Cambio de hora: ¿Cómo nos afecta?

El cambio de hora no tiene efectos perjudiciales notorios sobre nuestro organismo

Tamara Sánchez

Cambio de hora

Dos veces al año, a las dos de la madrugada, en varios países del hemisferio norte se adelanta o se atrasa sesenta minutos la hora oficial. La razón de llevar a cabo este cambio horario no es otra que aprovechar más las horas de luz solar y conseguir, de esta forma, un ahorro energético debido a que la necesidad de iluminación artificial disminuye. Pero, ¿cómo nos afecta este cambio de hora en nuestro organismo? ¿Influye de alguna manera en nuestra salud? Diversos investigadores han realizado estudios al respecto. ¡Te lo contamos!

Cómo influye el cambio de hora en nuestro organismo

La primera vez que se realizó un cambio de hora estacional fue en Estados Unidos durante la Primera Guerra Mundial, con el fin de ahorrar combustible. No obstante, la verdadera procedencia de esta medida se encuentra en 1784 cuando Benjamin Franklin propuso varias ideas para ahorrar energía, entre las que estaba disminuir el consumo de cera y velas. Sin embargo, no fue hasta casi 200 años después, en 1974, cuando el cambio de hora se reguló oficialmente en muchos países del mundo debido a la crisis del petróleo y a la necesidad de consumir menos electricidad.

En España, concretamente, el cambio de hora está regulado mediante el Real Decreto en 2002 adoptando la Directiva Europea de 2001. El decreto se renueva cada cinco años, pero la Unión Europea ya le ha dado carácter indefinido a esta costumbre, defendiendo ventajas en la agricultura, la hostelería y en el ahorro energético (que alcanza el 5%).

De esta forma, todas las primaveras perdemos una hora y la volvemos a recuperar pasados seis meses. Por lo general, esta modificación de horario no influye en absoluto en nuestra salud ni en nuestro bienestar, aunque es cierto que a algunas personas no les resulta nada sencillo adelantar o atrasar su reloj interior. El cambio de hora estacional podría influir en nuestro cuerpo de forma similar al jet lag (producido cuando realizamos viajes largos con cambios de huso horario) aunque siempre con una intensidad proporcional al cambio (en este caso tan solo de una hora). Siempre es mucho más complicado aclimatarse a la pérdida, por eso el cambio de hora en primavera es mucho más destacable que el que se produce en otoño.

Aunque, en teoría, el cambio de hora no debería provocar grandes perjuicios sobre nuestra salud, algunas personas afirman que influye negativamente en su humor y estado de ánimo, afecta a sus patrones de sueño-vigilia y altera transitoriamente su bienestar con la aparición de depresión, somnolencia, astenia, irritabilidad, nerviosismo, cefaleas y dificultad para mantener la atención y la concentración. Algunas personas dicen incluso sufrir molestias digestivas.

Lo que dicen los estudios sobre el cambio de hora

Un estudio publicado en 2008 encontró una relación directa entre el cambio de hora y la incidencia de infartos de miocardio. La investigación concluyó que este tipo de infartos se incrementa en los tres días posteriores al cambio de horario en primavera, mientras que se reduce tras el cambio de horario de otoño. Los autores interpretaron que esto se debe a los efectos de la privación de sueño sobre el sistema cardiovascular.

Otro estudio llevado a cabo en 2007 declaró que los ritmos circadianos del organismo pueden sufrir dificultades de adaptación a los cambios bruscos de horario, afectando a varios aspectos de la salud. Por otra parte, otras investigaciones han vinculado el impacto del cambio de hora con el índice de suicidios en hombres, mientras otras han concluido que el cambio horario no influye en el equilibrio de las personas. 

Lo que sí se observó en una de las investigaciones es que existe una disminución en los accidentes de tráfico tras la recuperación de la hora en otoño ya que las carreteras están más iluminadas durante las horas de mayor afluencia de vehículos. Otros estudios también mostraron que pequeñas modificaciones en los ritmos cronobiológicos pueden afectar a personas especialmente vulnerables, como los individuos de más de 50 años que tardan hasta 3 días en adaptarse al nuevo horario. Por el contrario, son los niños los que presentan una adaptación más sencilla a los cambios estacionales de horario. 

Consejos para adaptarse mejor al cambio de hora

1 Ser riguroso con los horarios

 Una de las mejores maneras de aclimatarse al cambio de hora es ser estrictamente riguroso con los horarios, es decir, irse a la cama aunque todavía no tengamos sueño y levantarse a la misma hora de siempre aunque hayamos dormido mal.

2 Hacer ejercicio

Practicar ejercicio físico moderado ayuda al cuerpo y a la mente a relajarse y a adaptarse al cambio horario. Eso sí, se recomienda hacerlo siempre por la mañana para comenzar el día con energía y nunca antes de irse a la cama ya que puede dificultar el sueño.

3 Moderar el consumo de bebidas estimulantes

No abusar del café, el té o las bebidas energéticas durante los días en los que se produce el cambio horario ya que contribuyen a la alteración del sueño.

4 Cenas livianas

 No conviene irse a la cama con el estómago vacío, pero tampoco demasiado lleno. Debemos hacer una cena ligera y a una hora temprana consumiendo las cantidades justas para facilitar la digestión y que no nos afecte el cambio horario a la hora de dormir.

5 Apagar todos los aparatos electrónicos

 Conectarse al móvil, la tablet o el ordenador antes de acostarse es una costumbre muy perjudicial. El exceso de luz que emiten las pantallas puede provocar alteración en las pautas de sueño así como diversos efectos secundarios en el organismo. 

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