En qué consiste la Terapia Sistémica: más soluciones, menos análisis

Explicación detallada y sencilla de la Terapia Sistémica

Laura Sánchez, Filóloga
En este artículo
  1. Qué es la Terapia Sistémica
  2. El sistema, la clave de la Terapia Sistémica
  3. La Terapia Familiar Sistémica
  4. La comunicación en la Terapia Sistémica

Las relaciones sociales son tan importantes en la vida de cada persona que el entorno influye e impacta en nuestro bienestar emocional. Familias que presionan, parejas tóxicas, amistades peligrosas o un entorno laboral hostil son la base en muchas ocasiones de un trastorno de ansiedad o incluso de depresión. Y lo cierto es que el entorno no se mueve, así que lo único que podemos hacer es enfrentar el problema desde una nueva perspectiva y con herramientas diferentes. Y aquí hace acto de presencia la Terapia Sistémica, una terapia que se centra más en buscar las soluciones y no tanto en las causas. En Diario Femenino te contamos en qué consiste

Qué es la Terapia Sistémica

¿Cuántos de los trastornos emocionales se enmarcan en nuestras relaciones? Lo cierto es que sufrir depresión o ansiedad no es algo tan individual como pensamos, ya que somos seres sociales y el entorno influye e impacta en nuestro bienestar emocional. Conflictos familiares, hijos con comportamientos disfuncionales, crisis de pareja, amistades tóxicas que se aprovechan de ti o compañeros de trabajo que colaboran mucho a que sufras el síndrome de burnout son algunas de las causas más frecuentes de los trastornos emocionales.

Como ves, no estamos solos en asuntos de salud mental y lo que resulta novedoso en la Terapia Sistémica es que entiende el trastorno a tratar desde una perspectiva más amplia, relacional. ¿Qué papel juega tu familia en estos momentos de la vida? ¿Cómo influye tu relación de pareja en tu estado emocional? ¿Tus compañeros de trabajo te quitan el sueño? ¿No puedes reconducir el comportamiento de tus hijos? Pues ahí está la Terapia Sistémica para transformar los estilos relacionales y los patrones de comunicación.

El objetivo de la Terapia Sistémica es el cambio en los procesos de comunicación e interacción social y, para eso, hay que entender el contexto del sistema del que formamos parte. Por eso, esta terapia no se centra en el individuo, sino en todo su entorno. Y por eso se aplica a familias, a parejas, a equipos de trabajo o a grupos escolares.

El sistema, la clave de la Terapia Sistémica

Pero vayamos por partes. El protagonista absoluto de la Terapia Sistémica es el sistema, indispensable para entender de qué trata esta intervención psicológica. Porque hay diferentes enfoques en esta terapia, como la Terapia Sistémica Familiar o la Terapia Sistémica Breve, por ejemplo, pero todas ellas se centran el sistema. ¿Y qué es esto del sistema?

Entender el sistema es hacerse cargo de que el todo, en este caso, es más importante que las partes. En una especie de efecto mariposa, un cambio en un elemento del sistema provocará cambios en el resto de elementos. Y podemos entender un sistema familiar, un sistema de trabajo, un sistema de pareja o un sistema de relaciones en general.

El sistema, en definitiva, es un conjunto de elementos que se relacionan entre sí. Y eso implica una interacción entre los elementos o las partes. La Terapia Sistémica se basa en la Teoría General de los Sistemas, propuesta por Ludwig Von Bertalanffy en 1968 y no tardó en convertirse en la terapia más utilizada para el ámbito de la familia.

La Terapia Familiar Sistémica

La Terapia Familiar Sistémica es la más conocida porque de todos los sistemas en los que nos relacionamos a lo largo de nuestra vida, el principal es precisamente la familia. Nuestra conducta se basa en lo que nos rodea, en el rol familiar que desempeñamos, por ejemplo, y entender cómo funcionamos dentro del sistema puede ayudarnos a identificar y transformar esas conductas disfuncionales que nos han llevado a sufrir un trastorno emocional.

Cada persona dentro del sistema familiar conoce lo que implica su posición, las funciones y el papel que desempeña. Si se desarrollan conductas tóxicas o disfuncionales, habrá que cambiar las reglas según las cuales se ha relacionado el sistema hasta ese momento. ¿Y cómo se puede transformar una relación cualquiera que sea? Centramos nuestra atención en la comunicación.

La comunicación en la Terapia Sistémica

La comunicación, tan sencilla y tan complicada al mismo tiempo, es un eje central de la Terapia Sistémica y nos sorprende con ideas tan interesantes como que cualquier conducta es una forma de comunicarse. No solo hablan las palabras, ¿verdad? Estamos comunicándonos todo el tiempo y hasta los propios síntomas del trastorno del que se trate son una forma de comunicación.

Pero claro, en la Terapia Sistémica lo que importa es la relación con las otras personas del entorno y los conflictos surgen cuando no entendemos la forma de comunicación del otro, cuando nos comunicamos de forma diferente. Y, por eso, nuestra forma de comunicarnos también forma parte de nuestra conducta. Aquí lo que se busca es el equilibrio dentro del sistema, que todos los elementos del sistema se entiendan y se comprendan los unos a los otros para poder llegar así a resolver los conflictos.

La resolución de problemas en la Terapia Sistémica

Porque como ya hemos dicho antes, aquí lo que importa es encontrar las soluciones al problema. Ya se trate de un hijo díscolo con problemas de comportamiento, de un adolescente con trastornos alimentarios, de un adulto con adicciones, de enfermedades como la esquizofrenia, de depresión o de trastorno de ansiedad.

Las estructuras de cada sistema se pueden modificar. De hecho, se deben modificar cuando se observa que esas estructuras están perjudicando a uno de los elementos del sistema, que en el caso de otras terapias sería el único sobre el que se interviniera psicológicamente. Una vez se conoce la forma de relacionarse que tiene el sistema, se hace evidente que la conducta que hasta ahora se ha seguido no es válida.

Se observa claramente en el ámbito familiar que las soluciones que ya se han intentado no solo no solucionan el problema sino que muy a menudo se convierten en parte del problema. Y no se trata de cortar por lo sano, pero sí de romper los esquemas establecidos por todos los miembros del sistema, algo que solo se conseguirá si todos participan de la terapia.

Encontrar nuevas formas de comunicarse es encontrar nuevas formas de relacionarse y eso es lo que propone la Terapia Sistémica. También propone poner menos atención en el pasado, ya que el pasado relacional es evidentemente fallido para centrar el foco en el presente y en el futuro. ¿Cómo nos estamos relacionando ahora mismo? Es evidente que no funciona, ya que si no, no estaríamos buscando una terapia de ayuda.

Es hora de cambiar la forma de relacionarnos o lo que en Terapia Sistémica se llama pauta relacional. Pero no lo vamos a hacer nosotros solos. El profesional será el encargado de encontrar los fallos relacionales en el sistema, sea familiar, de pareja, de trabajo o escolar y buscar alternativas de comunicación, de conducta que sean saludables para todo el entorno.

Lo que diferencia a la Terapia Sistémica de otro tipo de terapias psicológicas es que es, o al menos intenta ser, más práctica y menos analítica. ¿De qué nos sirve analizar el problema una y mil veces si lo que necesitamos es una solución cuanto antes? De esta urgencia nació la Terapia Sistémica Breve, con excelentes resultados siempre y cuando todo el sistema, es decir, todo el entorno del paciente se implique a fondo en la terapia.

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