Necesidad de aprobación: el precio de querer agradar (siempre) a todos

Actitudes que día a día van mermando tu autoestima

Laura Sánchez, Filóloga
En este artículo
  1. La necesidad de aprobación
  2. Cuando la necesidad de aprobación se convierte en un problema
  3. Señales de que siempre quieres agradar a todo el mundo

A todos nos gusta sentirnos queridos y apreciados. A todos nos gusta gustar, sentir que de alguna manera nuestro entorno nos aprueba pero, ¿a qué coste? Si lo hacemos o lo intentamos a costa de perder nuestra identidad y de dedicarnos en cuerpo y alma a cumplir las expectativas de los demás, entonces estamos hablando de una necesidad de aprobación excesiva que acabará con nuestra autoestima y con nuestra salud mental. Créenos, el precio de querer agradar SIEMPRE a todos es muy grande.

La necesidad de aprobación

Vivimos en sociedad y la opinión de los demás nos influye más de lo que creemos. Algunas personas se dan cuenta y viven continuamente presionadas por una enorme losa que tiene un único objetivo: agradar a los demás. En otras personas es menos evidente y parece que actúan independientes, sin contar con nadie, pero más veces de las que quisieran caen en el juego de tratar de cumplir las expectativas de los demás.

Es algo natural y saludable querer agradar a los demás, sentirnos queridos, saber que formamos parte de un grupo más amplio como el de la familia, el de los amigos, el de las clases de yoga, el del grupo de senderismo o incluso el del trabajo. Y aunque siempre tenemos en mente la idea de que no le podemos gustar a todo el mundo, en el fondo de nosotros permanece ese deseo. ¿Y por qué no voy a agradar a todo el mundo?

Cuando la necesidad de aprobación se convierte en un problema

No tenemos que ir por la vida siendo desagradables con los demás, defendiendo de forma violenta nuestros puntos de vista para demostrar una falsa seguridad en nosotros mismos. La contundencia en nuestras ideas no se impone a los demás, solo se expresa. Esto es lo que pienso y esto es lo que te comunico, tú no tienes por qué pensar lo mismo.

Entre imponer razonamientos, ideas, pensamientos y deseos a toda costa y callarse para no molestar o para no quedar mal va todo un mundo de desequilibrio emocional. ¿Cuántas veces no te has atrevido a dar una opinión por miedo a lo que pudieran pensar de ti? ¿Cuántas veces te has tragado tus deseos por no ir en contra de la opinión general? ¿Cuántas veces has dejado que pisotearan tus derechos por no perder la aprobación de la otra persona?

Si te imaginas estas situaciones y algunas llevadas al extremo podrás ver que se trata de una necesidad de aprobación excesiva que puede llevarte a perder la autoestima. Tu autoestima depende de la opinión de los demás y ahí está el fallo, porque por su propio nombre, la autoestima es solo cosa tuya. Los demás y sus opiniones vienen después.

La autoestima no es lo único que se resiente cuando con la necesidad de aprobación. Tu vida entera se vuelve una especie de ficción en la que apenas puedes reconocerte. Solo te reconoces a través de los demás. Haces lo que los demás esperan que hagas, dices lo que los demás esperan que digas, vas a donde los demás esperan que vayas. ¿No eres una marioneta?

La realidad de lo que está pasando no la ves, no ves que estás renunciando a ser tú misma por sentirte querida, apreciada o aceptada. Y esto pasa en todos los ámbitos de la vida. Un día te encontrarás actuando en contra de tus valores o incluso mintiendo para que tu imagen se acerque aún más a la que esperan de ti. Y es ahí cuando aparecen las disonancias cognitivas que te pueden llevar a sufrir un trastorno importante de ansiedad o de depresión.

Señales de que siempre quieres agradar a todo el mundo

Esto no es un canto a la individualidad, porque de hecho parte de nuestra identidad la construimos en base a las interacciones sociales. Sin embargo, la otra parte es nuestra, producto de nuestras experiencias vitales y emocionales, producto de nuestras reflexiones propias. Hay algunas señales que evidencian que te estás alejando de la parte de tu identidad que es propia y que estás basando tu vida en los demás.

+ Podemos comenzar por las redes sociales. ¿Qué pasa cuando no recibes las reacciones que esperabas en forma de likes o comentarios? Te preocupas, piensas que no te aprueban, que no te tienen en cuenta y la publicación que antes te parecía de lo más ingeniosa ahora pasa a ser de lo más inconveniente.

+ Estás conversando con alguien y expresando tu opinión con naturalidad. La otra persona tiene otra opinión diferente y eso no es malo, es la magia de la diversidad. Pero en ese momento tus alarmas saltan y piensas que por pensar diferente, la otra persona va a dejar de quererte o de apreciarte. Es entonces cuando suavizas tu opinión y la pules hasta llegar a una más parecida a la de la otra persona.

+ Las críticas las llevas mal. Te las tomas como un ataque directo y sientes ese profundo miedo a perder el afecto de la otra persona. Es frecuente que intentes echar balones fuera porque no quieres afrontar la responsabilidad de haber cometido un error. ¿Sabes que nadie es perfecto y que todos cometemos errores? ¿Sabes que ser humanos es precisamente el motivo por el que sentimos afecto los unos por los otros?

+ Generalmente, no expresas tu desacuerdo, pero cuando te ves en una encrucijada y no te queda más remedio, te disculpas. Insistimos en que el desacuerdo forma parte de las cosas positivas de la diversidad de opiniones.

+ Lo de decir NO, no va contigo. Cedes, accedes y, en realidad, te sometes a los deseos de los demás dejando a un lado tus necesidades. Pero tus necesidades están ahí clamando por salir y antes o después, esta actitud tan complaciente con los demás te provocará un malestar emocional importante.

+ Te acuestas por la noche y tardas mucho en dormirte porque haces un repaso de todas las conversaciones del día, recuerdas tus errores, te preocupas por haber dicho tal o cual cosa, te preocupas aún más por lo que pueda pensar la otra persona de ti. Y en realidad, todo gira en el mundo de la elucubración porque no tienes ni idea de lo que la otra persona piensa de ti.

+ Tus emociones varían no en función de tus experiencias vitales, sino en función de tus interacciones con los demás. Si hoy no has recibido las suficientes muestras de aceptación o afecto, te hundes machacándote un poco más la autoestima.

+ Y una de la consecuencias más terribles de esta necesidad de aprobación. Cuando tienes una discusión con alguien, cuando alguien se enfada contigo o en medio de los habituales malentendidos que surgen en cualquier tipo de relación, piensas que todo es culpa tuya, que no has hecho lo suficiente como para evitar el desencuentro y que no te mereces el aprecio de esa persona.

Como puedes ver, tener una necesidad de aprobación excesiva cambia por completo tu personalidad hasta dejar tu identidad bajo tierra. Pero piensa una cosa, ¿qué pasaría si sacaras a la luz tu identidad, si reclamaras tus derechos, si expresaras tus deseos, si te atrevieras a dar tu opinión? ¿Qué pasaría si te mostraras tal y como eres? Te podemos asegurar que las personas auténticas desprenden magia a raudales como para encontrar todo el cariño, el aprecio y la aceptación que puedan necesitar.

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