Dromomanía: así es la obsesión o adicción por viajar

Características del trastorno viajero más problemático

Laura Sánchez
Laura Sánchez Periodista

"Mi pasión es viajar". Seguro que has escuchado esto a más de una persona y puede que tú misma lo hayas dicho alguna vez. ¿A quién no le gusta viajar? Descubrir nuevos lugares, desconectar, vivir nuevas experiencias... Parece que todo son beneficios en los viajes. Pero, ¿qué pasa cuando viajar se convierte en una adicción o en una compulsión irrefrenable? Puede que sufras dromomanía, todo un trastorno viajero del que te hablamos en nuestro diccionario de manías.

Qué es la dromomanía

Si hay algo en lo que pueda materializarse la felicidad es en un viaje. Viajar nos hace más felices, más maduros, más tolerantes y hasta más interesantes. Viajar nos enriquece, qué duda cabe. Así que, ¿cómo es posible que estemos ante un trastorno? Cuidado porque no todos los viajeros sufren dromomanía.

La dromomanía se define en la Real Academia Española (RAE) como la "inclinación obsesiva o patológica por trasladarse de un lugar a otro". Visto así la adicción a viajar sería como una especie de fuga o huida de la propia vida o de la propia realidad, lo que nos hace intuir las consecuencias nefastas de esta obsesión, adicción o manía.

La obsesión por viajar puede llegar a convertirse en un trastorno psiquiátrico relacionado con problemas de control de impulsos, como ocurre con todas las adicciones. No lo puedes evitar. Esa sensación de hacer la maleta para tu próximo viaje es impagable, como la felicidad que te embarga al comprar un billete de avión a un nuevo destino.

Cuando viajar se convierte en un trastorno

Pero, ¿de verdad viajar es un problema aunque sea en exceso? Porque no paramos de oír los beneficios de viajar, la necesidad incluso de desconectar, la utilidad de conocer nuevas culturas. ¿Qué daño puede hacernos un viaje más? En principio ninguno. En principio puedes viajar todo lo que quieras y todo lo que te puedas permitir, y aquí llega el problema.

¿Realmente te lo puedes permitir? Hay muchas personas que no renuncian a hacer cuatro o cinco viajes al año y para ello tienen que endeudarse. Hay personas que a lo que renuncian es a trabajos estables porque no les permiten viajar todo lo que desean. Y hay personas que rompen con sus parejas, que desaparecen de la vida de sus familiares porque no pueden evitar recorrer el mundo.

Cómo saber si tienes dromomanía

Para saber si sufres dromomanía tienes que atender a los motivos de tus viajes. ¿Viajas porque te gusta o viajas porque lo necesitas? Que no es lo mismo. La necesidad hace la dependencia producto de la adicción. Las personas con dromomanía tienen pensamientos obsesivos con los viajes, sufren un auténtico síndrome de abstinencia cuando vuelven del viaje y solo encuentran alivio en la preparación de una nueva aventura.

Tal vez te hayan dicho muchas veces que no paras de viajar, que siempre estás recorriendo el mundo, que lo tuyo no es normal. Y tú no haces caso porque te encanta viajar. ¿Es eso un problema? Depende. Si viajar hace que descuides tus obligaciones, que rindas menos en el trabajo, que estés perdiendo amigos, que tengas una crisis en tu relación de pareja o que no te ocupes de tu familia, entonces sí es un problema.

La clave está en tu grado de satisfacción vital. La dromomanía es un trastorno que se caracteriza por su aspecto adictivo o de necesidad. Necesitas viajar porque necesitas huir, porque viajar es la única manera de sentirte feliz, porque cuando vuelves de tus viajes y te intentas instalar en tu vida habitual no encuentras tu lugar, tan solo frustración.

Porque no te gusta tu vida y quieres irte muy lejos. Le pasa a mucha gente, ¿sabes? Lo de no encontrar el sentido de la vida, lo de las crisis vitales, lo de sentirte estafada por la vida. Y lo de querer escapar de tu propia vida. Pero tú, si sufres dromomanía, conviertes ese deseo de escapar en realidad. Evitas enfrentarte a tu propia vida viajando. Y la evitación no es el mejor viaje que puedes hacer en la vida.

¿Tiene cura la adicción a viajar?

Hay que tener en cuenta que no hablamos de una afición o del puro placer de viajar. En la dromomanía hablamos de obsesión, de adicción, de evitación y de dependencia. Y por lo tanto, se trata un problema que requiere un tratamiento psicológico. Es un desorden mental en toda regla, por más que la sociedad vea como muy aceptable la adicción a viajar.

Ninguna adicción es buena, aunque no estemos hablando de drogas, sino de algo muy placentero y saludable como es viajar. El hecho de ser dependiente de esta actividad es lo que lo convierte en peligroso, así que será mejor que te pongas en manos de profesionales.

¿El tratamiento? Un psicólogo analizará el origen de tu trastorno y determinará la mejor terapia. Desde ya te garantizamos que no vas a tener que renunciar a viajar, sino que podrás hacerlo con otras motivaciones más saludables que no sean las de escapar. Y si en unas vacaciones no puedes viajar por algún motivo, no vas a sentir que es el fin del mundo.

¿Se puede tener adicción por viajar?

El lado positivo de la dromomanía

No queremos ponernos muy alarmistas con el tema de la dromomanía. Tan solo advertimos que es un trastorno grave con consecuencias peligrosas. Pero insistimos en que no todos los llamados adictos a los viajes son dromomaniacos. Si te gusta viajar y si te lo puedes permitir, adelante, tienes el mundo entero por descubrir.

Porque no vamos a negar la cantidad de beneficios que tiene viajar. La ilusión que te llena antes y durante, lo que llegas a aprender de ti misma y de los demás, especialmente si viajas sola, el enriquecimiento a nivel cultural y humano que te da conocer otras culturas... Y podemos seguir porque la lista de beneficios de viajar es interminable.

Viajar te enriquece, te humaniza, te ayuda en tu desarrollo personal, crea vínculos con las personas con las que viajas o las que te encuentras en el camino. Viajar te ayuda a desconectar de las responsabilidades diarias, algo necesario que nada tiene que ver con la conducta de evitación. Un viaje rompe con tu rutina y al mismo tiempo favorece tu equilibrio emocional. ¿Qué más se puede pedir?

No hay nada malo en que dediques tus días libres a viajar, digan lo que digan los demás. Si te gusta viajar, haz las maletas y recorre el mundo. Si viajar te hace feliz, viaja. Pero procura que no sea la única cosa que te haga feliz.

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