Ansiedad por ser muy autoexigente: el precio de querer ser el mejor

La autoexigencia y el perfeccionismo te pueden llevar a la ansiedad

Laura Sánchez
Laura Sánchez Periodista

Ella es una tirana que nunca está satisfecha, te manda, te ordena, te dice que puedes y tienes que hacerlo mejor, que debes esforzarte más, ser más eficaz, más productiva, te recuerda que no estás a la altura, no te permite fallar, te castiga, te menosprecia, te desvaloriza. Ella es la autoexigencia y nunca tiene suficiente... hasta que te lleva a la ansiedad. ¿Cuál es el precio de querer ser el mejor?

Ansiedad por exceso de autoexigencia

Los psicólogos nos alertan de que cada vez llega más gente a sus consultas por un trastorno de ansiedad. No les hace falta profundizar demasiado para encontrar la causa principal de ese malestar emocional: la autoexigencia. Si el precio de querer ser el mejor es la ansiedad, tal vez tengamos que replantearnos nuestros objetivos en la vida.

Porque está muy bien querer mejorar, pero sin perder de vista que no podemos ser perfectas. ¡No queremos ser perfectas! Pero en la sociedad actual parece que todo el universo conspira para empujarnos a ser más, a ser más altas, a ser más guapas, a ser más flacas, a ser exitosas. Hay que ser la mejor, hay que ser fuerte, hay que ser eficiente, hay que poder con todo y, sobre todo, hay que ser feliz.

Todo son demandas, por parte de la sociedad, por parte de la familia, por parte de la pareja, por parte de los amigos y asumimos esas demandas como propias para convertirlas en lo que nosotras nos exigimos a nosotras mismas. Una autoexigencia que en principio nos sirve como motivación para lograr nuestras metas pero cuando se nos va de las manos lo único que consigue es paralizarnos, bloquearnos. Y si miramos atrás, esa autoexigencia ni siquiera nos permite ver lo que hemos logrado hasta ahora.

El exceso de autoexigencia llega con el regalo de la ansiedad. Nos sentimos vacías, agotadas de intentarlo una y otra vez y que nunca sea suficiente. La frustración oscurece nuestro día a día pensando que nunca conseguimos nada y más adelante llega el miedo. Miedo a no ser capaces, a no ser lo suficientemente buenas, a no ser válidas. Y es entonces cuando empezamos a juzgarnos con una dureza que no utilizaríamos ni con nuestro peor enemigo.

La cura para la autoexigencia

En el juicio que nos hacemos a nosotras mismas por la autoexigencia el veredicto es el de culpabilidad. Merecemos un castigo y ese castigo llega en forma de problemas de ansiedad, de angustia, de ataques de pánico y, si lo dejamos un poco más, de depresión.

Pero existe una cura para la autoexigencia y es la aceptación. Aceptar no es resignarse, es amarse a una misma tal y como se es, observando, conociendo, cambiando si es posible lo que se quiera cambiar. El objetivo no es ser el mejor, es quererse y ese amor nos llevará inevitablemente y sin exigencias a ser mejores.

Para frenar la autoexigencia es necesario aprender a relacionarnos con nosotras mismas de una forma diferente, más comprensiva, más empática, más generosa y más realista. ¿Y si probamos a tratarnos a nosotras mismas igual de bien que a los demás? ¿Y si tratamos de motivarnos desde la espontaneidad y no desde la presión?

No estaría de más revisar los objetivos vitales y personales que nos hemos marcado. ¿Son realmente nuestras expectativas las que tratamos de cumplir o nos las ha impuesto alguien? ¿La vida que nos exigimos es realmente la que queremos vivir? ¿Las metas que nos marcamos son realistas o son producto de la filosofía del "si puedes soñarlo, puedes lograrlo"? Tal vez ha llegado el momento de poner los pies en el suelo y hacer que deje de temblar con una visión más realista, más comprensiva y menos exigente.

¿Y tú? ¿Tienes ansiedad por ser demasiado autoexigente? ¡Cuéntanoslo y tratamos de ayudarte!