Trastorno obsesivo compulsivo: cuando los pensamientos te controlan

Laura Sánchez
Laura Sánchez Periodista

Trastorno obsesivo compulsivo

Si por algo se caracterizan los trastornos emocionales es porque no podemos controlar nuestros pensamientos. Con la ansiedad se generan una serie de pensamientos automáticos negativos, preocupantes y que pueden llegar a ser obsesivos cuando se trata de una de las peores caras de la ansiedad: el trastorno obsesivo compulsivo.

Cómo se desarrolla el trastorno obsesivo compulsivo

Cuando hablamos del trastorno obsesivo compulsivo hablamos de uno de los peores tipos de ansiedad, porque aunque tiene tratamiento, se trata de un trastorno emocional en el que son frecuentes las recaídas. Enseguida se nos viene a la cabeza la imagen de una persona lavándose continuamente las manos, intentando andar sin pisar la raya de las baldosas, o pisándola o comprobando una y otra vez si ha cerrado la puerta con llave. Pero hay más.

Un trastorno obsesivo compulsivo se genera por un desajuste emocional, como ocurre con cualquier trastorno emocional. Sin embargo, en este caso, los pensamientos de preocupación de convierten en auténticas obsesiones. Pensamientos irracionales, absurdos las más de la veces, que logran llenarnos de angustia y ansiedad. Para intentar calmar o aliviar la angustia de esos pensamientos obsesivos reaccionamos con acciones compulsivas que no hacen sino aumentar el trastorno.

Esa es la explicación de todos esos movimientos repetitivos, rituales que hay que seguir obligatoriamente porque si no la desgracia caerá sobre nosotros. Los pensamientos obsesivos más frecuentes son los de hacer daño a alguien, perder a un ser querido, contaminarse o infectarse, olvidarse de algo importante o practicar sexo de una forma poco común.

Trastornos obsesivos compulsivos más frecuentes

Cuando estamos sufriendo este tipo de trastorno de ansiedad, queremos controlar nuestros pensamientos obsesivos y para eso creamos una serie de condiciones, supersticiones, rituales o movimientos repetitivos. Sin embargo, esas compulsiones destinadas a controlar el pensamiento obsesivo acaban por controlarnos impidiéndonos realizar cualquier actividad con normalidad.

No hay más que imaginarse a una persona que necesita lavarse las manos continuamente para saber cómo puede llegar a afectar a su vida social. Otras compulsiones muy frecuentes es comprobar varias veces seguidas que se ha cerrado la puerta o la llave del gas. Hay quien tiene que hacer esas comprobaciones un número determinado de veces, siempre el mismo número. Y hay quien tiene que hacer esas y otras comprobaciones siguiendo un orden concreto.

Seguir un orden concreto es lo que define el ritual del trastorno obsesivo compulsivo. Realizar las mismas acciones antes de ir a la cama y, si no se hacen, volver a empezar todo el recorrido o empezar el día con una serie de movimientos básicos. También forman parte del trastorno obsesivo compulsivo los tics, como arrancarse el pelo o arañarse alguna parte del cuerpo.