Por qué escondemos las emociones negativas (y el peligro de reprimirlas)

La represión emocional puede llevarte a padecer ansiedad o depresión

Laura Ruiz Mitjana

Las emociones son valiosísimas, en tanto que nos guían en este camino tan complejo e increíble que es la vida. Las emociones afloran ante todo tipo de vivencias: vivencias agradables, tristes, duras… Durante el día, experimentamos un sinfín de emociones. Hay personas que tienden a ser bastante estables en este sentido y otras que presentan más labilidad emocional (inestabilidad).

Dentro de las emociones, históricamente siempre se ha hablado de emociones “positivas” y emociones “negativas”. Sin embargo, la realidad es que las emociones, simplemente, son. Otra cosa es la sensación que nos generan: sensación agradable, desagradable… Claro que eso cambia, pero la emoción, en sí, no es buena o mala (ya que toda emoción es útil y nos está intentando decir algo).

Pese a esto, siempre se nos ha educado desde esta perspectiva y se nos ha inculcado que hay emociones “malas” que conviene reprimir. Esto ha sucedido especialmente en los hombres, que han heredado esta cultura de represión emocional, como si llorar fuera un signo de “debilidad” o de “poca masculinidad”.

La consecuencia de todo esto es: una represión emocional de las emociones negativas brutal que acaba conllevando efectos psicológicos aún más negativos que la propia emoción. Así, muchas personas tienden a esconder este tipo de emociones, creyendo que así las “eliminarán”, cuando precisamente el hecho de ocultarlas hace que aparezcan con mucha más fuerza en un futuro (y con consecuencias peores). 

Pero, ¿qué se esconde detrás de esta represión? ¿Por qué actuamos así? ¿Qué peligros conlleva esta práctica y por qué es importante darle espacio a la emoción? En Diario Femenino vamos a hablarte de las causas por las que suelen esconderse las emociones negativas y las peligrosas consecuencias de reprimirlas. ¡Atención!

Causas de esconder las emociones

¿Cuáles son las causas más frecuentes del hecho de esconder las emociones negativas? ¿Qué hay detrás de estas conductas? Hablamos de algunas situaciones típicas:

+ Incomodidad

Nos han educado para que las emociones consideradas “negativas” nos incomoden. Y eso es lo que ocurre, que cuando sentimos tristeza, ira, rabia… nos sentimos incómodos porque en realidad, no sabemos qué hacer con esa emoción. Y a raíz de ahí la reprimimos, la ocultamos, la intentamos minimizar, porque queremos que desaparezca. Y la realidad es que cuanto más la ocultamos, con más fuerza aparece la próxima vez.

+ Miedo a la emoción

Otra de las causas de esconder las emociones negativas es que nos da miedo aquello que sentimos. Quizás porque no lo entendemos; no entendemos esa emoción o lo que la generó. O porque nos incomoda, y a raíz de ello desarrollamos ese “miedo” irracional a nuestro propio sentir. ¿La consecuencia? Ocultar la emoción, de nuevo.

+ Temor a lo que está pasando

El temor a lo que nos está pasando, es decir, al antecedente de esa emoción negativa, también explicaría por qué muchas veces escondemos esas emociones. Quizás estamos pasando por una situación traumática o desagradable, que nos genera sufrimiento, y por ello intentamos reprimir todas esas emociones, esperando a que “mágicamente” desaparezcan.

En cierta manera, se trata de un pensamiento mágico que nos lleva a pensar que “si elimino la emoción, elimino también aquello que la causa”. Nada más lejos de la realidad.

+ Intolerancia al dolor

El dolor nos asusta, y por ello tendemos a reprimirlo. ¿Qué ocurre cuando lo reprimimos? Que entonces aparece el sufrimiento. Y este es más difícil de lidiar, porque ya no es una consecuencia natural de las vivencias (como lo sería el dolor), sino que se trata de la reacción disfuncional a un sentimiento natural. Así, otra de las causas que explicaría esta represión de emociones negativas es el miedo al dolor (o al sufrimiento).

Las peligrosas y graves consecuencias de reprimir las emociones

Los peligros de esconder o reprimir las emociones son múltiples. Hablamos, desde un punto de vista psicológico, de las consecuencias más comunes a esta práctica tan nociva:

+ Síntomas (psico)somáticos

Todo lo que callamos, todo lo que reprimimos, se manifiesta como puede, y esto incluye nuestro cuerpo. Es por ello que dicen que, en cierta manera, la piel es el lenguaje del alma, porque nuestro cuerpo expresa lo que nuestra mente intenta callar. Hablamos sobre todo de los diferentes trastornos somáticos (o psicosomáticos).

Este tipo de trastornos implican la experimentación de síntomas inexplicables desde el punto de vista médico, es decir, síntomas que no se pueden atribuir a una enfermedad física. Encontramos muchos tipos de trastornos somáticos, pero mencionaremos solo algunos de los más frecuentes:

- Trastornos cutáneos: acné, dermatitis, eczemas…

- Trastornos endocrinos: hipertiroidismo.

- Dolor crónico: cefaleas, migrañas

- Trastornos respiratorios: rinitis alérgica, asma…

- Trastornos genitourinarios: dismenorreas, desórdenes menstruales... 

Así, según los expertos, las personas más proclives a padecer este tipo de trastornos son aquellas con dificultades en expresar los sentimientos o en afrontar situaciones complicadas o estresantes.

+ Ansiedad

La ansiedad es otra de las consecuencias de reprimir las emociones negativas. La ansiedad se define como un estado de hiperactivación fisiológica (una hiperactividad del sistema nervioso autónomo, concretamente la rama simpática), que conlleva también otro tipo de síntomas.

Hablamos de síntomas también cognitivos (por ejemplo, dificultades para concentrarse, problemas de memoria…), síntomas emocionales (tristeza, apatía) y síntomas conductuales (evitación de la situación). Así, no afrontar las emociones negativas puede hacer que acabemos sufriendo ansiedad, ya que no gestionar lo que nos ocurre, “obliga” a nuestro cuerpo a reaccionar como puede.

+ Síntomas depresivos

Los síntomas depresivos también pueden ser otra de las consecuencias de no afrontar o gestionar las emociones negativas. Debemos pensar que todo eso que reprimimos, que escondemos, acaba saliendo de alguna u otra forma.

Además, con el tiempo, todo eso que hemos callado tiene más peso y por ende, consecuencias más negativas. Lo que nos genera dolor o malestar no se resuelve por sí solo (el tiempo ayuda, sí, pero debemos hacer algo con ese tiempo); y lo mismo ocurre con las emociones.

Todas las emociones tienen su función 

Las emociones son como una brújula que nos indica dónde está el norte. ¿Y qué es el norte? El sentido de las cosas, aquello que le otorga un significado a nuestras vivencias. Todo lo que sentimos tiene una razón de ser, tanto lo bueno como lo negativo. Así, cada emoción tiene su función, su razón de ser.

Escuchar estas emociones, darles su espacio y encontrar su sentido, nos ayudará a entender qué nos ocurre y, sobre todo, qué necesitamos. Hay días en los que la tristeza nos arrastra, y parece que no le encontramos sentido a nada (ni siquiera a esa emoción). 

La importancia de escucharse

Pero, ¿y si probamos a escucharnos? ¿A intentar arrojar luz a lo que nos está pasando? Pregúntate: ¿qué estoy sintiendo físicamente? ¿Cuáles son mis pensamientos? ¿Qué me ha pasado últimamente? ¿Por qué estoy así? ¿Qué necesito?

Estas preguntas son un pequeño camino para llegar a entender qué nos ocurre y, sobre todo, qué nos puede ir mejor en estos momentos. ¿Un paseo? ¿Una película o una canción triste? ¿Llorar? ¿Descansar? ¿Salir a hacer deporte?

Las opciones son múltiples; lo que importa es darle espacio a la emoción, conectar con ella y, sobre todo, no temerla, no esconderla. Darle el lugar que se merece en nuestro día y en nuestra mente, en nuestro cuerpo. Porque, como hemos visto, los peligros de esconder las emociones son más grandes que los beneficios de hacerlo.

Aunque al principio nos cueste, afrontar las emociones es el primer paso hacia nosotros mismos y, sobre todo, hacia nuestro propio crecimiento personal. Y si tenemos dificultades para hacerlo, lo mejor que podemos hacer es pedir ayuda profesional. ¡Vale la pena sentirnos mejor!

 

Referencias bibliográficas:

  • Fernández-Abascal, E. G., García, B., Jiménez, M. P., Martín, M. D., & Domínguez, F. J. (2010). Psicología de la emoción. Editorial Universitaria Ramón Areces.
  • Redorta, J., Alzina, R. B., & Galdós, M. O. (2006). Emoción y conflicto: aprenda a manejar las emociones.

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