Qué hay detrás de las personas que se justifican en exceso

Inseguridad, necesidad de control y querer agradar a todo el mundo son algunas de las razones

Laura Ruiz Mitjana

Justificarse implica explicar a los demás por qué hacemos lo que hacemos, dar explicaciones y, en definitiva, intentar transmitir las razones que nos llevan a comportarnos de una determinada forma. Así, en otras palabras: es una búsqueda y una transmisión de las razones que nos mueven a actuar.

Las personas nos justificamos a diario por nuestras acciones.  Lógicamente, algunas más que otras. En general, las personas seguras de sí mismas no necesitan justificar sus acciones frente a los demás (otra cosa es que expliquen por qué actúan de X forma u otra si se les pregunta) porque no sienten la necesidad de “demostrar” nada.

Por contra, las personas inseguras o que desean dar una imagen positiva de sí mismos, muchas veces sienten la necesidad de justificar -en exceso- todas sus acciones. Pero, ¿qué más hay detrás de las personas que se justifican en exceso? ¿Una búsqueda de la aprobación social? ¿Eludir responsabilidades? ¿Excusarse? ¿Control? En Diario Femenino reflexionamos sobre todo ello con ayuda de nuestra psicóloga Laura Ruiz Mitjana.

Las verdaderas razones que llevan a alguien a justificarse constantemente  

A finales de los años 80, la Universidad de Stanford realizó un estudio (Steele, 1988) que demostró que las personas sentimos la necesidad de justificarnos para mantener la integridad del yo. Sin embargo, hay otros factores que intervienen en ese uso excesivo de la justificación como, por ejemplo, una búsqueda de reducir los remordimientos.

Por ejemplo, las personas que cometen conductas reprochables, usarían esta justificación para no admitir sus errores y reducir así el sentimiento de remordimiento o culpa.

Así que, en cierta manera, las personas que se justifican mucho lo que buscan es sentirse mejor. Pero hay otras posibles causas: inseguridades personales, miedo a que nos pongan en duda, una obsesión para que las cosas siempre queden muy claras (muy típico del trastorno obsesivo compulsivo de la personalidad, por ejemplo), etc.

Vamos a hablar con un poco más de detalle de las causas que explicarían que una persona se justifique en exceso:

1 Inseguridades personales

Hay personas que tienen esta gran necesidad de justificarse precisamente porque se sienten inseguras. Al sentirse inseguras con lo que hacen (o con cómo lo hacen), necesitan explicar con todo lujo de detalles sus motivos. Para reafirmarse, para sentirse más seguras, buscando la aprobación y la comprensión ajena

Muchas veces, esto está en la base de una baja autoestima y de un autoconcepto poco integrado.

2 Personalidad obsesiva compulsiva 

El trastorno de personalidad obsesivo compulsivo se caracteriza por un patrón de comportamiento donde predomina una preocupación generalizada por el orden, el perfeccionismo y el control. A veces, un comportamiento típico de estas personas se traduce en esta justificación excesiva de las cosas.

Así, son personas que quieren dejarlo todo claro y, por ello, se explican con muchos detalles, porque sienten la necesidad de que no haya dudas sobre sus comportamientos. Todo esto tiene que ver precisamente con esta búsqueda de control y perfeccionismo que se sustenta en una gran rigidez mental. A raíz de esa rigidez, buscan que todo se entienda bien y que no haya dudas sobre sus comportamientos.

3 Necesidad de control

Muy relacionado con el punto anterior, encontramos esta necesidad de control a la hora de justificarlo todo. Las personas que manifiestan estas conductas, y que no siempre tienen porqué tener un trastorno de la personalidad obsesivo-compulsivo, “necesitan” ese control para sentirse seguras

Y ese control lo obtienen a través de sus conductas como, por ejemplo, justificando mucho lo que hacen y por qué lo hacen. Es un pensamiento del estilo: “si controlo lo que explico y lo que hago, tengo el control y, por ello, justifico todas mis acciones”. Como en el caso anterior, esto se sustenta en una gran rigidez mental (son personas a las que les cuesta tolerar los cambios, con poca flexibilidad mental).

4 Miedo a dar una mala imagen

El miedo a dar una mala imagen también está detrás de las personas que se justifican en exceso. Este punto iría muy asociado a las inseguridades personales o la baja autoestima ya mencionadas. Son personas que tienen miedo a dar una mala imagen si no justifican excesivamente sus acciones; piensan, “si no me explico bien, pensarán que soy de X forma o de otra, me criticarán”, etc.

Es decir, les da miedo que les juzguen y, por ello, explican lo que hacen y por qué lo hacen con todo tipo de detalles para, en cierto modo, defenderse. Así que detrás de esas justificaciones hay, en realidad, un mecanismo de defensa con el que se “protegen”.

5 Excusarse 

Otro de los factores que hay detrás de las personas que se justifican en exceso es la necesidad de excusarse. Una excusa se define como una razón o argumento que se da para justificar una cosa, en especial un error o una falta para demostrar a alguien que no se es culpable, o para no responsabilizarse de algo.

Así, cuanto más se justifican estas personas, más intentan excusarse, o más quieren que veamos algo que realmente no es. Es su manera de eludir ciertos temas o conflictos, de justificar sus comportamientos, de evitar algún comentario negativo o algún daño y, en definitiva, de mantener una imagen positiva frente a los demás.

6 No sentir remordimientos

Finalmente, otra razón que puede llevar a las personas a justificarse en exceso es el no sentir remordimientos o el reducir la sensación de culpa. El remordimiento es una inquietud interna, un pesar que queda después de realizar lo que se considera una “mala acción”; es una emoción que se vive de forma desagradable.

Por su parte, la culpa es una emoción que sentimos cuando creemos que somos responsables de haber causado algún daño. Es una emoción social, en tanto que nos lleva a reparar vínculos.

Así, estas personas, frente a estos sentimientos que anticipan que van a surgir en su interior (y que les resultan desagradables), actúan de la siguiente forma: excusándose por sus acciones, justificándolas, a fin de que “parezcan menos malas”, o de que los demás puedan entenderlas mejor, para no sentir esa culpa o ese remordimiento. Es, en cierta forma, una manera de restituir el equilibrio emocional (o de evitar sentirse mal).

Comprensión y empatía

Y con todo lo que hemos dicho… ¿Debemos dejar de fiarnos de las personas que se justifican en exceso? Para nada. Simplemente, tener en cuenta que estas son algunas de las razones que les llevarían a actuar así y observar. 

Siempre hay algún motivo tras una conducta de justificación y este no tiene por qué ser “malo”. Pero conocer estas razones nos ayuda a seguir aprendiendo sobre el comportamiento humano, sobre las relaciones personales y sobre todo, sobre una misma.

Además, conocer estas razones también nos puede ayudar a empatizar con los demás y a entender por qué actúan cómo actúan (o por qué lo hacemos así nosotras mismas). Y en ese entendimiento, en esa comprensión, nace la posibilidad de crear vínculos más sanos y auténticos con los demás.

“La empatía se trata de encontrar ecos de otra persona en ti”.
-Mohsin Hamid- 

Y tú, ¿alguna vez te has justificado “en exceso” por algún comportamiento? ¿Lo has hecho de forma consciente o inconsciente? ¿Puedes identificar los motivos que te llevaron a actuar así? Si indagas un poco más en ti misma, verás que nadie actúa en vano, y que siempre hay alguna razón que explique nuestra conducta (aunque a veces sea una razón totalmente inconsciente).

 

Referencias bibliográficas: 

  • REAL ACADEMIA ESPAÑOLA: Diccionario de la lengua española, 23.ª ed., [versión 23.3 en línea]. 
  • Redorta, J., Alzina, R. B. & Galdós, M. O. (2006). Emoción y conflicto: aprenda a manejar las emociones.
  • Steele, C. M. (1988). The psychology of self-affirmation: Sustaining the integrity of the self. In L. Berkowitz (Ed.), Advances in experimental social psychology, Vol. 21. Social psychological studies of the self: Perspectives and programs (p. 261–302).

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