9 bellos poemas del Día de Muertos para rendir homenaje a los difuntos

Poesías emotivas de escritores mexicanos para reflexionar sobre la muerte

Sandra Llorente

La fiesta mexicana del Día de Muertos merece una atención especial. Esta festividad nos enseña a apreciar la vida y reflexionar la muerte y a temerla tanto como a aceptarla. La singular manera en que los mexicanos y las mexicanas viven la muerte se refleja en las diferentes tradiciones que durante el día 1 de noviembre (Día de Todos los Santos) y el 2 de noviembre (Día de los Fieles Difuntos) paralizan todo el país para honrar a sus muertos. Los altares, las procesiones, los desfiles, las comidas en los panteones junto a las tumbas de sus seres queridos, así como los cantos y rezos son algunas de las actividades habituales en estos días. La de Muertos es una fiesta de origen prehispánico que la colonización se apropió dándole un carácter religioso, sincretismo que hoy configura una de las tradiciones más bellas, increíbles y quizá extravagantes del mundo. 

Para homenajear esta festividad y a todos los mexicanos, hemos querido recopilar 9 bellos poemas del Día de Muertos para rendir un homenaje a los difuntos de diversos autores mexicanos. Poemas que versan sobre la muerte y que ayudan a comprender la peculiar manera de sentirla desde el pueblo mexicano. 

Bonitos poemas del Día de los Muertos para honrar a los difuntos

1 En los ojos abiertos de los muertos - Jaime Sabines 

Jaime Sabines es uno de los poetas más queridos y reconocidos de Mexico. Chiapaneco de nacimiento, vivió parte de su vida en la Ciudad de México, donde también se dedicó a la política. En este poema Sabines reflexiona sobre la muerte y sus misterios, a través de la visualización del rostro de un muerto con los ojos abiertos. 

En los ojos abiertos de los muertos
¡qué fulgor extraño, qué humedad ligera! 
Tapiz de aire en la pupila inmóvil, 
velo de sombra, luz tierna. 
En los ojos de los amantes muertos 
el amor vela.
Los ojos son como una puerta 
infranqueable, codiciada, entreabierta. 
¿Por qué la muerte prolonga a los amantes, 
los encierra en un mutismo como de tierra? 
¿Qué es el misterio de esa luz que llora
en el agua del ojo, en esa enferma 
superficie de vidrio que tiembla?
Ángeles custodios les recogen la cabeza. 
Murieron en su mirada
murieron de sus propias venas.
Los ojos parecen piedras
dejadas en el rostro por una mano ciega. 
El misterio los lleva. 
¡Qué magia, que dulzura
en el sarcófago de aire que los encierra!

2 Qué costumbre tan salvaje - Jaime Sabines 

La muerte (así como el amor) fue uno de los temas recurrentes del poeta Jaime Sabines. En este poema en particular, se rebela y cuestiona la manera tradicional de enterrar a los muertos, ofreciendo una solución muy mexicana para que revivan

¡Qué costumbre tan salvaje esta de enterrar a los muertos!, ¡de matarlos, de aniquilarlos, de borrarlos de la tierra! Es tratarlos alevosamente, es negarles la posibilidad de revivir.

Yo siempre estoy esperando a que los muertos se levanten, que rompan el ataúd y digan alegremente: ¿por qué lloras?

Por eso me sobrecoge el entierro. Aseguran las tapas de la caja, la introducen, le ponen lajas encima, y luego tierra, tras, tras, tras, paletada tras paletada, terrones, polvo, piedras, apisonando, amacizando, ahí te quedas, de aquí ya no sales.

Me dan risa, luego, las coronas, las flores, el llanto, los besos derramados. Es una burla: ¿para qué lo enterraron?, ¿por qué no lo dejaron fuera hasta secarse, hasta que nos hablaran sus huesos de su muerte? ¿O por qué no quemarlo, o darlo a los animales, o tirarlo a un río?

Habría que tener una casa de reposo para los muertos, ventilada, limpia, con música y con agua corriente. Lo menos dos o tres, cada día, se levantarían a vivir.

3 Yo lo pregunto – Nezahualcóyotl

Uno de los últimos gobernantes chichimecas de México antes de la conquista fue Nezahualcóyotl (1402-1472), militar que destacó por su amor a la filosofía, la poesía y la arquitectura. El que fue monarca de la ciudad-estado de Texcoco en el antiguo México dejó escritos varios poemas sobre la muerte, tema de interés en la época prehispánica. 

Yo Nezahualcóyotl lo pregunto:
¿Acaso de veras se vive con raíz en la tierra?
No para siempre en la tierra:
sólo un poco aquí.
Aunque sea de jade se quiebra,
aunque sea de oro se rompe,
aunque sea plumaje de quetzal se desgarra.
No para siempre en la tierra:
sólo un poco aquí.

4 Un recuerdo dejo – Nezahualcóyotl

Otro poema del gobernante chichimeca de Texcoco que escenifica a la perfección la manera en que el pueblo mexicano entiende y celebra la muerte

Un recuerdo que dejo
¿Con qué he de irme?
¿Nada dejaré en pos de mi sobre la tierra?
¿Cómo ha de actuar mi corazón?
¿Acaso en vano venimos a vivir,
a brotar sobre la tierra?
Dejemos al menos flores
Dejemos al menos cantos.

5 Talpa (fragmento) – Juan Rulfo

El escritor, poeta, guionista y fotógrafo mexicano de la llamada generación del 52 es uno de los grandes del México del siglo XX y nos dejó para la posteridad este fragmento del cuento Talpa, que habla de la muerte (la noche) y la vida (el día) en forma de poema.  

Algún día llegará la noche.
En eso pensábamos.
Llegará la noche
y nos pondremos a descansar.
Ahora se trata de cruzar el día,
de atravesarlo como sea
para correr del calor
y del sol.
Después nos detendremos.
Después.
Lo que tenemos que hacer
por lo pronto
es esfuerzo tras esfuerzo
para ir de prisa
detrás de tantos como nosotros
y delante de otros muchos.
De eso se trata.
Ya descansaremos
bien a bien
cuando estemos muertos.

6 Cuando tengas ganas de morirte - Jaime Sabines

Otro poema de Juan Sabines que habla sobre ese sentimiento que a veces los seres humanos tenemos de querer tirar la toalla. Pero ahí está la vida, ofreciéndose para que la tomes sin miramientos. 

Cuando tengas ganas de morirte
esconde la cabeza bajo la almohada
y cuenta cuatro mil borregos.
Quédate dos días sin comer
y verás qué hermosa es la vida:
carne, frijoles, pan.
Quédate sin mujer: verás.
Cuando tengas ganas de morirte
no alborotes tanto: muérete y ya.

7 Silencio – Octavio Paz

El Nobel de Literatura, premio Cervantes, escritor, poeta, dramaturgo y diplomático fue uno de los mexicanos más reconocidos e influyentes de todos los tiempos. Por supuesto, la muerte tuvo un espacio en su creación, prueba de ello es este poema que versa sobre el silencio y la muerte

Así como del fondo de la música
brota una nota
que mientras vibra crece y se adelgaza
hasta que en otra música enmudece,
brota del fondo del silencio
otro silencio, aguda torre, espada,
y sube y crece y nos suspende
y mientras sube caen
recuerdos, esperanzas,
las pequeñas mentiras y las grandes,
y queremos gritar y en la garganta
se desvanece el grito:
desembocamos al silencio
en donde los silencios enmudecen.

8 Algo sobre la muerte del mayor Sabines - Jaime Sabines (fragmento) 

Jaime Sabines siempre consideró su obra maestra el poema 'Algo sobre la muerte del mayor Sabines', dedicado a su padre Julio Sabines, quien fue el primer mentor del poeta al inculcarle el gusto hacia las letras. En este pequeño fragmento podemos leer cómo el poeta enfrentó la muerte de su padre. 

Siete caídas sufrió el elote de mi mano
antes de que mi hambre lo encontrara,
siete veces mil veces he muerto
y estoy risueño como en el primer día.
Nadie dirá: no supo de la vida
más que los bueyes, ni menos que las golondrinas.
Yo siempre he sido el hombre, amigo fiel del perro,
hijo de Dios desmemoriado,
hermano del viento.
¡A la chingada las lágrimas!, dije,
y me puse a llorar
como se ponen a parir.
Estoy descalzo, me gusta pisar el agua y las piedras,
las mujeres, el tiempo,
me gusta pisar la yerba que crecerá sobre mi tumba
(si es que tengo una tumba algún día).

9 La santidad de la muerte – Amado Nervo

El poeta y escritor modernista del siglo XIX es uno de los exponentes mexicanos de su historia literaria, aunque como diplomático también vivió en otros países de América Latina. En estos fabulosos versos, el poeta retrata la muerte vista desde los ojos de un vivo, la muerte literal, como la vemos en el otro. Un poema que nos acerca a la muerte de una manera natural, como realmente es. 

La santidad de la muerte
llenó de paz tu semblante,
y yo no puedo ya verte
de mi memoria delante,
sino en el sosiego inerte
y glacial de aquel instante.

En el ataúd exiguo,
de ceras a la luz fatua,
tenía tu rostro ambiguo
quietud augusta de estatua
en un sarcófago antiguo.

Quietud con yo no sé qué
de dulce y meditativo;
majestad de lo que fue;
reposo definitivo
de quién ya sabe el porqué.

Placidez, honda, sumisa
a la ley; y en la gentil
boca breve, una sonrisa
enigmática, sutil,
iluminando indecisa
la tez color de marfil.

A pesar de tanta pena
como desde entonces siento,
aquella visión me llena
de blando recogimiento
y unción…, como cuando suena
la esquila de algún convento
en una tarde serena.

¿Qué te parecen estos poemas del Día de Muertos? ¿Conoces alguno más? ¡Te leemos en los comentarios! 

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