Los peligros para la salud mental de querer controlarlo todo siempre

La obsesión por el control y sus terribles consecuencias psicológicas

¿Tienes la sensación de que siempre necesitas tenerlo todo bajo control? El control es una conducta que aparece, muchas veces, derivada del miedo. Cuando tenemos miedo y no sabes muy bien cómo gestionar esta emoción a nivel interno, ponemos en marcha mecanismos externos que nos hacen sentir “seguras” (aunque es una seguridad falsa, como veremos). Así, uno de estos mecanismos es el control.

A través del control, intentamos controlar, válgase la redundancia, las circunstancias externas para reducir esa sensación interna de miedo, así como el malestar derivado de no saber gestionar de forma más adaptativa ese miedo. También puede tratarse de un control interno, por ejemplo, intentando controlar nuestros sentimientos o emociones

Pero, ¿qué ocurre cuando intentamos controlarlo todo siempre? Que estamos limitadas por nuestro propio control, ya que ese control nos dificulta una adaptación a la vida en general. Descubre qué más peligros para la salud mental de querer controlarlo todo siempre encontramos.

El control para tapar otra emoción: el miedo

Como decíamos en la introducción, uno de los principales peligros de querer controlarlo todo siempre es que, en realidad, estamos tapando una emoción más profunda: el miedo.

Hablamos de tapar, y no de eliminar, porque el miedo no desaparece porque nosotras intentemos controlarlo todo en nuestra vida, sino que solo se apaga temporalmente (para después resurgir con más fuerza, a la que nos “despistemos” y nos dejemos llevar un poco).

Un ejemplo de usar el control para amortiguar el miedo

Pongamos un ejemplo para entenderlo mejor: imagina que tienes miedo de que tu pareja te sea infiel o de que te deje de querer. ¿Qué haces para gestionar ese miedo o que “desaparezca”? Aplicas el control con ella: le controlas el móvil, le preguntas constantemente qué hace, desconfías

En el fondo, estás utilizando estos mecanismos para sentirte más segura. El problema es que no obtienes una seguridad real, porque no te sientes nunca tranquila. Piensa que el control es insaciable, y que, cuanto más lo ejerzas, más lo “necesitarás” para apagar ese fantasma que es el miedo.

La obsesión por el control y sus peligrosas consecuencias psicológicas

+ Rigidez mental

Uno de los peligros para la salud mental de querer controlarlo todo siempre es la rigidez mental que se acaba instaurando en una misma con el tiempo. La rigidez mental es un patrón de pensamiento que nos vuelve inflexibles a los cambios.

Puede llegar a resultar muy perjudicial porque nos impide adaptarnos a las diferentes situaciones de la vida y, además, también puede interferir en nuestras relaciones interpersonales. Y es que, en este sentido, cuando somos rígidas mentalmente, nos cuesta entender los otros puntos de vista o las opiniones diferentes a la nuestra.

+ Dificultades para disfrutar

El control, ya sea externo (control del entorno) o interno (control emocional, por ejemplo), conlleva otro peligro: y es que nos impide dejarnos llevar y disfrutar. Piénsalo: si lo intentas tener todo siempre bajo control, ¿qué espacio le estás dejando a la espontaneidad? ¿Al dejarse llevar? Probablemente, muy poco espacio.

¿Y qué ocurre? Que difícilmente nos dejaremos llevar cuando en nuestra mente está activada, constantemente, la búsqueda de control.

El disfrute, aunque no siempre, muchas veces se asocia precisamente a ese “dejarse llevar”. Y ese disfrute puede llegar cuando nos salimos de lo establecido y cuando somos nosotras mismas, actuando como realmente sentimos y no cómo creemos que debemos actuar para sentirnos “seguras” (a través del control).

+ Nos hace centrarnos en los resultados y nos olvidamos del proceso

Otro de los peligros de querer tenerlo todo siempre bajo control es que, este mecanismo, muchas veces, nos hace estar pendiente únicamente de los resultados. Pero, ¿y qué ocurre con el proceso para llegar a ellos? ¿No podemos disfrutar de él?

“Necesito tenerlo todo bajo control, todo preparado, para que ese día sea perfecto”. ¿Ves? Te estás centrando en los resultados, lo que te impide disfrutar del proceso (por ejemplo, durante la preparación de una boda, de una fiesta, de una cena, etc.).

+ Aumenta nuestra vulnerabilidad

La búsqueda constante de control en cierto modo, también nos vuelve vulnerables. ¿Por qué? Porque en el momento en el que dejamos de ejercer ese control, por las razones que sean (agotamiento mental, un “despiste”, dejarnos llevar, etc.), nos sentimos vulnerables. Recuperamos la sensación de miedo inicial

Entonces, te preguntas: “¿y qué ocurrirá si no ejerzo control?” Y te angustias. Te entra el miedo a que algo se te escape, a sufrir, a mostrarte vulnerable y desprotegida... Lo que hace que vuelvas a ejercer el control, una conducta que te proporciona una falsa seguridad de confianza.

+ Hace aflorar los pensamientos obsesivos

El control, en muchos casos, va unido a las conductas o pensamientos obsesivos. Esto forma parte de trastornos como el trastorno obsesivo compulsivo (TOC) o el trastorno de la personalidad (TP) obsesivo-compulsivo. Y es que el control se nutre muchas veces de esa obsesividad, de esa búsqueda constante del perfeccionismo o del orden, entre otros. Y esto, a su vez, hace aflorar en ti pensamientos obsesivos que te generan malestar.

Para entenderlo mejor: imagina que necesitas tenerlo todo siempre bajo control (saber qué hace tu pareja, dónde va, con quién está, etc.). ¿Qué ocurre cuando no puedes ejercer ese control? Por ejemplo, porque tu pareja se ha ido de viaje. Que entonces aparecen los pensamientos obsesivos para “recordarte” que no estás pudiendo ejercer control y que algo terrible puede ocurrir si no lo haces.

+ Perdemos la oportunidad de sorprendernos

Finalmente, otro de los peligros para la salud mental de querer controlarlo todo siempre es la pérdida de la oportunidad de sorprendernos. ¿Qué ocurre? Que al tenerlo todo siempre tan controlado, no hay espacio para los imprevistos, para las sorpresas, para el “dejarse llevar” o para la novedad… ¿Por qué?

Porque todo lo estamos intentando controlar, todo está milimétricamente calculado. De esta forma, no estamos dejando que la vida nos sorprenda. Así, perdemos la oportunidad de disfrutar de las sorpresas agradables que pueden aparecer en nuestro día a día, y en muchos casos, también la oportunidad de conocer gente nueva, de innovar o de salirnos un poco de la norma.

¿Qué hay detrás de querer controlarlo todo siempre? Causas

Como hemos ido viendo, tras este tipo de comportamientos, en la mayoría de ocasiones se esconde el miedo. El miedo puede ser un miedo a múltiples situaciones: miedo a que nos abandonen, a que nos rechacen, a dejarnos llevar, a que nos hagan daño, a ser uno mismo, a no encajar, a no gustar, a ganar peso…

Y como no sabemos gestionar ese miedo, intentamos eliminarlo como sea, a través de las conductas de control. El control lo podemos ejercer en diferentes ámbitos: en nuestra relación de pareja, con nosotros mismos, en el trabajo, en nuestras relaciones interpersonales en general, etc.

Más allá del miedo, en la base de esta necesidad constante de control, aparece también un fuerte sentimiento de inseguridad o baja autoestima. No sucede siempre, pero en muchas ocasiones, la persona intenta “contrarrestar” este sentimiento a través del control.

Esto se traduce en un mecanismo de afrontamiento bastante desadaptativo, a través del cual la persona busca “protegerse” de los imprevistos y de todo aquello que le puede causar dolor o malestar (o que le puede dañar aún más la autoestima), ejerciendo este control.

¿Control? La importancia del punto medio

Como ves, querer controlarlo todo siempre, además de no ser posible, es algo que puede conllevar una serie de peligros para nuestra salud mental. Más allá de lo mencionado, también puede causarnos ansiedad, estrés o malestar.

Querer tener bajo control ciertas áreas de nuestra vida no está ni bien ni mal; es más, puede ayudarnos a sentirnos mejor en muchos casos, y, además, hay personas a las que les va bien hacerlo.

Pero en salud mental lo mejor siempre es situarnos en el punto medio, buscar la templanza y el equilibrio; por ello, ¿es bueno buscar el control? Como ocurre con todo, sí, pero en su justa medida (sin obsesionarnos con él).

 

Referencias bibliográficas:

  • American Psychiatric Association –APA- (2014). DSM-5. Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Madrid: Panamericana.
  • Vaquero, Concepción y Vaquero, E. (2010). Psicología. México: Esfinge.

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