Pediofobia: ¿es posible tener miedo a los muñecos?

Cuando los muñecos te aterran y te causan ansiedad

Laura Sánchez
Laura Sánchez Periodista

La variedad de miedos que nos invaden no tiene fin y eso es algo que hemos visto muchas veces en nuestro diccionario de fobias. Miedos frecuentes como el miedo a volar, miedos casi generalizados como la aracnofobia y también miedos de lo más curiosos como la fobia al queso, por ejemplo. En esta ocasión, abordamos el problema de la pediofobia o el miedo a los muñecos, un trastorno más complicado de lo que pueda parecer en un principio.

Qué es la pediofobia

La pediofobia es el miedo a los muñecos que se puede extender también a los robots o a los maniquíes, por ejemplo. Es un trastorno menos común que la coulrofobia o el miedo a los payasos pero que comparte algunas semejanzas, ya que en ambos casos el estímulo temido es algo que en principio tiene la función de divertir y no de aterrar.

Es cierto que algunos muñecos pueden provocar cierto rechazo. Mientras que a algunas personas les encanta coleccionar muñecas de porcelana antiguas, por ejemplo, otras personas contemplan con rechazo y cierto pavor esas caras congeladas en el tiempo con una expresión de lo más macabra.

Y qué decir de la influencia del cine y la televisión para convertir ese rechazo o temor a ciertos muñecos diabólicos. Generalmente, la base de la pediofobia es que ese muñeco cobre vida y pueda hacerte daño, algo imposible, pero no por ello menos aterrador en la mente de una persona que sufre una fobia. Los muñecos no cobran vida, pero el miedo no destaca precisamente por ser un mecanismo que utilice la razón.

Conviene no perder de vista el riesgo que supone la pediofobia aunque pueda parecer en algunos momentos un asunto sobre el que bromear. Ningún trastorno fóbico por extraño que parezca puede ser menospreciado en el riesgo que supone para la salud mental de la persona que lo sufre. El miedo a los muñecos no es ninguna broma, es un trastorno tan peligroso y tan incapacitante como pueden serlo otras fobias que nos tomamos más en serio como la agorafobia o la claustrofobia.

Síntomas de la pediofobia o miedo a los muñecos

Las personas con pediofobia pueden experimentar todos los síntomas de ansiedad ante el estímulo temido. No tiene por qué encontrarse con un muñeco entre sus manos, una situación que intentará evitar por todos los medios y que puede conseguir fácilmente. Pero tal vez no sea tan sencillo evitar encontrarse un muñeco tirado por el salón cuando va de visita a una casa en la que hay niños y mucho menos podrá evitar ver muñecos por televisión o cuando está pasando un rato de ocio en las redes sociales.

No es tan fácil evitar a los muñecos en el día a día, pero esa angustia pasa desapercibida para las personas que no sufren pediofobia. Es la presencia, la visión o la sola idea de un muñeco lo que desencadena una serie de síntomas muy conocidos para las personas que sufren ansiedad. Sudoración, boca seca, mareos, palpitaciones, hormigueo en extremidades, dificultad para respirar, náuseas y la situación se puede complicar hasta llegar a un ataque de pánico.

De estos síntomas físicos de la pediofobia se suele pasar a otros de carácter psíquico, como la angustia, el terror, la desorientación, los pensamientos irracionales y catastrofistas y la pérdida de concentración. Si el trastorno se alarga en el tiempo, las consecuencias pueden llegar a dañar seriamente la salud mental, con grandes problemas de autoestima y con un riesgo alto de depresión.

Porque cuando se ya se han sufrido algunos episodios de ansiedad debido a la pediofobia, lo que se intenta es evitar una nueva crisis. La conducta de evitación es ese protagonista habitual en los trastornos fóbicos que se ocupa de convertir en terrorífico cada movimiento que hagas por si acaso en la próxima ocasión aparece la posibilidad de encontrarte con el estímulo temido. Y así poco a poco va paralizándote hasta que en los casos más graves se produce un total aislamiento social.

Causas del miedo a los muñecos

Llegados a este punto cabe preguntarse cuál es el origen de este miedo a los muñecos. Y si en algunos casos de fobias podemos encontrar un factor genético o incluso un rastro de miedo adaptativo, aquí podemos desecharlo y quedarnos con los tres factores más habituales.

+ El condicionamiento por experiencia traumática es el origen más frecuente de la pediofobia. Si en tu infancia sufriste un gran impacto emocional que relacionas con un muñeco puede ser motivo suficiente para desarrollar la fobia. Y no hablamos de que fueras atacado por un muñeco, por supuesto pero, ¿y si te dieron una mala noticia cuando estabas jugando con tus muñecos? La asociación quedará ahí en forma de fobia hasta que recibas un tratamiento adecuado.

+ El factor ambiental también es importante en el caso de la pediofobia. Muchas veces lo que en principio es un simple rechazo que no puede considerarse trastorno se convierte en fobia alimentado por influencias externas. En este caso, el cine de terror con sus muñecos diabólicos convierte en realidad tu mayor terror, que el muñeco cobre vida y que además lo haga para hacerte daño.

+ No podemos obviar cuando se trata de fobias el trastorno de ansiedad previo. Tal vez no te habías dado cuenta nunca de tu miedo a los muñecos, pero si llevas sufriendo durante un tiempo un trastorno de ansiedad puede aparecer. Y lo más preocupante es que las fobias pueden ir apareciendo sin tener ninguna relación unas con otras si no buscas ayuda a tiempo. Hablamos de ayuda para superar la ansiedad y protegerte frente a futuros trastornos fóbicos.

Cuál es el mejor tratamiento para la pediofobia

Como puedes ver, la pediofobia es más incapacitante de lo que en principio pudiera parecer. El miedo a los muñecos no se suele poner en la lista de prioridades de los problemas a resolver, pero recuerda que una fobia es un trastorno, pero también puede ser síntoma de un problema mayor de ansiedad.

Se puede intentar vencer los miedos por uno mismo, pero no es algo aconsejable en el caso de las fobias, ya que estamos ante un verdadero problema que puede limitar tu vida hasta el extremo. Por eso siempre recomendamos acudir a un psicólogo incluso en el caso de esas fobias que en principio no alteran tu día a día o no impactan demasiado en tu vida.

La terapia más utilizada en el tratamiento de las fobias es la Terapia Cognitivo Conductual, la misma que se utiliza generalmente para los casos de ansiedad. En esta terapia se aprende a modificar el pensamiento irracional que te lleva al miedo y posteriormente a transformar la conducta de evitación que provocan todas las fobias. ¿Llegarás a no tener que evitar a los muñecos? Por supuesto.

En los tratamientos para superar las fobias también se suele utilizar la Terapia de Exposición. Se trata de una exposición al estímulo temido gradual y progresiva y, desde luego, bajo la supervisión del profesional. No vas a ir el primer día a un museo de muñecos, pero sí puede convertirse en un objetivo a largo plazo.

Más herramientas en el tratamiento de las fobias son los recursos de relajación. Ejercicios de respiración, técnicas de relajación y prácticas como el Mindfulness son siempre recomendables porque suponen una inversión a largo plazo que pueden protegerte frente a recaídas o frente a la aparición de nuevas fobias además de reducir la ansiedad presente en todos los trastornos fóbicos.

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