El miedo al rechazo: sus causas y cómo gestionarlo (para no sufrir)

¿Cómo se comportan las personas con miedo al rechazo y necesidad de integración?

Laura Ruiz Mitjana

Somos seres sociables y, como tales, sentimos una necesidad innata a vincularnos con los demás, a sentirnos integrados. Ya desde pequeños nos gusta sentirnos incluidos en los grupos (en la escuela, en la familia…) y no sentirnos excluidos. Esto es algo natural y, con los años, normalmente, la necesidad de integración se va modulando y se va aprendiendo a gestionar, de forma saludable.

A nadie le gusta sentirse rechazado, ¡y es normal! ¿Sabías que cuando nos sentimos rechazados, nuestro organismo libera las mismas sustancias químicas que cuando sufrimos un golpe? Así lo demostró un estudio realizado en 2013 por investigadores de la Universidad de Michigan. De esta forma, durante un rechazo, y también durante una agresión física, se activa el mismo circuito analgésico en nuestro organismo.

Y es que, sentirnos rechazados es una experiencia desagradable. Pero si disponemos de una buena autoestima, este rechazo no tendría por qué hacernos dudar de nuestra propia valía. Hay millones de personas en el mundo, y la mayoría de ellas ni nos escogerán, ni tienen por qué hacerlo. Por eso, trabajar en una buena autoestima es el primer paso para reducir este miedo al rechazo o, por lo menos, conseguir que el impacto de esta situación se reduzca.

El miedo al rechazo y sus dificultades

Así, hay personas que desarrollan un miedo al rechazo que les dificulta avanzar en sus relaciones sociales o de pareja, o a las que este tipo de situaciones (sentirse rechazadas o abandonadas) les genera un intenso sufrimiento.

El miedo al rechazo es más frecuente de lo que podríamos pensar en primera instancia. Bajo este miedo a sentirnos rechazadas, muchas veces se esconden otros miedos aún más profundos. Se trata de un miedo común que, por suerte, se puede aprender a gestionar y a integrar como parte de una misma sin que eso nos genere un sufrimiento innecesario.

¿Qué hay detrás del miedo al rechazo? Causas

Un apego inseguro desarrollado durante la infancia puede influir en la aparición de este miedo, eso es, un apego que se ha instaurado a través de un estilo educativo donde nos hemos sentido poco queridas o poco atendidas, por ejemplo. En gran medida, las experiencias con las figuras de apego en la niñez influyen mucho en este tipo de miedo.

Sin embargo, no todo proviene de la infancia; podemos desarrollar miedo al rechazo aún y habiendo desarrollado un apego totalmente sano en la niñez. Además, otras experiencias de la vida que vivimos de más adolescentes o de más adultas, y muchas otras circunstancias, también pueden estar en la base de este tipo de miedo.

+ Apego, infancia y experiencias varias tras el miedo al rechazo

Cuando nos vinculamos con los demás, no siempre lo hacemos sintiéndonos plenamente seguras y libres de miedos. Además, muchas veces, a través de nuestras relaciones personales, estamos reproduciendo patrones muy anclados en nuestra historia personal, que nos hacen vincularnos de una forma u otra.

Esos patrones tienen mucho que ver con la infancia y la niñez, porque es en esa etapa de la vida cuando formamos nuestros primeros apegos, eso es, nuestro patrón de vinculación también en la adultez. Sin embargo, es importante saber que este patrón también puede modificarse con el tiempo.

A medida que nos hacemos mayores, vivimos experiencias nuevas que también modulan nuestra manera de relacionarnos. Además, pasamos por la adolescencia, una época especialmente vulnerable a nivel emocional, nos enfrentamos a los primeros rechazos, etc. Y a raíz de este cocktail de experiencias tempranas y no tan tempranas, y también en función de nuestra personalidad y de nuestra herencia genética, podemos desarrollar cierto miedo al rechazo.

¿Qué hacemos cuando sentimos miedo al rechazo?

No todas las personas que tienen miedo al rechazo actúan de la misma forma, pero vamos a hablar de algunos patrones frecuentes tras el miedo al rechazo.

+ Exponernos constantemente al rechazo

Hay personas que, temen tanto el rechazo que, necesitan compulsivamente “demostrarse” a sí mismas que pueden no-ser-rechazadas. Suena un poco enrevesado, ¿no? Pero así es. Te ponemos un ejemplo sencillo para que se entienda mejor: una chica que se siente rechazada por X persona. Y no quiere sentirse así, ya que le disgusta mucho esa sensación.

¿Qué hace? Justamente lo contrario de lo que le generaría alivio y liberación; vuelve a contactar con esa persona, le pide otra cita o simplemente busca su atención, hace lo posible para coincidir “de casualidad” en algún evento y que se dé la opción de volver a “intentarlo”, etc. Es decir, esta chica lo que está buscando es no sentirse rechazada, aunque precisamente lo que hace es exponerse constantemente al rechazo.

+ Huir del compromiso 

Otra estrategia que hacemos cuando tenemos miedo al rechazo, ya sea consciente o inconscientemente, es evitar vincularnos de manera profunda con los demás. Huir del compromiso, ir de relación en relación sin comprometernos realmente con nadie, para así huir también del rechazo. “Como no me comprometo, no hay vínculo y, por lo tanto, no me pueden rechazar”.

Es una manera de huir también del dolor. Sin embargo, evitar vivir de verdad, vincularnos de verdad con alguien, en realidad también es una forma de huir de la vida y del propio sentir. Y eso también nos aleja de la felicidad. ¿Quién quiere vivir con miedo? 

+ Crear relaciones dependientes

Y finalmente, otra de las cosas más frecuentes que hacemos las personas cuando tememos el rechazo, es crear relaciones dependientes con los demás (sobre todo con las parejas). “Tengo miedo al rechazo, y como me da tanto miedo exponerme a él... ¿qué hago?”

La respuesta: me vinculo de tal forma que ese rechazo tenga menor probabilidad de aparecer, menor margen de maniobra. ¿Cómo? A través de relaciones donde “dependo” del otro, donde sé todo lo que hace el otro y el otro lo sabe todo de mí, donde existe control y donde “necesito” mi dosis diaria de cariño y amor para sobrevivir.

Lógicamente, son relaciones poco saludables, porque nos generan un apego hacia el otro que nos impide desarrollar nuestra propia autonomía. Además, no son el remedio al rechazo, primero porque el rechazo no es algo que debamos evitar, sino algo que debemos aprender a gestionar. Y segundo, porque meternos en una relación dependiente no nos asegura, en ningún caso, que esa persona nunca nos abandonará (aunque tengamos esa falsa creencia).

¿Cómo gestionar el miedo al rechazo?

Para gestionar el miedo al rechazo primero de todo debemos normalizarlo; normalizar que no podremos gustarle a todo el mundo y, sobre todo, que las personas no tienen ninguna obligación de quedarse siempre a nuestro lado.

Al igual que nosotras decidimos cuando marcharnos de la vida de alguien, los otros también tienen que poder hacer lo mismo con nosotras. Y duele (es la prueba de que no somos robots), pero el dolor también acaba pasando. 

Por otro lado, como decíamos, no se trata tanto de evitar ese miedo (recuerda que muchos de nuestros miedos tienen su sentido, su razón de ser), sino de entender por qué está ahí y aprender a gestionarlo. 

+ Normaliza el rechazo

Para gestionar ese miedo, será fundamental exponernos a él. Esto no quiere decir que debamos buscar a toda costa personas que nos rechacen y experimentar esa sensación, claro que no, sino más bien, se trata de vivir con naturalidad estas experiencias cuando lleguen. 

+ Fomenta tu autoestima 

Nos van a rechazar muchas personas en la vida, pero lo que importa es que tú hayas aprendido a sostenerte por ti misma, sin necesitar esa aprobación externa. Esto se consigue a través de una buena autoestima y se puede trabajar de muchas maneras; una de ellas, acudiendo a terapia.

Si te sientes bien contigo misma, un rechazo solo será una experiencia más en tu vida, que no moverá los cimientos de tu amor propio y mucho menos, te hará dudar de lo que vales. Recuerda que tu valía depende del amor que te des diariamente, a través del autoconocimiento y del autocuidado y nunca de lo que los demás opinen de ti o del rol o el espacio que te quieran dar en su vida.  

+ Dale espacio al sentimiento

¿Cómo actuar ante el rechazo? Primero de todo, permítete sentir rabia, tristeza o frustración, es decir, todo lo que esa situación te genera. Es normal que no te guste experimentar un rechazo y todo lo que conlleva. Está bien sentirlo.

Pero una vez pasa la emoción, racionaliza la situación: te está rechazando una persona (o un grupo, o lo que sea), pero eso no tiene nada que ver contigo, sino con el otro. Dale a esta experiencia el valor que se merece, pero no más. En estos momentos, es hora de trabajar para buscar tu propio lugar, que no siempre tiene que ser al lado de alguien (pero sí debe ser siempre contigo misma).

 

Referencias bibliográficas:

  • Branden, N. (2001). La psicología de la autoestima. México: Paidós.
  • Goleman, D. (2002). La inteligencia emocional. México: Javier Vergara Editor.
  • Hsu, D., Sanford, B., Meyers, K. et al. Response of the μ-opioid system to social rejection and acceptance. Mol Psychiatry 18, 1211–1217 (2013).

Puedes leer más artículos similares a El miedo al rechazo: sus causas y cómo gestionarlo (para no sufrir), en la categoría de Autoayuda en Diario Femenino.