perspectiva, gracias al tiempo y a nuestro esfuerzo por asumir una realidad, aunque nos doliese. Aceptar es abrazar lo inevitable, darle su espacio, permitir experimentarlo, dejar de oponer resistencias.

 Cuando aceptamos, adoptamos una perspectiva distanciada de las cosas (es por ello por lo que la etapa final de un duelo es la aceptación). Hemos recorrido un camino y ahora miramos a través de él; es el llamado descanso del guerrero.

En cambio, cuando nos conformamos, nos quedamos ahí; no analizamos el camino recorrido, porque no hay camino recorrido. Y con la resignación igual; nos quedamos paralizadas en ese momento, solo apreciamos lo malo y somos incapaces de alzar la vista a todo lo que esa experiencia nos ha aportado.

+ Indefensión

La aceptación promueve en nosotras una forma de percibir los eventos vitales donde el sufrimiento deja de importar: es una actitud que conlleva abrazar el dolor, darle su espacio. Gracias a ello, podemos movilizarnos a la hora de buscar recursos que nos enseñen a actuar la próxima vez.

En cambio, en la resignación el sufrimiento “sí importa”; cuando nos resignamos, el malestar experimentado nos desmotiva y reduce nuestras energías, con lo que nos deja más expuestas a otros posibles riesgos. Nos deja, en cierta forma, “indefensas”, con recursos insuficientes para mejorar o para adaptarnos. En el caso del conformismo, también hablamos de una actitud que nos acerca a la indefensión, porque no promueve una búsqueda de recursos en nosotras, como sí lo hace la aceptación.

Consecuencias de cada actitud 

Recuerda: aceptar implica asumir una realidad, integrarla en nuestra trayectoria de vida. Implica soltar las expectativas que teníamos de algo y asumir que la realidad es la que es. Pero es una actitud saludable, de cambio, que nos motiva para seguir avanzando porque nos ayuda a cerrar una etapa

En cambio, conformarse con algo nos deja, en cierta forma, paralizadas, y conlleva una emoción negativa ante esa aceptación que, en realidad, no queríamos. Lo mismo sucede con la resignación, una actitud que conlleva aceptar algo con lo que no estamos de acuerdo, no para obtener calma o tranquilidad mental, sino para no defraudar o por miedo a no conseguir aquello que deseamos realmente, por ejemplo.

 

Referencias bibliográficas:

  • Graver, M. (2009). Stoicism and Emotion. Chicago: University of Chicago Press.
  • REAL ACADEMIA ESPAÑOLA: Diccionario de la lengua española, 23.ª ed., [versión 23.4 en línea].
  • William, I. (2009). A guide to the good life: the ancient art of Stoic joy. Oxford University Press.

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