La razón por la que nos enfadamos cuando tenemos hambre

La falta de glucosa en el cerebro es la gran culpable

Tamara Sánchez

La razón por la que nos enfadamos cuando tenemos hambre

¿Quién no se ha puesto insoportable alguna vez en su vida cuando tiene hambre? Todo el mundo hemos experimentado esa sensación de furia y rabia cuando nuestro estómago empieza a rugir y no tenemos nada que llevarnos a la boca. Nos volvemos irracionales y no atendemos a razones, pero, ¿cuál es el verdadero motivo por el que nos enfadamos cuando tenemos hambre? ¿Por qué el mal humor se apodera de nosotros en esta situación? En Diario Femenino hemos investigado las razones y te las contamos a continuación.

Por qué nos ponemos de mal humor cuando tenemos hambre

Por mucho que seamos personas completamente amables y encantadoras, cuando tenemos hambre podemos llegar a transformarnos en un verdadero monstruo. Veamos qué es lo que sucede exactamente en nuestro cuerpo y en nuestro cerebro para dar lugar a semejante metamorfosis.

+ Nos enfadamos porque nuestro cerebro se queda sin reservas de azúcar

La razón por la que nos enfadamos cuando tenemos hambre

Cuando comemos, nuestro cuerpo se encarga de transformar las proteínas, grasas e hidratos de carbono presentes en los alimentos en azúcares más sencillos como la glucosa la cual se transporta al torrente sanguíneo y desde allí pasa al resto del cuerpo.

Lo que sucede, obviamente, es que cuando llevamos mucho tiempo sin comer, los niveles de glucosa van disminuyendo y nuestro cerebro, que utiliza la glucosa como gasolina para funcionar, se queda sin combustible. Llegados a este punto empezamos a tener problemas para concentrarnos, tomar decisiones e incluso desarrollar las actividades más sencillas.

Y te estarás preguntando: ¿Qué tiene que ver esto con enfadarte sin motivo aparente con tu pareja, tus amigos, tu familia y hasta tus compañeros de trabajo cuando tienes hambre? Todo está relacionado, continúa leyendo.

+ El autocontrol y la fuerza de voluntad necesitan energía

La razón por la que nos enfadamos cuando tenemos hambre

Roy Baumister, un psicólogo de la Universidad de Florida, demostró a través de diversos estudios que nuestra fuerza de voluntad no es infinita, necesita energía para funcionar. De hecho, en uno de esos estudios sometió a varios estudiantes a una tarea que requería muchísima atención, concretamente, debían tratar de no fijarse en las palabras superpuestas que aparecían en un vídeo.

Después de llevar a cabo la actividad, les dio de beber a todos una limonada . El truco estaba en que unas llevaban azúcar y otras no. Después de esto les sometió a otra serie de pruebas en las que el autocontrol y la fuerza de voluntad son cruciales. Por ejemplo, les hizo decir correctamente el color de unas letras en las que estaba escrito el nombre de otro color.

Los resultados fueron decisivos: quienes bebieron la limonada con azúcar tuvieron mejores resultados que quienes la bebieron sin azúcar, ya que estos últimos no disponían del motor que aporta la glucosa.

Por este mismo motivo, cuando a nuestro cerebro le falta glucosa, no somos capaces de ejercer el autocontrol y la fuerza de voluntad y eso nos lleva a actuar de manera descontrolada e irracional enfadándonos con la primera persona que se cruza en nuestro camino.

+ El instinto de supervivencia también tiene la culpa de nuestro enfado

La razón por la que nos enfadamos cuando tenemos hambre

Otro elemento importante que también es el culpable de que nos volvamos más suceptibles cuando tenemos hambres tiene que ver con el sistema de regulación de glucosa de nuestro organismo. Cuando la glucosa baja de cierto nivel, se pone en marcha un mecanismo de liberación de hormonas para que se sintetice y llegue al torrente sanguíneo. 

Entre todas estas hormonas liberadas están la adrenalina y el cortisol las cuales también están asociadas al estrés. Por eso, cuando nuestro organismo tiene las reservas de azúcar y energía bajo cero actúa de forma parecida a como lo haría frente a una amenaza, dando lugar a respuestas ilógicas y bruscas de las cuales nos arrepentimos en cuanto llenamos el estómago.