El refuerzo intermitente: cuando te dan una de cal y otra de arena

Qué es el refuerzo intermitente, cómo nos afecta y cómo evitar caer en él

Laura Ruiz Mitjana

El refuerzo intermitente es un patrón de conducta que se define como la alternancia entre un refuerzo positivo y un refuerzo negativo o como la alternancia de un refuerzo positivo y la ausencia del mismo. Por ejemplo: recibir elogios de determinadas personas por acciones que hacemos, solo a veces (a veces sí y otras no). O recibir dosis de amor seguidas de dosis de indiferencia o reproches, independientemente de la propia conducta.

¿Alguna vez te ha pasado? ¿Que tienes la sensación de que no entiendes el comportamiento de alguien a quien estás empezando a conocer? ¿O de tu pareja? ¿Que te da “una de cal y otra de arena”? Si te ha pasado, es normal que tengas la sensación de que andas un poco perdida o confundida, y es que el refuerzo intermitente genera mucha confusión y, también, mucha adicción.

En este artículo, desgranamos el mecanismo del refuerzo intermitente y explicamos cómo nos afecta, sobre todo en nuestras relaciones de pareja o cuando conocemos a alguien. Además, arrojaremos un poco de luz a las siguientes cuestiones: ¿quién utiliza este mecanismo y por qué? ¿Cómo podemos evitar caer en él?

¿Qué son el refuerzo y el refuerzo intermitente?

El refuerzo intermitente es un concepto que fue desarrollado por el psicólogo y filósofo social B. F. Skinner, en el marco de las teorías del aprendizaje, sobre el control del comportamiento. Implica reforzar el comportamiento de una persona ofreciéndole refuerzo en ocasiones intermitentes. Es decir, a veces sí y a veces no.

Reforzar implica proporcionar un premio, un elogio, un regalo, etc., después de una determinada conducta. Es decir, proporcionar algo que aumente la probabilidad de que esa conducta vuelva a aparecer en el tiempo. Por ejemplo: premiar con su comida preferida a un niño que ha acabado todos sus deberes. Esto sería reforzar. Y un ejemplo de refuerzo intermitente sería: premiarlo cuando acaba todos sus deberes solo a veces.

+ Otros ejemplos del refuerzo intermitente

Imagínate que te interesa alguien. Te acercas a esa persona, te expones y acto seguido, te sientes insegura y te alejas de ella para que no crea que estás muy interesada en ella. ¿Qué ocurrirá? Que, probablemente, la otra persona perciba nuestra atención y, después, perciba ese distanciamiento sin causa aparente. Esto puede reforzar su interés en nosotras, porque nos buscará para obtener esa atención inicial que le hemos “arrebatado”.

Y puede ocurrir a la inversa: que alguien actúe así con nosotras. Desconcierta, ¿verdad? Pero es también un patrón muy adictivo, sobre todo cuando estamos en una época más vulnerable o cuando presentamos una baja autoestima.

Tipos de refuerzos

El refuerzo intermitente se puede ejercer a través de diferentes tipos de refuerzos, no solo con la atención. Así, los refuerzos pueden ser de diferentes tipos: sociales (por ejemplo, un elogio, pasar tiempo con esa persona...), afectivos (una caricia), materiales (un regalo), primarios (comida)...

Damos y recibimos refuerzos continuamente de las personas, en nuestro día a día, aunque no nos demos cuenta. No solo a nuestros hijos, sino también a nuestra pareja, a nuestros amigos… Y cuando conocemos a alguien.

¿Cómo nos influye el refuerzo intermitente?

El refuerzo intermitente, como indicábamos, genera mucha “adicción”, en el sentido de que, hace que nos “enganchemos” a ciertas personas que, en muchos casos, nos generan más malestar que otra cosa. ¿Por qué genera esta “adicción”?

Porque cuando nos proporcionan amor y cariño (u otros refuerzos), a veces sí y a veces no, estamos, inconscientemente, esperando esa dosis de refuerzo, que no sabemos si llegará. Pero la esperamos, porque en otras ocasiones nos la han proporcionado. Es un patrón de refuerzo que nos mantiene enganchadas a la espera, el famoso “una de cal y otra de arena”.

+ Entre el alejamiento y el acercamiento

El refuerzo intermitente se basa, muchas veces, en un patrón de alejamiento y acercamiento, sobre todo, cuando conocemos a alguien y en el terreno de la seducción y el amor (lógicamente, es un patrón disfuncional, pero que se da). 

+ Relaciones basadas en este tipo de refuerzo

Detrás de las relaciones basadas en este tipo de refuerzo, encontramos relaciones donde la gente parece enganchada a una especie de interminable melodrama. Parejas que se pelean, que lo dejan, que vuelven… Uno busca al otro, el otro se aleja, se acerca, ambos lloran, se reconcilian…  

En definitiva, relaciones tóxicas basadas en la carencia afectiva. Por eso es importante aprender a detectar este patrón, para no caer en él. Cuando alguien tiene claro lo que quiere, y está en equilibrio consigo mismo, no necesita acudir a este patrón: es claro y coherente en sus acciones, sentimientos y emociones hacia nosotras.

¿Quién utiliza el refuerzo intermitente?

Está claro que todos, en algún momento de nuestra vida, podemos acudir al refuerzo intermitente (a veces de forma inconsciente). Sin embargo, hay personas que lo utilizan en mayor medida.

Hablamos de personas que no se consideran suficientemente atractivas o interesantes por sí mismas y que necesitan acudir a este mecanismo para que alguien permanezca a su lado o se “enganche” a sus dinámicas tóxicas. Son personas que descubren esta estrategia, observan que tiene poder y acaban reproduciéndola a diestro y siniestro.

Por otro lado, tal y como afirma la coach emocional Cristina Lago, también las personas con muy poco contacto con su mundo interior acuden al refuerzo intermitente cuando se relacionan o cuando intentan “seducir” a alguien. ¿Por qué? Porque dependen excesivamente de los estímulos exteriores.

Finalmente, las personas narcisistas también acuden a este mecanismo. ¿Por qué? Principalmente, por una falta de amor propio y conexión consigo mismos, que hace que necesiten que alguien se enganche a ellos para ensalzar un ego que, en realidad, es muy pobre. 

¿Cómo evitar engancharnos al refuerzo intermitente?

Lo más importante será aprender a detectarlo. Si notas que alguien aparece de tu vida, desaparece, muestra atención o interés ahora sí, ahora no, nos elogia y después muestra indiferencia…  

Y todo ello, sin una coherencia lógica que tenga conexión con nuestras acciones, entonces estás ante un patrón de refuerzo intermitente. Está en tus manos decidir si ir en esa dirección o no, aunque te tiente.  

Según Cristina Lago, “las personas que no caen en este tipo de juegos, no son las personas más fuertes, o más valientes, o con los valores e ideales más elevados. Son las que, aun siendo conscientes de los placeres de las recompensas, ya no quieren asumir el coste de los castigos”.

La importancia del equilibrio y la autoestima 

Por ello, pregúntate si te compensa el sufrimiento posterior ante la ausencia o la indiferencia de esa persona. Y, sobre todo, busca el refuerzo (un refuerzo constante o si más no, coherente y positivo, no oscilante) en otras facetas de tu vida. Cultiva tu amor propio y tu autoestima.

Que no te mareen; si tú tienes las cosas claras en lo que a relaciones se refiere, busca a alguien que esté en sintonía con ello, y no a alguien que necesite recurrir a estas técnicas que tanta adicción generan pero que tanto daño hacen, al fin y al cabo. 

Y tú, ¿has sido víctima alguna vez del refuerzo intermitente? ¿Te ha costado detectarlo? ¿Has sido tú quien lo ha ejercido? Lo cierto es que, a la hora de afrontar estas dinámicas tan tóxicas, lo más importante es ser conscientes de que todos podemos caer en ellas (tanto manifestarlas como recibirlas), porque somos humanos, no máquinas.

Todas y todos tenemos carencias y a veces estas se reproducen de forma inconsciente en nuestra manera de vincularnos. Lo importante es aprender a detectar estos patrones, identificar qué necesitamos realmente en nuestra vida y empezar a conectar con nuevas maneras de vincularnos con el otro, más saludables y equilibradas.

 

Referencias bibliográficas:

  • De Gasperin, R. (2005). Comunicación y relaciones humanas. Xalapa, México: Universidad Veracruzana, págs. 95-135.
  • Díaz Loving, R. y Sánchez, R. (2003). Patrones y estilos de comunicación de la pareja. Anales de psicología, 19 (2), 257-277.
  • Hogg, M. (2010). Psicología social. Vaughan Graham M. Panamericana. Editorial: Panamericana.

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