Aporofobia: odio, rechazo y miedo a los pobres

El miedo a los pobres es más un prejuicio que una fobia

Laura Sánchez

Aporofobia: odio, rechazo y miedo a los pobres

No todos los términos que incluyen la palabra fobia son trastornos fóbicos, algunos son prejuicios y rechazo desmedido hacia algo o, más frecuentemente, hacia alguien. Es el caso de la aporofobia o el miedo a los pobres, un problema social cada vez más frecuente que pasa no solo por ignorar a las personas más desfavorecidas, sino también por despreciarlas. Un tipo de fobia que anula por completo la empatía. Te contamos todo sobre la aporofobia en nuestro diccionario de fobias.

Qué es la aporofobia

La aporofobia es el miedo a los pobres y a los indigentes. Pero cuidado porque no se trata de una fobia como tal, sino de un profundo rechazo. Es una actitud, una actitud discriminatoria, ni más ni menos, que no hace más que perpetuar las desigualdades sociales y mantener a las personas con menos recursos en una situación de exclusión social.

El fenómeno de la aporofobia no deja de ser curioso porque todos nos conmovemos cuando vemos por la televisión a niños desnutridos en países lejanos. Y, sin embargo, miramos para otro lado cuando los tenemos cerca. Porque están aquí, en el metro, durmiendo en el cajero, a las puertas del supermercado, sentados en una calle cualquiera de nuestra ciudad recordándonos que la vida da demasiadas vueltas como para poder digerirlas todas.

Ese indigente al que ni siquiera miramos cuando entramos en el supermercado remueve algo dentro de nosotros, algo que da mucho miedo. Porque en el fondo sabemos que mañana no, pero pasado mañana somos nosotros los que podemos ocupar su lugar. ¿Se puede perder todo en la vida? Se puede, y ellos son la prueba, una prueba que nos incomoda y que rechazamos.

Causas de la aporofobia

Causas y consecuencias de la aporofobia

De ese miedo a perderlo todo, de esa verdad incómoda que no queremos plantearnos nace la aporofobia o el miedo a los pobres. Pero hay más causas, como los estereotipos sociales, que están más vigentes de lo que pensamos. Una especie de superioridad moral nos impide desarrollar empatía por esas personas que no tienen nada.

No faltan esas personas que por su ideología piensan que si han llegado a ese extremo de pobreza o han nacido ya en esa situación, es debido a una especie de justicia ¿divina? Algo habrán hecho, o algún motivo habrá para que se encuentren en la pobreza. Y seguimos mirando para otro lado por si acaso la mala suerte nos ve pasar cerca de ella y quiere venirse con nosotros.

La aporofobia está relacionada también con la xenofobia. No todos los pobres que pueblan calles y refugios son extranjeros, pero sí muchos de ellos. Y la xenofobia ya sabemos que no es un rechazo al extranjero, sino al extranjero pobre.

Consecuencias de la aporofobia

Este rechazo al pobre tiene unas consecuencias que afectan a esas personas pobres, a nosotros mismos y a nosotros como sociedad. La aporofobia nos convierte en una sociedad deshumanizada, en el mejor de los casos caritativa pero nada eficaz a la hora de ayudar a resolver una problema, el de la pobreza, que en realidad debería afectarnos a todos.

Mención aparte merecen los casos de violencia hacia los indigentes producidos por esa aporofobia en su grado más peligroso, que nos lleva a plantearnos qué tipo de persona es capaz de añadir más sufrimiento a las personas que ya viven instaladas en él. Con violencia o con ignorancia, con tan solo mirar para otro lado, nuestra calidad humana desciende puntos hasta el averno.

Lógicamente la peor parte de las consecuencias de la aporofobia se la llevan los protagonistas, las personas pobres, que ven imposible salir de esa situación. Que agradecen cada acto de caridad, pero esperan un paso más de generosidad, la mano tendida no para recibir, sino para ayudarles a levantarse y proporcionarles los recursos necesarios para que por sí mismos puedan salir de la pobreza.