La terapia de choque, un método para superar crisis y fobias

Descubre cómo se aplica la terapia de choque en psiquiatría y en psicología

Laura Sánchez
Laura Sánchez Periodista

Algunos problemas de salud mental se resisten a las terapias habituales y hay que dar un paso más. En Diario Femenino hablamos de la terapia de choque y sus variantes tanto en psiquiatría como en psicología, una terapia que ha sido muy cuestionada y que provoca divisiones entre los propios profesionales. Tal vez porque a lo largo de la historia se han cometido muchos errores en la aplicación de esta terapia de choque y todavía hoy levanta ciertas sospechas. Pero, ¿en qué consiste la terapia de choque? ¿Es realmente un método efectivo para superar crisis y fobias?

Qué es la terapia de choque

La terapia de choque produce un impacto fuerte en el paciente para producir el cambio que necesita. Se trata de inducir, de forma controlada y minimizando los riesgos, un estado de choque fisiológico. Se utiliza generalmente en los casos de depresión grave cuando ya han fallado el resto de las terapias y, precisamente, que esta terapia de choque no se tome en cuenta como un tratamiento inicial, ya nos alerta de sus posibles riesgos.

No solo se utiliza para los casos más graves de depresión, también resulta muy eficaz en el tratamiento de fobias, en los casos de trastorno bipolar o en personas con esquizofrenia. En cualquier caso, la terapia de choque induce un estado mental artificial con el fin de que el paciente mejore su trastorno. La psicología y la psiquiatría utilizan diferentes métodos en este tipo de terapias y en este punto tenemos que hablar de la temida terapia electroconvulsiva, la única terapia de choque llevada a cabo de forma más habitual en el siglo XXI.

Terapia de choque en psiquiatría

La terapia electroconvulsiva es la que utiliza la psiquiatría para tratar los trastornos mentales más graves. Además de controversia, esta terapia llega acompañada de leyendas urbanas a cada cual más terrible. La historia de la psiquiatría no ayuda en nada a considerar sin temor esta terapia por los errores cometidos en sus inicios, en los que algunos pacientes quedaban en un estado vegetativo y con pérdidas cognitivas irreparables.

Pero, en la actualidad, la terapia electroconvulsiva se practica con menos riesgos y más seguridad. Se realiza en clínicas especializadas y consiste en la aplicación de pequeñas descargas eléctricas que inducen una convulsión. Esta práctica se hace con anestesia y el paciente está monitorizado en todo momento. El objetivo de esta terapia es producir cambios en la neuroquímica cerebral de forma que los síntomas de algunas enfermedades mentales se revierten.

Si estás dudando sobre la seguridad de este tipo de tratamiento, te contamos los pasos que se dan a la hora de aplicar esta terapia de choque.

+ Lo primero que se necesita para realizar esta terapia es una evaluación completa del estado de salud físico. Se revisa el historial clínico, se hace una analítica y también un electrocardiograma.

+ La terapia electroconvulsiva requiere anestesia general, con todas las medidas que ello implica. Y por vía intravenosa se administra un anestésico y un relajante muscular para reducir el riesgo de lesiones en las convulsiones.

+ El equipo médico coloca unas almohadillas con electrodos en la cabeza. En base al problema que se vaya a tratar, pueden colocarte las almohadillas solo en un lado o en los dos, dependiendo de las zonas del cerebro a las que se enfoque el tratamiento.

+ Los monitores se ocupan de registrar la actividad cerebral, la del corazón y la de los pulmones. Y también se utiliza un protector bucal para evitar lesiones.

+ Con todo preparado, es el momento de inducir las convulsiones. La corriente eléctrica llega al cerebro a través de los electrodos y se produce una pequeña convulsión de unos 60 segundos.

+ En este proceso el paciente no nota nada porque está anestesiado, pero la actividad del cerebro aumenta.

+ El procedimiento dura unos 10 minutos, aunque hay que añadir el tiempo de preparación y de recuperación.

+ Lo habitual es hacer el tratamiento dos o tres veces por semana, pero todo depende del problema a tratar y de su gravedad. Y en la mayoría de los casos, se pueden retomar las actividades cotidianas a las pocas horas de recibir la terapia.

+ ¿Cuándo se empieza a notar la mejoría? Generalmente, se observan resultados positivos después de unas seis sesiones, lo que no quiere decir que haya llegado el fin del tratamiento.

+ La terapia electroconvulsiva se apoya también en antidepresivos y en psicoterapia.

+ Como te puedes imaginar, la terapia electroconvulsiva tiene algunos riesgos y pueden darse algunos efectos secundarios como confusión, náuseas o dolor de cabeza. En la tesis de Marta Cano Català (Correlatos neurobiológicos de la Terapia Electroconvulsiva en pacientes con Trastorno Depresivo Mayor) para la Universidad de Barcelona, se mencionan también las alteraciones en la orientación y la amnesia o pérdida de memoria. Por lo general, todos estos efectos desaparecen unas horas después del tratamiento.

Terapia de choque en psicología

Frente a los posibles riesgos de esta terapia electroconvulsiva, la psicología propone otra terapia de choque sin efectos secundarios a nivel físico pero casi igual de impactante. Se trata de la terapia de exposición, de la que ya hemos hablado en otras ocasiones y que en su versión más suave se utiliza para superar trastornos de ansiedad y fobias.

Si en Diario Femenino generalmente hablamos de la terapia de exposición progresiva, en ocasiones, esa exposición no se hace de forma gradual y se enfrenta al paciente cara a cara con sus miedos. El objetivo es el mismo, como terapia de choque que es, que es causar un gran impacto en la mente del paciente.

De esta manera, se provoca un estímulo para exponer al paciente a su malestar, a sus miedos, a sus sensaciones más desagradables y dolorosas. Como decimos, esta terapia de exposición puede hacerse de forma gradual o puede hacerse en una sola sesión y tiene diferentes técnicas.

+ La exposición en vivo consiste en enfrentar al paciente con el objeto, animal, situación o actividad que teme o que le bloquea.

+ La exposición en la imaginación es la técnica más suave, pero se trata de hacer lo mismo que en la exposición en vivo, solo que la sensación de peligro en este caso se reduce por tratarse de un enfrentamiento que ocurre en la imaginación.

+ La exposición virtual utiliza las nuevas tecnologías para crear una realidad virtual en la que se expone al paciente al estímulo que teme.

+ La exposición interoceptiva induce o provoca en el paciente las sensaciones físicas que, generalmente, intenta evitar en su vida diaria.

La eficacia de las terapias de choque para tratar ansiedad, fobias, depresión...

Evidentemente, no tienen los mismos riesgos estas dos terapias de choque y tampoco se utilizan para los mismos trastornos. Si nos preguntamos por la eficacia de cada una y por sus resultados, la terapia de exposición presenta buenos resultados en el caso de las fobias, de la ansiedad y del trastorno de pánico, pero no tanto para la depresión y otros trastornos mentales.

Hay un punto en el que la gravedad de los trastornos mentales requiere de técnicas más invasivas y, sin abandonar la psicoterapia, hay que contar en el proceso con la psiquiatría. Y aquí entra en juego la terapia electroconvulsiva, que sí se muestra eficaz a la hora de transformar la química cerebral debido a las convulsiones y, por lo tanto, puede ayudar a mejorar la calidad de vida de las personas con depresión severa.

También tenemos que valorar los riesgos en cada una de las terapias. Así que déjanos insistir en que si bien es cierto que la terapia de choque cuenta con medios muy avanzados en cuanto a seguridad, también es evidente que el impacto de las sesiones en la terapia electroconvulsiva no se puede llegar a predecir al cien por cien.

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